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Seth o el amor al cómic

Por Pablo Iglesias Simón / @piglesiassimon

 

Seth, Joe Matt y Chester Brown forman un trío de autores de cómics afincado en Canadá que dan cuenta, en sus viñetas de carácter autobiográfico, de sus andanzas personales y sus procesos de creación. Cada uno se convierte a sí mismo y a sus otros dos compañeros dibujantes en personajes que, tamizados por el punto de vista de cada uno, se muestran sin ningún pudor por desvelar todas sus mezquindades. Así, esta mirada osada y trina hacia sí mismos da cuenta de la imposibilidad de construir una objetividad única que dé testimonio de la complejidad de nuestro existir.

 

Con una frágil visión de túnel masculina, Matt insiste en su obcecación onanista, en obras como Consumido, y Brown en su inclinación militante hacia las prostitutas, en títulos como Pagando por ello, mientras que Seth se erige en el gran defensor del ayer. Desertando de una sociedad actual que le es ajena, se instaura en lo que él mismo denomina “evitacionismo”, una huida hacia atrás ante cualquier situación problemática para refugiarse en la ensoñación de un pasado mejor. Sin negar la cobardía inherente a esa actitud, Seth en La vida es buena si no te rindes se embarca, instigado por ella y para evitar afrontar las riendas de su vida amorosa, en un proceso de búsqueda y revitalización de Kalo, historietista olvidado de los años cuarenta. Ese viaje de descubrimiento propio y ajeno ofrecerá a Seth la oportunidad, a través de la reconstrucción fragmentaria de la vida y obra del autor perdido, para reflexionar sobre las motivaciones de la creación, las efímeras satisfacciones de la profesión artística o la insatisfactoria senda del reconocimiento. Este camino sin fin desembocará en un atisbo a la despreocupada felicidad que esconde, fuera de foco, la tan denostada cotidianeidad frente a los fuegos de artificio de mecha corta de la fama.

 

La devoción por las tiras cómicas antiguas de Seth también se ha traducido en dos exquisitas obras de ficción. En Winbledon Green inventa una suerte de coleccionista obsesivo, sosias de sí mismo, enfrascado en la epopeya por convertirse en el mejor del mundo. En La Hermandad de Historietistas del Gran Norte, mezclando en este caso referencias reales con inventadas, entona una oda a la camaradería entre autores para rendir homenaje a la mejor tradición de la historieta canadiense.

 

Seth, como Matt y Brown, en su renuncia a ser modelos a seguir, miran con sus debilidades y ruindades el incómodo reflejo del hombre actual.

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