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Lucía Ferneti, pasión por contar historias

“Quiero que el público sienta el amor en la obra, en todas sus formas”

 

Lucía Ferneti es una joven dramaturga y directora que desde siempre ha querido contar historias y compartirlas. Es la creadora de Cuando pase el temblor, una obra de teatro-danza en verso y prosa poética cuyo título es homónimo a la conocida canción de Soda Stereo, mítica banda de rock argentina a la que también se homenajea en esta propuesta. 

Cuando pase el temblor expresa el debate interno de Uiara, la protagonista, entre la realidad y la forma idealista de vivir. Entre tangos y amoríos, el destino y el corazón de los personajes actúan por sí mismos dejando atrás las dudas y arrasando con todo, como lo haría un temblor.

Adrián Rodríguez, Javier Madruga, Julia Andrés, Julia Rodríguez, Luis Tomás, Marta Navarro y Sergio Santa conforman el elenco de este montaje que nace fruto del ímpetu y el talento de las nuevas generaciones que llegan pisando fuerte. Puede verse todos los viernes de abril en La Usina.

 

Lucía Ferneti en La Usina

 

Por Sergio Díaz

 

¿Quién es Lucía Ferneti y cuando nace tu amor por las Artes Escénicas?

No sabría decir cuándo nació mi amor por el teatro, en realidad, siempre he querido contar historias, desde niña, por medio de actuaciones, relatos o a modo de cuenta cuentos, y supongo que esa es Lucía Ferneti, alguien que quiere contar historias para cambiar la vida de las personas. Siempre ha sido ese mi fin último, y siempre pensé que el teatro es esencial para llegar tan adentro de la gente. He hecho teatro y danza desde niña y finalmente estudié filología hispánica en la Complutense, porque tenía claro que quería leer, para poder escribir. Allí conocí al grupo de teatro que me cambió la vida: Teatruko, donde pude ver cada vez con más claridad que quería contar mis historias en escena, y que quería que estuvieran vivas y en directo. Latentes.

 

 

He visto que ya has mostrado Cuando pase el temblor en otros lugares, pero ahora la exponéis en una sala teatral con continuidad. ¿Cómo te sientes ante este estreno?

Me siento muy agradecida, con muchas ganas e ilusión. Sobre todo porque es un regalo poder tener obras en cartel en una situación tan complicada. Además, el año pasado en marzo y abril íbamos a hacer una pequeña gira con esta misma obra y teníamos algunas fechas en esta sala, por lo que volver a tener esta oportunidad es, para nosotros, como una señal del destino, diciéndonos que este estreno tenía que suceder.

 

¿Desde dónde partes para crear este texto? ¿Cómo has elaborado la dramaturgia? 

He pasado todos los veranos de mi vida en las playas de Nerja, y allí, de pequeña, jugaba con el mar. Jugaba a que el mar me hablaba y a que estaba enamorada de él. Esa idea me acompañó siempre, ¿qué pasaría si una persona se enamorase del mar?, siempre tuve en mente, mientras fui creciendo, escribir una novela: La chica que se enamoró del mar. Por otro lado fue llegando el teatro a mi vida, y hace tres años, cuando me estaba formando profesionalmente en danza contemporánea, hicimos un ejercicio, que consistía en representar en duetos cómo supimos que queríamos bailar, cuándo nos enamoró la danza. Entonces fue cuando lo conecté todo, mi primer contacto con la danza fue con dos bailarines de tango que veía todos los años en Nerja, en el paseo de la playa. En ese momento, haciendo el dueto, se conectaron todas las ideas en mi cabeza, ¿y si es una bailarina de tango la que está enamorada del mar? ¿y si esta idea es una obra de teatro? Y así poco a poco fue surgiendo toda la obra. Después, gracias a Lope de Vega me dí cuenta de que quería escribirla en verso, me pareció que le hacía falta, al verso y a mi obra. La historia en sí, fue saliendo poco a poco, investigando, escuchando a Soda Stereo y confiando en lo que estaba haciendo.

 

¿Y qué nos puedes decir de la puesta en escena?, porque has construido la dramaturgia a través de danza, teatro, poesía, verso… ¿Cómo ha sido el trabajo con los intérpretes?

La puesta en escena es sencilla y realista, aunque con muchas metáforas. Es fundamental la imaginación del público, pero eso es parte de la magia de esta obra, que se entra en ella, que de repente estás en la playa y en el agua con Uiara, casi sin darte cuenta. Y casi sin darte cuenta, bailan, hablan en verso y se cuelan en las emociones del público. Toda la obra es como el propio mar, fluye, va viniendo, como un temblor, poco a poco.

