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Viviana López Doynel: “Me encantaría que se identifique El Umbral de Primavera con el Amor”

 

 

Por Sergio Díaz

 

 

Es argentina de nacimiento, pero su vida y su corazón andan divididos entre allá y acá. Es actriz, directora, gestora cultural… y sobre lo que fue la antigua Sala TIS decidió levantar un nuevo espacio cultural en el corazón de Lavapiés, El Umbral de Primavera, un lugar que destila amor en cada una de sus paredes y muy buen teatro

 

 

Háblanos un poco de ti ¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo del teatro? ¿Cómo surgió en ti esta pasión?

Creo que la llevo desde que nací, me recuerdo usando la ropa de mi madre, disfrazándome… Y a los once años montando una obra de teatro para la fiesta de cumpleaños de mi hermana. En mi adolescencia conozco a la que al día de hoy es mi amiga del alma, Valeria, hija de actriz y director que me abre al mundo teatral y decido que quiero ser actriz. Es así que llego, a mis diecisiete años, al que fue mi primer maestro; Lito Cruz, en plena dictadura argentina. No recuerdo lo que me impulsó a estudiar con mi siguiente maestro; Antonio Mónaco, pero sí lo que significó posteriormente. Sus clases se realizaban en un teatro en obras, entre cascotes y cemento, lo que fue luego El Picadero. Teatro que sufrió un atentado militar en 1981, al poco tiempo de inaugurarse. En ese momento yo ya estaba en Madrid. Aquel Madrid que para mí significó la recuperación de la libertad, viniendo de donde venía. Iniciar una carrera profesional era mi prioridad, con la suerte de encontrar de una forma casi casual, lo que sería el futuro de mis siguientes catorce años. Empiezo haciendo teatro de calle en la Cía. Lejanía, dirigida por Ricardo Iniesta, actual director de Atalaya Teatro. Literalmente me abre la puerta Mauricio Celedón, que es quien me introduce en la danza y el mimo, fundador de la Cía. Teatro del Silencio, erradicada en París hace ya más de 30 años. Mauricio es la llave para empezar a conocer mis referentes en el teatro, empezando por mi gran maestro y director Antonio Llopis, gran creador y uno de los fundadores de Teatro de la Danza junto con Luis Olmos y Leda Berriel, que me enamoran. Decidimos, Celedón y yo, ir a París a estudiar. Allí ingreso en la escuela de Etienne Decroux, referente imprescindible para entender la deriva de los años siguientes del teatro-físico y la danza. París fue revelador, por Rudolf Nuréyev, Pina Bausch, Marcel Marceau, Ariane Mnouchkine, Peter Brook… y especialmente el Odin Teatret ¡Una locura!

 

Mi vuelta a Madrid se produce tras la posibilidad de trabajar con Llopis en uno de sus montajes, Fausto, que se estrena en el teatro Olimpia de Madrid. A partir de ese momento la danza marca mi vida.

 

 

¿Qué es para ti el teatro? ¿Quiénes han sido tus referentes?

Voy a repetir algo que ya han dicho muchas de las personas que se dedican al teatro; es una forma de vida. Y quienes lo vivimos así no tenemos otra forma de expresarlo. Con respecto a mis referentes creo que nombré a los fundamentales en la anterior pregunta, pero no puedo dejar de mencionar a figuras como la maravillosa coreógrafa Maguy Marin, el iluminado Tadeusz Kantor y el Teatro Laboratorio de Grotowski. A día de hoy podemos reconocer la influencia de estos creadores en el teatro actual.

 

 

¿Cómo decides afrontar este proyecto de El Umbral?

