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Pueblos en arte: “Nuestro objetivo es que los jóvenes no tengan por qué abandonar el pueblo”

Quizá su principal interés sea investigar la sutileza. El proyecto Pueblos en Arte, con base cerca de Calatayud, fue impulsado por los artistas Lucía Camón, Alfonso Kint y Ana Bettschen, a los que al poco tiempo se unió el también creador Fer Quinta (este año cuentan en su equipo con la colaboración de Inés Peña). El objetivo estaba claro: “la necesidad de disfrutar del arte contemporáneo en zonas despobladas”. Camón y Bettschen sintieron, a su llegada a los pueblos que ocupan esta aventura, que había mucho que hacer: “es muy motivador partir de las carencias”, confiesan. Así, comenzaron a llenar diferentes zonas rurales de muy distintas manifestaciones: exposiciones permanentes, espectáculos de teatro y de títeres, talleres de diferentes disciplinas… “Nuestro objetivo es relacionar la naturaleza, la sociedad que se detiene y no piensa en resultados inmediatos, con el arte”, cuentan. No en vano, el proyecto tiene en su haber varios espacios que, a precios muy económicos, permiten a artistas de casi cualquier rama contar con un espacio de creación y vivienda para dedicarse de lleno al desarrollo de proyectos culturales. Precisamente, esta semana estrenan su primera gran cita: el ‘Saltamontes Festival’, un certamen en el que, del 20 al 22 de julio, las actividades ocuparán 15 espacios tan particulares como ‘El lavadero’ o ‘El pajar’ e irán, desde una sesión DJ, a un taller de extracción de semillas.

 

 

Foto portada: de izquierda a derecha, Inés Peña, Lucía Camón, Ana Bettschen y Adriana Segura. ©Miguel Manteca

Por Juan Vinuesa/@bonicodecara

 

 

Sois actrices, poetas, productoras… en vuestra trayectoria existen, incluso, proyectos de gran calado mediático. ¿Qué os trae de la ciudad al pueblo?

Ana Bettschen: En un primer momento, la necesidad de tranquilidad y de tiempo. En el pueblo el tiempo se dilata, no por magia, sino por las distancias, que son más cortas y las distracciones, que son menos; así que estás obligada a dedicarte a lo tuyo. Además, la proximidad de la naturaleza airea los pensamientos, los limpia.

 

Lucía Camón: la idea de campo, de emprender algo nuevo, de buscar un deseo auténtico con la ayuda del silencio.

 

¿Todo lo aprendido en la velocidad que otorga una ciudad como Madrid queda atrás?

Ana: Yo no reniego de la ciudad, ni mucho menos, pero sí creo que mucho de lo que ofrece no es esencial, aunque la costumbre haga que lo parezca.

 

¿Qué ofrece vuestro proyecto a los artistas residentes?

Ana: Pueblos en Arte cuenta con residencias de artistas en dos pequeños pueblos del suroeste de Zaragoza: Torralba de Ribota y Valtorres. Son lugares muy inspiradores: están ubicados en sitios tranquilos y bonitos, tienen patio, luz, espacios de trabajo diáfanos… Venir al pueblo a trabajar es partir desde otro lugar, otros sonidos, y es inspirador de verdad, porque uno respira con otro ritmo.

 

Lucía: Además de la posibilidad de conectarse con uno mismo en un lugar tranquilo, el proyecto también ofrece algo muy especial: la posibilidad de formar parte de este entorno.

 

Relación de vuestro proyecto con la gente del pueblo: ¿cómo lo han recibido?

Ana: Cuando uno ha nacido y vivido en una ciudad no suele referirse a ésta como “mi ciudad”, dice el nombre y ya está. Sin embargo, mucha gente que ha nacido en un pueblo –y esto vale para Torralba de Ribota o para cualquier otro pueblo pequeño de España–, dice “mi pueblo”. Esto se debe, por un lado, a que saben que si dicen el nombre probablemente el interlocutor no lo conozca y, por otro, a que, literalmente, tienen un sentimiento de propiedad sobre el pueblo, como si fuera suyo y, así, todo el que viene de fuera es forastero y, a veces, es como si tuviera menos derechos. Si, además, no te dedicas a un oficio fácilmente reconocible, generas desconcierto. Es como si en Malasaña te encuentras a un almendricultor que te cuenta que viene a instalarse con un proyecto de plantación en el Dos de Mayo. A mí me parece precioso, pero desconcierta. Con todo, Pueblos en Arte ha tenido apoyos desde el primer momento y con el tiempo va teniendo más.

