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Silvia Acosta y Carlos de Austria: “Brian Friel muestra los temas universales que nos interesa explorar”

 

 

Por Sergio Díaz

 

 

Perro Negro es una compañía que inicia su andadura en 2016 de la mano de estos dos inquietos intérpretes que se unieron para buscar su propio camino escénico. Ahora llegan a Nave 73 para mostrar After play, un texto de Brian Friel donde dos personajes dibujados originalmente por Chéjov se encuentran 20 años después

 

 

¿Por qué os decidisteis por Brian Friel y por este texto en concreto para iniciar vuestro camino como compañía?

Estábamos trabajando en textos de Chejov, de hecho estábamos estudiando a este autor en profundidad porque nos atraía mucho su trabajo y queríamos hacer algo suyo y entonces, conversando con Roberto Quintana, director y adaptador de la función, nos empezó a hablar de este texto en particular. Era el después de dos personajes de Chejov pero esta vez escritos con perspectiva histórica, no como los idea el autor original. Nos pareció una forma fantástica de continuar con su historia.

 

 

Y un poco a colación con la pregunta de arriba… Perro Negro es una compañía con un año de trayectoria, formada por vosotros dos… ¿Por qué decidís iniciar este camino como compañía? y ¿Qué tipo de montajes teatrales tenéis en mente desarrollar en el futuro?

 Todo fue poco a poco llevándonos en esta dirección y sin quererlo. Ambos llevamos trabajando tiempo para diferentes compañías, proyectos o para televisión y te encuentras que estás trabajando según como otros dicen. Que no está mal, porque se aprende muchísimo, y nunca habría que dejar de hacerlo, pero llega un momento que quieres también intentar las cosas a tu modo y forma. Es algo clave para cualquier trabajo artístico. Creemos que hay que ser emprendedor por pura motivación creadora. Así que es la consecuencia lógica de cualquiera que tenga algo de inquietud en este aspecto. Y en cuanto al tipo de montajes que estén por llegar, ya iremos encontrándolos. Buscamos historias e impulsos que nos motiven. Sin obsesionarnos. Somos muy curiosos y nos gusta rascar en cosas que nos llaman la atención. De pronto hay una idea que se te mete en la cabeza por algo que has escuchado o leído y encuentras la historia que quieres contar. Asimismo nos gustan las obras en las que no se cuenta todo lo que pasa, así cada espectador crea su propia obra y saca sus conclusiones.

 

 

Brian Friel es un autor poco conocido en España, le achacan cierto aire localista en sus obras, aunque no es el caso de After play que está situada en Moscú, pero lo cierto es que todos sus textos siempre tienen un trasfondo universal…

Nos parece curioso que se le achaque ser localista. Es como si, guardando las distancias, se le acusase a Federico Garcia Lorca, de localista por escribir La Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre. Como es andaluz y escribe inspirándose en Andalucía, ¿es localista? Es lo lógico que alguien escriba sobre lo que conoce y desarrolle las obras en los ambientes que le son familiares. Creemos que lo grande es saber reconocer temores, ansias, aspiraciones y demás sentimientos humanos comunes a todos sea cual sea nuestro origen. El amor, el odio, el miedo, la venganza, la duda o la incertidumbre la sienten igual un esquimal dentro de un iglú que un vendedor de alfombras en Bangladesh. Esos son los temas universales que nos interesa explorar y que Friel muestra tan magistralmente.

 

 

En esta revisión sobre la obra de Chéjov, el texto de Friel enfrenta a dos personajes opuestos en los textos originales, dos personalidades muy distintas… pero a los que unen muchas cosas…

Fíjate que casi el primer nexo de unión que encontramos es que se trata de los dos personajes olvidados en los títulos de sus respectivas obras y que sin embargo están presentes de alguna manera. Andrey es el cuarto hermano de la obra Tres hermanas y Sonia es la sobrina de Tío Vania. De algún modo son ellos los que cuentan sus historias originales, siendo Andrey quien narra la historia de sus Tres hermanas y Sonia la de su Tío Vania. Estamos convencidos que no es al azar. Si algo caracteriza a estos dos personajes es su absoluta humanidad. Cada uno con su máscara, como bien dices muy distintas, pero ni Chéjov ni Friel son ajenos a lo que hay por debajo y que es lo que les une.

 

 

Contadme un poco cómo habéis construido vuestros personajes sabiendo que ya habían sido dibujados en sendos textos 20 años antes… ¿Os habéis nutrido del Chéjov original?

Por supuesto. No sería inteligente obviar todo ese pasado ya ilustrado. Tenemos los cimientos de Chéjov para construir la casa de Friel. Ahí jugamos con ventaja. De todas formas, sin conocer los textos de esas obras, la continuación de esta historia se sostiene sola con los ingredientes que ha desarrollado el autor. No es necesario saber los antecedentes de los personajes para adentrarse en el texto de Brian Friel. Como en todas las obras, toda la información está en el texto. Todas las preguntas que les formules a los personajes tienen su respuesta en el texto.

 

 

 

 

 

 

Sonia y Andrey quizás puedan ser el reflejo de toda esa mayoría silenciosa de personas que asiste desconcertada, sin saber muy bien qué hacer, a los cambios políticos también en nuestros días.