El Umbral de Primavera surge como una necesidad de resistencia. En 1994 retorno a mi tierra. Buenos Aires está en un momento brillante de nuevos dramaturgos y directores muy jóvenes, que ahora reconocemos como las nuevas figuras del teatro argentino, Veronese, Daulte, Spregelburd, Federico León, etc. Tal enormidad de estímulos me llevan a explorar la dirección y realizo dos montajes donde la música y la danza son las protagonistas. Vuelvo a España en 2002 después de padecer el corralito en Argentina  y me encuentro una España muy cambiada, situación que me generó una crisis con mi profesión. Sentía que se contradecía una forma de vivir el teatro con la realidad teatral que me encontré. Si bien tuve la suerte de reincorporarme al Teatro de la Danza como docente y participar como coreógrafa para el Teatro Clásico, decido iniciar un camino de emprendimiento creando un espacio que combinó lo cultural con lo gastronómico. Ocho años después, la crisis que afloró en el país me obliga a cerrar el que fue Lavartebar (ubicado en el corazón de Lavapiés) cuyos cimientos, vínculos y experiencia me llevó a fantasear con lo que ahora es El Umbral. Aquel primer espacio permitió desarrollar cursos, encuentros, música, teatro y los famosos Cafés Teatrales de Verónica Doynel. Paralelamente tras una incursión teatral en La Gaviota que monta Rubén Ochandiano, retomo la esencia de mi profesión y la necesidad de volver a la experimentación.

 

Fundar El Umbral fue un riesgo, pero a su vez fue mi resistencia a que el mundo de la cultura se quebrara por lo económico, volviendo al barrio de Lavapiés, con la certeza de estar en el lugar y el momento adecuado. En aquel 2014 parte del panorama teatral sucedía en los espacios que ahora configuran la Red de Teatro de Lavapiés. No podemos olvidar que donde está ahora el CDN se encontraba el Teatro Olimpia, tristemente desaparecido, centro de vanguardia y de los Festivales más importantes de Madrid en su momento.

 

 

 

Viviana López Doynel

 

 

 

¿Quiénes formáis parte de El Umbral?

Estoy yo, como directora artística, e Israel Giraldo a mi lado. No obstante esto no sería posible sin la ayuda de personas que forman parte de la gran familia que somos: Verónica Doynel, figura básica de la vida de la sala y Marianela Pensado, el otro pulmón. Tres personas que han estado junto a mí desde que me inicié en este emprendimiento, no solo con El Umbral sino antes, desde que levantamos Lavartebar. También tenemos la suerte de contar con una maravillosa jefa técnica; Rocío Sanders, que es otra figura imprescindible, y en este momento, con la colaboración de una actriz amiga con la que tuve la suerte de trabajar hace muchos años y nos une un estrecho lazo; Pía Castro. Tampoco hubiese sido posible sin la ayuda de mi familia. Y no puedo dejar de mencionar a quienes confiaron en esta aventura en sus inicios, proporcionando al espacio una sólida identidad, empezando por Fernanda Orazi y Denise Despeyroux con su montaje La realidad, Jesús Cracio que realizó un montaje ex profeso para la inauguración de la sala, José Troncoso dirigido por Carlos Atanes, Víctor Velasco, Joaquín Hinojosa, José Pedro Carrión, Hernán Gené, Mey-Ling Bisogno, Tomás Pozzi, Flor Saraví, El Guisante Polizón llenando durante tres temporadas y Xavier Ariza impulsor de los primeros Laboratorios. Esto fue posible gracias también a la Cía. de La Luz (Pablo Seoane, Libe, Dani) que creyeron en el proyecto cuando todavía estábamos en proceso de gestación. Y tantas y tantas personas que generosamente apostaron.

 

 

Cuéntanos un poco en qué consiste tu labor como gestora cultural

Fundamentalmente estando en contacto con lo que acontece, no por casualidad nos llamamos El Umbral. Esto me obliga a estar muy abierta a propuestas muy arriesgadas, algunas de gente muy joven y otras de primeras dramaturgias o primeras direcciones. Luego con profesionales a los que invito a mi casa, porque para nosotros El Umbral es una casa, abiertos a la experimentación y confiando en su talento. Por último, junto con la Red de Teatros de Lavapiés, permanentemente estamos elaborando proyectos. Este será el tercer año que emprendemos  los Laboratorios Artísticos de Creación y el festejo del Día Mundial del Teatro. Para mí estar vinculada al resto de salas ha sido fundamental para entender el conjunto de dificultades y retos que supone gestionar este tipo de salas que nos ha llevado a crear un tejido teatral común.

