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Troyanas

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Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

 

Montaje estrenado el pasado verano en el Festival de Mérida (donde se agotaron las entradas dos días) y que pasó también con el mismo éxito por el Grec de Barcelona. Ahora en Madrid la historia de las vencidas de los vencidos en la guerra de Troya, es decir, las mujeres de los troyanos que perecieron y que son doblemente víctimas. “Eurípides con los vencidos”, como dice Carmen Portaceli, la directora del montaje. “Después de la guerra de Troya (o cualquier guerra que podáis imaginar hoy, ayer, mañana), parece que ya está todo acabado, que la ‘gran acción’ ha terminado. Pero entonces, como el comercio cuando acaba el horario comercial, empieza la otra acción, la acción de la que no se habla, la que se hace ‘por derecho’ con los ciudadanos de ‘segunda’, la que no cuentan en las noticias: el reparto de las mujeres como esclavas sexuales, o esclavas de cualquier otro tipo”. Eurípides presentó este texto en las Grandes Dionisias del año 415 antes de Cristo. 2.400 años después, que se dice pronto, parece que nos habla desde antes de ayer. Es un tópico, pero es cierto que la Humanidad no ha cambiado tanto y que en la última guerra de Siria, que todavía se está librando, los escenarios y las acciones se ajustan como un guante. De hecho, las ruinas de Alepo forman parte en algún momento de la escengrafía que firma aquí Paco Azorín, presidida por una enorme T de Troya caída.

 

 

El martilleo de un recuerdo

“Hécuba, Políxena, Casandra, Andrómaca, Briseida, Helena, esos nombres… u otros nombres cualquiera… a ellas se las rifarán para hacer más daño a los vencidos, para acabar con un país, con una cultura. Taltibio, el mensajero, lo recuerda desde hoy, porque jamás lo ha podido olvidar desde que estuvo allí, porque esa salvajada le ha quedado dentro para toda la vida, no lo ha dejado vivir ni morir. Por eso necesita contárnoslo cada noche, para liberarse de ese recuerdo que lo privó de la humanidad que ha de tener una persona”, relata Portaceli.

 

 

Ellas

Aitana Sánchez Gijón es Hécuba, la reina de Troya, líder de ese grupo de mujeres viudas. “Lo ha perdido casi todo, y a lo largo de la función perderá lo poco que le queda, sus hijas y su nieto. Representa ese dolor de todas las mujeres víctimas, a las que va dando voz”. Maggie Civantos es Helena, la que dicen fue culpable de que se desencadenara la guerra. Pero eso no es más que otra excusa burda y machista para burlar la verdadera responsabilidad, la absurda lucha de poder, que siempre es masculina. Alba Flores es Políxena, la hija pequeña de Hécuba, la primera que cae presa de los griegos vencedores. No es un personaje que estuviera presente originalmente en la tragedia, pero la versión de Conejero la ha rescatado. Gabriela Flores es Andrómaca, “un personaje que representa lo femenino y la igualdad entre hombres y mujeres, pero también la barbarie y el sufrimiento que sufren las mujeres durante la guerra”. Miriam Iscla es Casandra, una mujer de la que consideran que ha perdido la cabeza, pero “en realidad es una visionaria que sabe el futuro y eso le da una cierta tranquilidad, pero que le provoca una gran soledad y tristeza. Ha decidido voluntariamente el celibato y por eso es vilipendiada”. Pepa López es Briseida, que “guarda cierto paralelismo con Helena, otro botín de guerra, que dice que se siente huérfana de Troya y viuda de Aquiles aun no siendo su mujer”. Finalmente, Ernesto Alterio es Taltibio, el encargado de comunicar el destino de estas mujeres, labor compleja y eslabón de aquellas guerras con las guerras de hoy.

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