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Zirkòlika entrega sus Premios de Circo 2017

 

Por Neus Molina / @NeusMolina

 

El 20 de octubre, una día antes de los comicios, la fiesta del circo se encerró en la carpa a “reflexionar”. En una jornada donde de nuevo se reivindicó la poco presencia del circo en los circuitos y en los medios, también hubo tiempo para alguna risa irónica cuando, entre muchas otras ocurrencias, el Payaso Martines se puso a hacer flexiones y reflexiones en la pista.

 

La Noche del Circo, después de dos ediciones transcurridas en el Mercat de les Flors y el Auditori, volvía a su hábitat natural, la carpa del histórico Circo Raluy, ubicada frente al mar en el Port Vell. La lona, las paraditas, los carricoches y la gente en tropel y bien abrigada a la salida, volvían a darle ese aire festivo y comunitario que había “aparentemente” perdido en las dos últimas ediciones.

 

Antes de entrar en materia, las colas de gente ya empezaban a formarse a las 19.30, media hora antes del show. Niños, señoras con bufandas (algunas amarillas), cochecitos y gente del sector esperaban atentos para entrar en la carpa y conocer a los premiados.

 

Sin embargo la fiesta estaba en la calle: una manifestación improvisada reclamaba más circo -en Catalunya tenemos un máster en manis últimamente- y la compañía Todozancos, premio de votación popular por su espectáculo Bangaluru, amenizaba la cola saltando con sus enormes zancos por encima las cabezas del público.

 

Una vez dentro, las reivindicaciones y acciones seguían: un policía pegaba con su porra (esta vez de plástico) al público, y es que los Premios Zirkòlika, a parte de ser la fiesta de las artes circenses, quieren ser un espacio de reivindicación que le tome el pulso a la actualidad. No en balde los dos presentadores, los clowns Arquetti y Martines de Rhumia sacaron una urna para “buscar” la papeleta ganadora, o Pepa Plana, la única mujer ganadora de la gala, leyó un manifiesto donde reclamaba más visibilidad femenina en la cultura.

 

Otro de los reclamos fue pedir más circuito de exhibición. Los premios venían dotados con la contratación de espectáculos, por ejemplo en la Feria Trapezi de Reus, la Fira Mediterrània de Manresa, la Feria de circo de La Bisbal o con una residencia en La Central del Circo. Y el Gran Premio BBVA consistió en una gira por cuatro ciudades de Cataluña valorada en 20.000 euros para el mejor espectáculo de circo, que se llevó El Dékoncert de la compañía Solfasirc, formada por Biel Rosselló y Antoine Dagallier.

 

Despues de números de aéreos, malabares y acrobacias, los dos payasos presentadores siguieron adelante con una gala que no dio muchas sorpresas.

 

Paradís Pintat, de la payasa Pepa Plana, ganó el premio al mejor espectáculo de Circo de Sala o Carpa del 2017. Plana saludó a las autoridades inexistentes y recitó al poeta Salvador Espriu: “los hombres no pueden ser, si no son libres”.

 

Otros de los premiados fueron el Circ Pistolet, con un discurso escueto de agradecimiento, y Quim Girón, el artífice de Animal Religión y creador de Fang, un espectáculo que “juega con el barro”. Literalmente.

 

Andreu Casadellà, graduado al École Supérieure des Artes lleva Cirque (ESAC) de Bruselas este año y especializado en trapecio Washington, ganó el premio a mejor artista emergente, y la Escuela Saltimbanqui de Vilanova i la Geltrú obtuvo el premio a la mejor iniciativa para el a proyección del circo de 2017.

 

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