 

 

 

¿Apostáis por la multiprogramación por necesidad o convencimiento?

La multiprogramación es un tema que permanentemente se pone en cuestión a raíz de esta crisis provocada… Yo vengo de un país muy golpeado y para mí esto no es nuevo. Latinoamérica vive en una crisis permanente, por lo que hay que entender cuales son los mecanismos de supervivencia.  Con esto no quiero decir que todo vale, pero sí es verdad que hay que lograr que estos espacios sean sostenibles, máxime cuando no se cuenta con las condiciones económicas o ayudas que te permita mayor libertad. Terreno complejo que obliga a la necesidad sin perder el convencimiento. No por esto se deja de tener conciencia y rigor sobre cada apuesta. Cuando el espacio se logra autofinanciar es lo que nos da margen para emprender laboratorios, ofrecer el espacio para otras actividades, ya que no solo contamos con programación escénica, también se da formación, música, danza, proyecciones, charlas, exposiciones, etc. Se nos abre un mundo infinito que está en permanente interactuación con el teatro… Con toda la responsabilidad que significa cada mes abrir la puerta como en cualquier otro emprendimiento, puesto que no deja de ser una empresa.

 

 

¿Hay espectáculos que os sorprenden al programarlos? Lo programáis porque es bueno, claro, pero ¿alguno ha superado las expectativas?

Eso pasa continuamente. Hay espectáculos que son reveladores, que se programan habiendo leído sólo el texto y conociendo la trayectoria de la compañía, o porque te invitan a un ensayo, o porque ves un vídeo potente… Y llegan a sala y crecen tanto que no quieres que se vayan. Pero también ocurre lo contrario. A veces determinadas propuestas generan mucha expectativa y luego se contradice. Pero esto te da una advertencia y es intentar no prejuzgar. Se crece con esto, y con el tiempo se agudiza la intuición que te lleva a confiar.

 

 

¿Qué ofrece El Umbral a las compañías? ¿Cómo es vuestra relación con los creadores?

Esto es una casa que se abre a la gente para que vivan una experiencia, y se les atiende, y se crea un vínculo, no solo en lo profesional, sino también en lo personal. Y lo bonito de esto es que muchas compañías quieren volver y tú quieres que vuelvan.

 

 

¿Qué vamos a poder ver de aquí al final de temporada en vuestra sala?

Contaremos con teatro físico y danza, teatro experimental y compañías que vendrán de Argentina y de Portugal. Acogeremos programación del festival Surge, y esto siempre revoluciona la sala por expectación, porque son trabajos que no se han visto previamente. Estamos dando espacio a gente muy vinculada a la sala, como es el caso de Encarnación, el montaje de Fernanda Orazi que reestrenamos en marzo, las muestras abiertas de teatro de los participantes del grupo de dirección escénica que realiza aquí Carlos Tuñón. Participaremos en el festival Con-Vivencias en junio, que apoyamos desde sus inicios, cuya programación está enfocada a temática social, de género, de diversidad… Y año a año va teniendo más visibilidad, gracias a la labor de sus organizadores. Iniciaremos en breve nuestro propio emprendimiento; los Laboratorios de la Red de Lavapiés, haremos una pre-muestra en la semana del teatro, conjuntamente con la Red y el CDN, que nos apoya en estas iniciativas, y cuyo resultado se presentará en Mayo.

 

 

¿Y para marzo vais a hacer algo con temática femenina-feminista?

Así es, con una delicada selección, lo hemos titulado ‘¡Hasta el coño! Mujeres creadoras’. Fernanda Orazi, La Señorita Blanco, La Méduse Teatro, Tra tra Teatro, Teatro Strappato, Virginia Rodero, Moderna Baturra, La Cantera Exploraciones Teatrales y Si Acaso Teatro.

 

 

¿Cómo ves el papel de la mujer en las artes escénicas?

¡HASTA EL COÑO! Jajaja, de tener que luchar por un espacio propio sin tener que justificarnos o pedir permiso,  y no solo en las artes escénicas. La herida está abierta y presente. Es impresionante la cantidad de mujeres que han surgido en estos años y que han sido capaces de hacer visible su creatividad a pesar del machismo imperante. La sensación es de una profunda negación a la verdadera dimensión humana. Le debemos mucho a muchas.

