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‘Scalped’, de Jason Aaron y R. M. Guéra

Frente a frente con la imposibilidad de responder a las grandes preguntas

 

Leyendo Scalped (editado en España por ECC Cómics) uno tiene la misma sensación que tendría si Sam Peckinpah fuera dibujante de cómics y se hubiera juntado con los guionistas David Simon y Vince Gilligan. A lo largo de sesenta números, recogidos en cinco volúmenes, que parecen temporadas, nos cuenta el descarrilamiento de la épica del western en la América profunda actual. Dashiell Caballo Terco, agente encubierto del FBI, vuelve a Prairie Rose, su reserva natal, hija mestiza del Baltimore de The Wire y el Albuquerque de Breaking Bad. Allí, los antaño heroicos lakota, domesticados a golpe de subsidios y consumidos por el alcohol, las drogas y la falta de horizontes, se han convertido en una parodia de sí mismos.

 

En esa esquina del mundo, donde los indios se sienten extranjeros en su propia tierra, se cruzan los destinos de ascendentes y descendientes, de un pasado de anhelos truncados y un futuro sin deseos ni esperanza. Lincoln Cuervo Rojo, quien junto con Gina, madre de Dashiell, fuera antaño cabecilla de una revuelta reivindicativa a lomos del Red Power, con los años ha devenido en jefe de la reserva y, a la sazón, capo de todos los negocios turbios. Su hija, Carol, atrapada en una espiral de autodestrucción, lucha por no seguir la senda de su progenitor. Y, Dashiell, cautivo de su amor imposible por Carol, galopará en pos de un horizonte inalcanzable, que puede, a la par, significar la purga de los errores de sus antecesores o el golpe de gracia definitivo para el pueblo que le vio nacer y ya siempre sentirá ajeno.

 

Scalped nos enfrenta, con una narración trepidante y sin maniqueísmos, digna de las grandes tragedias, a nuestra imposibilidad para responder a las grandes preguntas. A nuestra incapacidad para desvelar los entresijos de una identidad propia, que se antoja extraña, de una vida con los otros, donde el yo se convierte en obstáculo para el nosotros, de una realidad, cuyos enigmas sólo pueden propalarse en los sueños, y de una herencia envenenada, que se resiste a diluirse en un bálsamo que pueda ser legado.

 

Scalped, de este modo, entra en la nómina de los cómics que despliegan una pericia fabular que nada tiene que envidiar a la del universo catódico de los últimos años: personajes con arcos retorcidos y complejos, una trama que te engancha y no te suelta nunca, repleta de capas que se despliegan de forma inesperada pero inevitable, y una narración gráfica sublime. Si no lo habéis leído, ya estáis tardando.

 

Por Pablo Iglesias Simón / @piglesiassimon

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