El trabajo con los intérpretes ha sido duro. Ha sido muy divertido, lo hemos disfrutado muchísimo, pero también ha sido difícil ya que es una obra con muchos códigos y eso es mucho que integrar para ellos. Creo que todos hemos crecido mucho estos dos años desde el estreno, y cada día que pasa la obra está más en nosotros y menos en el papel, es más suya y más nuestra.

 

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El elenco al completo de ‘Cuando pase el temblor’

 

Es una obra de ficción, con personajes que no son reales. ¿Pero hay algo de la protagonista, Uiara, en Lucía Ferneti?

Desde luego yo también estoy enamorada del mar… eso es lo primero que nos une, por supuesto. Creo que es fundamental haber sentido ese amor para poder escribir sobre él. Tenemos también en común rasgos de nuestra personalidad, supongo que en realidad Uiara está basada en mí; su temperamento, su pasión, su forma de percibir el mundo… al final todo eso es parte de mí, pero creo que hay un pedazo de mí en cada uno de los personajes. Quizá de formas distintas, pero todos nacen de mi verdad.

 

Uiara se debate entre la realidad cotidiana y los sueños de una vida, cosa en la que todas nos podemos sentir identificadas… ¿Entre qué realidad y entre qué utopía te debates tú?

Este debate que tiene Uiara en la obra, es una lucha entre dos realidades. La realidad que los demás te venden como única y la realidad que es tuya, propia. Creo que esto se puede aplicar a miles de situaciones, sobre todo cuando entras en conflicto con tus seres queridos porque tenéis distintas creencias o convicciones. No sé exactamente entre qué dos realidades me debato yo, pero desde luego, dedicarme al teatro ya es una hazaña en la que no todo mi entorno ha confiado siempre.

 

La obra está ambientada en Tierra del Fuego. ¿Cómo es ese Teatro del Fin del Mundo que recreas en tu obra?

Tierra del Fuego me pareció un lugar místico desde el primer momento en el que me topé con su existencia. Al ser de verdad ‘el fin del mundo’, podemos ver en la obra (y en la vida real) que el presidio, el faro y el teatro son también del fin del mundo. Yo no he estado en Tierra de Fuego, ni en el teatro, pero sí he investigado mucho sobre Ushuaia, la capital, donde se desarrolla la historia. En mi cabeza, ese teatro es similar al Teatro Cervantes de Buenos Aires: un teatro grande, rojo y dorado, un sueño para Cerati y Uiara (los protagonistas de la obra).

 

Cerati es el nombre del protagonista. Y ya el título es un homenaje a Soda Stereo, uno de los grupos más influyentes de rock en español. ¿Qué ha significado Soda para ti? ¿Y de qué manera se homenajea a la figura del tristemente fallecido Gustavo Cerati en el texto?

Soda Stereo para mí ha sido una influencia inmensa. Es uno de mis grupos favoritos, y Gustavo Cerati, sus letras, y todas sus palabras me parecen poesía, me parecen arte. Hasta el punto de que el nombre de nuestra compañía, Cara Rota, viene de una frase suya: «Ser un artista es ser un cara rota, pero con talento». En España quizá se entienda mejor diciendo que un artista es el que no tiene miedo a romperse la cara por el arte. En el caso del teatro, ir hasta el final en escena para conseguir que la emoción sea pura y verdadera. La obra homenajea a Gustavo Cerati sobre todo con el personaje masculino principal, como hemos comentado y en el que se puede ver su influencia sin duda. También se homenajea al grupo en la escena final.

 

¿Por qué has situado tu obra entre 1947 y 1949? Es una época en la que está comenzando el primer Gobierno de Perón tras muchos años de dictadura militar en Argentina, y una de las interpretaciones que he leído sobre la canción que da título a la obra es que en Chile la recibieron con alegría tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, que el público chileno identificó como el temblor. No sé si hay algún trasfondo de ese tipo en tu texto…

La obra está situada en 1947 y 1949, porque en esos años hubo dos terremotos, es decir, dos temblores en Tierra de Fuego. También, porque en 1947 cerró de verdad la prisión del fin del mundo, hecho del que se habla en la obra e incluso es un motor para algunos de los personajes. Todo está construido en base a esos años y a años anteriores, a hechos reales, terremotos y revoluciones. La dictadura y el gobierno de Perón no aparecen en la obra de ninguna forma más allá de que Uiara y Cerati tienen la posibilidad de abandonar Buenos Aires, quizá, gracias al fin de la dictadura. He sido consciente de la época en la que he situado la obra, y de que el gobierno de Perón empezaba en ese momento, pero en realidad no es relevante para los acontecimientos y los lugares en los que se desarrollan los hechos de la obra.

