El mes de abril en El Umbral de Primavera viene cargado de propuestas de creadoras que buscan una identidad propia, que exploran formas y estilos, e invitan al público a formar parte de este proceso.

Seis espectáculos resultantes del taller de dirección impartido en esta sala de Lavapiés por Carlos Tuñón conforman este ciclo que ha recibido el nombre de [Abril imaginario], donde la creación colectiva, y las ganas de aprender y aportar, contagiarán a todo aquel que quiera asomarse.

 

 

[Abril imaginario]

 

Por José Antonio Alba

Foto de portada: Abyssalis, de Patricia Peñalver

 

El pasado día 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, tuvo lugar en El Umbral de Primavera un acontecimiento por parte de la dirección de la sala y los miembros de la compañía [los números imaginarios]: Se firmó una carta de compromiso por ambas partes para estrenar Esperando a Godot el día 27 de marzo del 2060. “Es una especie de acto de fe”, comentaba Carlos Tuñón ante este acontecimiento que refleja una declaración de intenciones llena de compromiso, pasión y lucha por la permanencia dentro de las Artes Escénicas. Un gesto sobre el paso del tiempo que Viviana López, alma de esta sala de Lavapiés, ve “como algo que construye y no se diluye”. Para la ocasión se plantó una plantita que irá creciendo en el ambigú de El Umbral de Primavera como testigo del compromiso y que, ya convertida en árbol, formará parte de la escenografía de esa puesta en escena; una forma de perpetuar el compromiso con las artes escénicas y estrechar, de una manera simbólica, los lazos entre sala y compañía.

Unos lazos que, de manera más palpable y presente, toman forma con la celebración del ciclo [Abril imaginario], donde podremos asistir a la puesta de largo de seis espectáculos que han ido gestándose a lo largo de los meses gracias a las alumnas del taller de dirección impartido por Carlos Tuñón. Un taller de formación que ya cumple seis años y que, desde hace dos, se completa con el estreno de las piezas creadas en la propia sala. “Preparamos la relación con el sector, sabiendo la dificultad que conlleva”, declaraba Tuñón sobre esta especie de acompañamiento para artistas con el que poder aconsejar y guiar a las creadoras y compañías que inician el camino.

Cómo ser Cleopatra, Canta. Y no llores, Interior: Día, Tragantona, La Covancha y Abyssalis son los seis títulos que podremos ver de jueves a domingo en El Umbral de Primavera y del que sus propias creadoras nos dieron unas pinceladas:

 

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Escena de Cómo ser Cleopatra de Isabel Guerrero.

 

El primero en presentarse será Cómo ser Cleopatra, un espectáculo creado por Isabel Guerrero. Una propuesta “punki y gamberra” que pretende abordar el conflicto entre el deber y el placer. “Para ello queremos convertirnos en Cleopatra” comentaba su creadora sobre esta pieza de creación colectiva a partir del Antonio y Cleopatra de Shakespeare con el que han elaborado una especie de manual de diez pasos que nos ofrecerán estilos y lenguajes teatrales diferentes en cada estación por la que transitan los espectadores y espectadoras y que resultan una forma de reflexionar sobre qué es ser Cleopatra, y por qué queremos serlo, y cuál es nuestro ‘Egipto’ particular que no queremos perder.

 

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Un momento de Canta y no llores de Elena Santos

 

La siguiente propuesta lleva por título Canta y no llores, un espectáculo que parte de otro montaje ya existente de la compañía Colectivo Trance, y que bebe de Las Criadas de Genet, solo que aquí estas criadas son las empleadas de una discoteca a la espera de la llega del dueño. “El espectador tendrá una experiencia diferente. Sucede todo en dos espacios diferentes”, nos explica su creadora Elena Santos sobre esta pieza que “va de la luz a la oscuridad, de la música al silencio, de la autoviolencia a la autoliberación” y que califica como una fiesta trágica.

 

 

El Umbral de Primavera presenta [Abril imaginario] en Madrid
Una escena, o secuencia, de Interior: Día de Miguel Valentín.

 

Los sábados por la mañana nos proponen conocer Interior: Día, un espectáculo que, según su creador, Miguel Valentín, “pretende ser una experiencia teatral y cinematográfica que explore la necesidad de relacionar la cámara en escena con la propia escena”. Un intento por lograr que ambos lenguajes se fusionen en una misma propuesta y posean el mismo peso. “He desarrollado esta obra que es una película al mismo tiempo. Un plató donde se graba la imaginación de un guionista que va generando una trama cambiante de estilo y género. Asistimos a lo que sucede en la imaginación y en su propia vida”.

 

 

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Tragantona de Irati Morán.

 

En esta búsqueda de propuestas que jueguen con la participación de un público activo y participativo, encontramos títulos como Tragantona de Irati Morán, producción de la compañía de teatro físico La Chivata que nos invita a un rito a través de la comida que su creadora define como “volver a la comunidad que había en generaciones pasadas”. Una manera de exorcizar la duda, la incertidumbre y el futuro desesperanzador de una sociedad cada vez más instalada en la individualidad. “Este es un Frankenstein cultural que pone en el centro la comida. El público es clave porque, de alguna manera, nada ocurre de verdad si no es bajo la mirada de los otros”, dicen de esta pieza que denominan como “un lúdico lamento colectivo” que utiliza el humor y las tradiciones para afrontar las angustias vitales y ganar certezas “o al menos la ilusión de tenerlas”.

 

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Jesús Barranco e Irene Serrano, protagonistas de La Covancha de Mayte Barrera.

 

Siguiendo esta línea gastronómica, encontramos La Covancha de Mayte Barrera y sobre la que su creadora dice que su mayor ilusión es que “la gente que se acerque, se sienta en su casa”. Un espectáculo que nace a raíz de la pérdida de su abuela en plena pandemia, con lo que aquello conllevó en esos momentos, y más para una familia católica a la que se le impide cumplir con el rito de la despedida. Una pieza que pretende ser ese mismo rito, pero junto al público, y generar una sensación de comunidad en esta invitación a volver a vivir y compartir aquellos momentos que nos hicieron felices. “Es una pieza acogedora y tranquila, en la que se cocina y traslada a hoy en día las cosas que ya no se hacen, como el hecho de traer recetas antiguas como idea del legado de nuestros mayores”.

 

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Abyssalis de Patricia Peñalver.

 

Y para finalizar, llegará los domingos Abyssalis de Patricia Peñalver, una pieza experimental que resulta una metáfora de nuestro inconsciente, comparándolo con la zona abisal del mar, aquella capa donde la luz ya no penetra. Para ello, esta compañía de teatro inmersivo convertirá El Umbral de Primavera en una playa en el que cada cual, público incluido, se sumergirá hasta donde desee. “Es una obra para desmitificar los miedos comprobando que tenemos más cosas en común de las que nos separan. Porque si lo verbalizamos, veremos que entre todos tenemos mucha más luz de la que pensamos”, dice su creadora que, en un gesto casi lorquiano, dice que “promete traer el océano a una salita de Lavapiés”.

 

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