 

¿Cuál es el criterio para elegir los proyectos?

Ana: Que los entendamos, que conectemos con ellos y que tengan algo que aportar al pueblo. Para nosotras es muy valiosa la relación que pueda establecerse entre los creadores y los habitantes.

 

Lucía: Cuando las residencias responden a una convocatoria pública, el jurado es más amplio, con miembros procedentes de instituciones culturales públicas y privadas.

 

¿Con qué tipo de artistas buscan crear sinergias?

Lucía: Aquellos que juegan con el filo, estamos en la periferia en todos los sentidos, por ello es normal que se nos acerquen creadores valientes que se atreven a salir de la urbe. Que desafían a la mayoría. Buena parte de las personas que formamos Pueblos en Arte venimos de las Artes escénicas, es por ello que nos han interesado creadores potentes de esta disciplina, con un importante acercamiento de la danza.

 

Ana: Con los más implicados con su trabajo y que a su vez conecten con nuestro proyecto. Es muy importante contar con artistas atraídos por la idea de crear algo nuevo en la España rural. También tienen que tener sentido del humor y no les tienen que molestar las moscas. Estas dos cosas son importantes.

 

¿El público de Pueblos en Arte mira de otra manera?

Ana: Exhibir el trabajo –que muchas veces ha sido ideado en condiciones urbanitas– ante un público rural es dotarle de otra perspectiva, y eso siempre es interesante y, a veces, hasta arriesgado.

 

Un tema importante es el de los talleres: uno en breve con la prestigiosa compañía La Zaranda, otro ya realizado con uno de los artistas de mirada más genuina del teatro español, Pablo Messiez… ¿cómo fue la experiencia en estas jornadas?

Ana: Excelente, no solo la extraordinaria calidad profesional y personal de Pablo sino porque, además, fue el primer taller de Pueblos en Arte. Desde el primer momento a él le encantó la idea y nos apoyó, y no se lo pensó dos veces. Como tiene ese don para trabajar con lo que hay, para improvisar con alegría, acabó mostrando el trabajo a los habitantes del pueblo en el corral de la sede de Pueblos en Arte, que es un lugar con unas rocas enormes que crean una especie de cueva ancestral y unas escaleras de tierra para pasar de un nivel a otro.

 

Lucía: Fue hermoso ver cómo el entorno ayudaba a la gente a relajarse, cómo se abrieron las puertas de la casa para recibir al pueblo y cómo se produjo ese dialogo espontáneo entre todas las partes.

 

 

Taller con Pablo Messiez. ©Alfonso Kint

 

 

Un proyecto como el vuestro, ¿exige estar en continua reinvención?

Ana: No sé si reinvención, pero en continua invención desde luego. Es lo que tiene estar en un ambiente tan tranquilo, que la cabeza se te va a mundos posibles. Aunque también hay momentos en los que hay que parar de inventar para profundizar en los proyectos que ya tenemos en marcha: la Ruta N-234, el Saltamontes Festival, la Butaca Rural, Cosechando Identidades, el Festival de Teatro Infantil… Sí, decididamente a veces hay que forzarse a parar.

 

Lucía: Necesitamos generar ideas inspiradoras que despierten el deseo de formar parte, pues estamos en un lugar a priori apartado del tráfico cultural habitual, ese es el reto.

 

¿Es difícil tejer un mapa de objetivos a seguir estando tan distantes de la industria cultural convencional?

Lucía: No, la verdad es que gracias a esa distancia tenemos más libertad y podemos inventar caminos no transitados que pueden resultar mucho más creativos para los artistas e incluso para el público. El público intrépido es el que nos interesa… Hoy actúa la ‘Gran Compañía Tal’ en el medio de un campo, ¿te vienes? ¡Vamos! Eso nos interesa, generar nuevos mapas.