Cómo tenía que ser vivir en ese contexto y experimentar esos cambios… De la noche a la mañana todo se pone boca abajo. Lo que era de una forma es ahora de otra totalmente distinta y mañana del revés. Pasan de un sistema feudalista al modelo socialista en muy poco tiempo, algo que venía siendo demandado por un gran sector de la población. Pero había otra gran parte que no entendía nada. No sabían que pasaba y ni si era bueno, malo o regular… Esta gente vivía en lugares aislados. Incomunicados. Hay que imaginarse la tundra fría e infinita. Desinformación, desconocimiento… No hemos cambiado mucho, la verdad.

 

 

¿Cómo ha sido el trabajo con Roberto Quintana en la dirección?

 Roberto es fundamentalmente actor. Y ha sido fantástico poder estar con él porque ha puesto toda su experiencia, más de 50 años de profesión, a nuestra disposición. Aprender de primera mano de alguien como él no tiene precio. Era recibir con cada ensayo una ‘masterclass’ del oficio. Y como director es de los que analizan cada palabra, cada signo de puntuación, cada expresión y le buscan todas las opciones posibles al texto hasta hallar, conjuntamente, un bloque preciso de significado. Ha sido sencillamente un regalo.

 

 

¿Y la aportación de Eugenio Jiménez -dirección musical y ayudante de dirección?

Eugenio llegó en un momento muy importante del proceso. Llevábamos como un mes analizando texto y probando posibilidades. En estos procesos, a veces, se entra en rutinas manidas o se vician ciertas facetas. Entonces entró él y le dio un giro a la obra que nos trajo un aire fresco y nos ayudó a reconducir el trabajo, encontrando nuevas perspectivas de la función y los personajes. Fue esencial.

 

 

Ya habéis girado con la obra por diferentes ciudades ¿Qué energía habéis percibido? ¿Y cómo afrontáis el estreno en Madrid?

Pues después de haber rodado un poco encontramos que el público la recibe muy muy bien. Siempre vas con los miedos típicos a los estrenos de un montaje nuevo. Pero cuando ves cómo la gente disfruta de una función tan sosegada y amable como ésta, sin grandes artificios, ni alardes multimedia, sino intentando ir a la esencia de una buena historia, te sientes muy satisfecho. Y el estreno en Madrid lo afrontamos con mucha ilusión. Tenemos muchas ganas de probarla en el público madrileño y ver qué tal es recibida.

 

 

Ambos habéis trabajado en la televisión. ¿Estamos ante uno de los grandes momentos de la ficción española?

Eso parece. Se han hecho algunos productos de muy buena calidad. Parece que le empezamos a dedicar el tiempo necesario para que las cosas estén bien hechas. Sin embargo nosotros creemos que todavía tiene que pasar algo que ya se hace en otros países y que aquí aún no. El modelo televisivo ha cambiado. Las familias ya no se reúnen en el salón a ver la serie de cualquier día por la noche, sino que uno se va a su cuarto a ver una en su ordenador, otro se queda en el salón, otro se va al dormitorio con la tablet… Hay que focalizar mucho mejor el público para el que trabajas y no intentar contentar a todos a la vez, porque la oferta es tan grande que al final no contentas a ninguno.

 

 

Una pregunta tópica, ¿dónde os sentís más a gusto, en el teatro o en la tele?

Estas cosas van mas allá del tipo de lenguaje en el que uno trabaje, que a fin de cuentas es eso de lo que hablamos. Los dos hemos tenido experiencias buenas y malas en ambos ambientes. No se trata de tele o teatro. Importa con quien trabajes. El equipo humano con el que vas a compartir tanto tiempo. Y como en todos los trabajos, la relación que haya entre todos se ve reflejado en el resultado final.

 

Aunque sí que consideramos que el teatro es el ámbito donde el actor desarrolla más fielmente su trabajo. En el medio audiovisual el resultado depende mucho del realizador o de la edición final de las escenas, lo que puede determinar más a los personajes, según lo que se muestre. Creemos que en el escenario teatral, el trabajo puede ser más de los actores en conjunto.

 

 

Presentáis la obra en estos momentos en los que se conmemora el centenario de la Revolución Rusa. After play no es un texto político, pero sí mira al pasado con cierta nostalgia, igual que está haciendo Rusia de una forma más o menos sutil con ese momento de su historia que modificó la manera de entender el mundo. ¿Ha sido premeditado? ¿Buscáis algún tipo de reflexión en ese sentido?

Volviendo a lo anterior, la coincidencia no es premeditada, pero creemos que es real e inconsciente. ¿Por qué nos dio por interesarnos por ese periodo histórico y justo en este momento? ¿Leímos algo en ese sentido en una noticia, de las muchas que nos llegan al día? ¿Como se explica que en una conversación sobre otra cosa, acabáramos hablando de este texto? Pensamos que todo está vinculado. Por eso mismo no estamos de acuerdo en que el texto no sea político. Aunque en la historia no se hable expresamente si uno es zarista y el otro es socialista o al contrario, sin el cambio social y político que se está produciendo en ese momento y en ese lugar, y que sobrevuela a los personajes durante todo momento, las cosas serían muy distintas. Todo suma y si Friel los ubica justo en ese año y en ese lugar es porque se trata de algo tremendamente importante para ellos. Hay momentos en la historia que estamos obligados a hacer sobre ellos una gran reflexión, porque fueron los pilares para que ahora seamos quienes somos. Pero creemos que hay que pensar en ellos de una manera activa. Es decir, buscar nuevas interpretaciones para que nos lleven a nuevas conclusiones y así permitir que cambiemos. En fin, que la historia no es inamovible y todo puede cambiar.

 

 

 

AFTER PLAY

Nave 73

Sábados a las 20h

 

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