 

Lo que sí es relevante es el tango. ¿Qué es el tango para ti y de qué forma lo reflejas aquí?

Como ya he contado, el tango llegó a mi vida cuando era niña, y en forma de bailarines callejeros. Siempre ha sido un sueño poder vivir viajando por el mundo y bailando tango en la calle, por eso Uiara y Cerati se dedican a eso. Cuando empecé a bailar tango de verdad fue hace dos años, aunque siempre lo había deseado, porque el tango es precisamente la personalidad de Uiara, la mía, es pasión, es contención, es intensidad, escucha, acción y reacción; es la vida misma. En la obra se refleja constantemente tanto lo que es el tango para mí, como para bailarines de tango profesionales, como para los personajes.

 

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Uiara, la protagonista de ‘Cuando pase el temblor’

 

¿Qué reflexiones o emociones quieres provocar en el público?

Sobre todo, quiero que vean el amor en todas sus formas, que lo piensen, que lo sientan, que fluyan con la forma de amar única y diferente de cada uno de los personajes. Por otro lado, pero en realidad no muy alejado, me gustaría que reflexionaran sobre lo dicho anteriormente: sobre la realidad. ¿Cuánto hay que tener en cuenta la realidad supuestamente objetiva, y cuánto hay que escuchar al corazón y a uno mismo?

 

Existe un gran puente cultural entre Madrid y Buenos Aires, ¿te gustaría poder llevar tu trabajo allí? ¿Crees que podría resultarte más fácil al haber situado la obra en Argentina?

Me encantaría, en primer lugar porque siempre he querido ir a estudiar teatro a Buenos Aires pero por distintas circunstancias no he podido. Más allá de esto, creo que allí la cultura del teatro, por lo que me han contado y lo que he investigado, está mucho más arraigada y se vive de otra forma; se vive el teatro en las calles, se vive el teatro a flor de piel y eso para mí es un sueño. Creo que la obra podría resultar más interesante allí, pero también creo que si la llevase tendría que hacerla mucho más argentina y mucho más fiel a todo lo que ese país significa. Quizá habría que rebajar los códigos de imaginación y subir la realidad argentina de la obra.

 

¿Encuentras teatro de forma general que se adecue a los códigos que manejáis los ‘centennials’? ¿Qué tipo de teatro te interesa?

Creo que últimamente se están haciendo propuestas muy interesantes, sobre todo la gente joven. He estudiado el Máster de Dirección Escénica en la escuela de Nave 73, y todas mis compañeras han tenido siempre propuestas con unos códigos muy diferentes a los míos, que me han terminado interesando muchísimo y me han hecho ampliar mi concepto de ‘arte’. Ahora mismo estoy haciendo el TFM, dirigido por Pilar Almansa, que trata sobre el concepto del Liveness. Ese es el tipo de teatro que a mí me interesa ver y crear; el teatro vivo, el teatro que no es solo sentarse en una butaca a ver algo de forma pasiva, sino que es una experiencia, y que, como las personas, está vivo; cambia, escucha y late.

 

Está siendo una época muy difícil para todo el mundo, pero pienso especialmente en los jóvenes como tú. ¿Cómo estás viviendo este año a nivel vital y profesional? ¿Te está haciendo replantearte muchas cosas o tienes claro tu camino?

Para mí es un regalo poder estar haciendo lo que amo y creciendo en ello cada día. Soy muy feliz, a pesar de la situación y sus estragos, cerca y lejos de mí. A mí, a nivel profesional me ha venido bien. Me he replanteado muchas cosas, como mi ritmo de vida, el tiempo que le dedico a estudiar, leer y escribir; y me he dado cuenta de que quiero hacerlo más, como hacía en cuarentena. Mi camino lo tengo bastante claro, pero gracias a esta situación se ha aclarado más aún. Sé que quiero escribir siempre, y gracias a la pandemia, sé que quiero escribir más.

 

Y como decía la canción… ¿Tras qué temblor querrías despertar tú?

Ahora mismo, sin duda, me gustaría despertar cuando pase la pandemia, pero en realidad no quiero dormirme, quiero vivir todo lo que tenga que vivir y afrontarlo de frente, como mirando al mar, al horizonte; sin miedo.

 

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