 

 

Sois un espacio muy comprometido con la dramaturgia contemporánea y la realidad social, ¿no?

Sin duda, un dato para entender no solo nuestra programación, sino todo lo que acontece dentro de las paredes de la sala.

 

 

También apostáis muy fuerte por la formación, ofreciendo cada mes cursos de formación muy interesantes…

A la formación se le ha dado un gran espacio desde los inicios y con continuidad. Empezando por Fernanda Orazi, Pablo Messiez, Marianela Pensado, Lucas Condró, Mayte Olmedilla, Hernán Gené y Gon Ramos, para actrices y actores. Elena Córdoba que realiza un taller un fin de semana al mes o La Señorita Blanco con un taller experimental. Carlos Tuñón es el segundo año que realiza su curso de dirección escénica. Hemos tenido a Will Keen, John Strasberg, Eugenio Barba, Julia Varley, Matthieu Bellon y Álvaro Frutos. Con algunos esperamos que vuelvan y con otros se están configurando proyectos. Desde Argentina puntualmente tuvimos a Gabriel Chamé, Sergio Boris o Pablo Razuk, y tenemos una cuenta pendiente con Bernardo Cappa.

 

 

¿Cómo es la relación con la gente del barrio? ¿Habéis logrado crear un público cercano y afín?

Con respecto al barrio, no es fácil. La gente muchas veces se sigue sorprendiendo de que estemos aquí… Quiero decir con esto que hay algo que aún no hemos logrado visibilizar. Hay que hacer un profundo estudio de esto y desde la Red de Teatros de Lavapiés nos lo planteamos permanentemente; ¿cómo hacer que la gente sepa que el barrio de Lavapiés es donde más salas de teatro hay en Madrid? En su momento creamos la firma Lavapiés Barrio de Teatros para identificarnos. Este año hemos apostado, con motivo del Día Mundial del Teatro, por programar multitud de actividades para todos los públicos, en las calles, plazas y dentro de nuestros espacios. Muchas de ellas gratuitas.

 

 

El Umbral de Primavera

 

 

En el Umbral hay un vínculo muy fuerte con el teatro argentino. ¿Cómo decidís qué obras de allí traéis aquí?

En realidad aparecen de una manera espontánea, con gente que empieza a enviar propuestas que me entusiasman, como fue el caso de Nuevo Sainete Argentino con dos montajes (Sudado y Garantía) dirigidos por Jorge Eiro y Juan Isola que nos enamoraron. A partir de ahí surge un efecto dominó que llega al día de hoy. De estos intercambios aparecen Patricio Ruiz, Pablo Razuk, Lisandro Fiks, Carlos Correa, Rubén Sabadini, Gonzalo Facundo López, Bernardo Cappa… Quiero anticipar que en junio contaremos con Pilar Ruiz y su montaje En el fondo que nadie debería perderse, y más que estamos gestando que ya anunciaremos.

 

 

¿Qué destacarías de la escena teatral madrileña y la de Buenos Aires?

Destacaría que en Buenos Aires hay una conciencia muy saludable de que el teatro tiene que seguir un camino propio independientemente de los cambios políticos y económicos sin despegarse de la realidad. De esta forma podemos entender que es una necesidad y no un fin en sí mismo. Caldo de cultivo para la permanente búsqueda de nuevas formas y superar obstáculos.

Madrid resurge teatralmente justamente a raíz de algo inesperado, la crisis. El cambio se impone y las nuevas generaciones con valentía se hacen dueñas de su propio destino.

En este momento las une un deseo común, construir proyectos propios y contagiar el deseo de seguir vivos.

 

 

Cómo quieres que la gente identifique El Umbral?

Me encantaría que se identifique El Umbral con el amor, porque aquí queremos que la gente se enamore. Ponemos mucho amor y la gente que viene le pone mucho amor. Creo que al mundo le hace falta mucho amor y el Teatro tendría que ser Amor.

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