 

Del 20 al 22 de julio, estrenáis el ‘Saltamontes festival’, un certamen al que definís como “3 días de arte, felicidad y música” con teatro, poesía, música y danza a través de 15 espacios tan particulares como ‘El pajar’, ‘El lavadero’, ‘La fuente’ o ‘El frontón’…

Lucía: El Festival es un punto de encuentro, queremos ponérselo fácil a todas esas personas que nos escriben a diario queriendo conocer el proyecto, a aquellas que tienen curiosidad, es como una gran jornada de puertas abiertas en las que el pueblo se da a conocer: nosotros, los demás artistas que han ido llegando y la gente del pueblo que ha decidido colaborar en esta fiesta enseñando lo que saben hacer. El abanico de acciones o actividades es muy amplio: una charla, con multimedia, titulada ‘Colors’ a cargo del prestigioso diseñador Javier Mariscal; música, instalación y recorrido por Menhir; música de calle con Jingle Django, taller de pan con Virginia López, micro poesía con Ajo… Hay espectáculos gratuitos y otros en los que se cobra entrada. La pulsera para poder asistir a a todas las actividades, durante los tres días, cuesta 30 euros.

 

¿Qué papel pueden jugar las nuevas generaciones en vuestro proyecto?

Ana: Protagonista. Uno de nuestros mayores retos, si no el mayor, es que los jóvenes no se vayan de los pueblos. Nos gustaría generar contenidos que les motiven, que les hagan partícipes; introducirles en el mundo del arte con lenguajes que ellos manejen, y aprender de ellos.

 

Lucía: Todo, inventar nuevos equilibrios sobre este planeta tiene sentido con ellos. Nosotras tenemos la mirada en el futuro y en el futuro están ellos.

 

Entonces opináis que los pueblos, las sociedades, deben situar su foco en lo que vienen tanto como en lo que ya están…

Ana: Tal vez esto que queremos es una utopía, porque la juventud es curiosa por naturaleza y quiere explorar lo desconocido. Igual, aunque hiciéramos aquí cosas maravillosas, ellos se irían a recorrer mundo. Si así fuera, nos gustaría al menos contribuir a que tengan ganas de volver después.

 

Lucía: Si en los pueblos no se piensa más en la gente joven y en sus gustos y necesidades nadie se quedará.

 

¿Qué aporta a un artista el contexto en el que se encuentra vuestra residencia?

Lucía: Color, nuevas ideas, movimiento, prestigio, a veces, incomodidad, a veces… en último término: vida.

 

Ana: Romper el ritmo habitual produce, como en música, un calderón, un momento de suspensión en el que no sabes lo que va a pasar, y el arte necesita de ese misterio. En nuestro día a día cotidiano, a veces nos da miedo parar, es poco productivo y, además, la inercia no nos deja.

 

¿Este país está preparado para sitios como el vuestro, donde el cortoplacismo y la presión de esta sociedad quedan atrás?

Lucía: Creo que el cortoplacismo es una ilusión más, ningún deseo se forja en un día. Los impulsos que mueven a las personas a tomar decisiones y/o trasladarse a un lugar son desconocidos. Respecto a la presión social nunca le hice mucho caso, pero opino que para el que la tiene en cuenta esta en todas partes…

 

Ana: Mentalmente sí: nadie quiere que mueran los pueblos. Ideológicamente, también: desde el 15M, una buena parte de la sociedad ha empezado a cuestionar, a reflexionar sobre otras formas de hacer las cosas, a ser más crítica. Pero del dicho al hecho… No es un reproche, nos pasa a todos, la cabeza sueña y los actos cuestan más. De todos modos, el que tiene que estar preparado es uno mismo. Si esperamos siempre a que las condiciones sean las óptimas nunca se haría nada. El movimiento genera movimiento.

 

Más información sobre el proyecto y el festival: http://www.pueblosenarte.com/

 

 

Sede Pueblos en arte. ©Alfonso Kint

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