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Las bicicletas son para el verano

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La bicicleta de los sueños perdidos

 

El motivo de su reposición en el centro se debe a la celebración del 40 aniversario del mismo, y que mejor manera de hacerlo que con la representación de la obra estrella del autor y ganador del Premio Lope de Vega en 1977.  Tras comenzar su gira en el teatro Fernán Gómez en abril del 2017, regresa al escenario de la Sala Guirau para cerrar este viaje por los teatros de España.

 

Como sucede con los grandes textos clásicos, (éste lo es en su ámbito  contemporáneo.) Las bicicletas son para el verano es de esas obras que deberían estar con frecuencia en las carteleras nacionales. Sin embargo, han pasado ya 35 años desde su estreno en el Teatro Español, y 14 años desde su reposición.

 

Obra de teatro escrita por Fernando Fernán Gómez. Se estrena con éxito de crítica y público en el Teatro Español de Madrid el 24 de abril de 1982, con dirección de José Carlos Plaza. Este montaje se trasladó del Teatro Español al Centro Cultural de la Villa donde permaneció cerca de tres meses.

 

Vuelve a la cartelera uno de los textos más representativos del teatro español contemporáneo y el mejor y más celebrado de su autor, Fernando Fernán Gómez, solo comparable a El viaje a ninguna parte. Esta versión teatral sigue estando dirigida por César Oliva, pero ha sufrido algunos cambios en su elenco desde su estreno en 2017. Ahora son Rocío Muñoz, Diana Peñalver, Patxi Freytez, Víctor Sevilla y Teresa Ases, algunos de los intérpretes en llevarla a cabo.

 

En el verano de 1936 estalla la Guerra Civil. En la ciudad de Madrid, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos, Manolita y Luisito, comparten la cotidianidad de la guerra con la criada y los vecinos del edificio. Luisito, a pesar de haber sido suspendido, quiere que su padre le compre una bicicleta. Pero la situación va a obligar a postergar la compra. Y el retraso, como la propia guerra, durará mucho más de lo esperado.

 

Y con esta aparente sencillez nos van hablando de la cotidianidad de la guerra, de cómo se suceden los días, de sus contradicciones y de cómo cambian las situaciones. Todo ello con un humor sublime, aquel que destilaba el que fuera un maestro en burlar a la vida.

 

A personajes de la talla de Fernán Gómez se les echará siempre de menos. Sus ojos vieron tanto y su mente comprendió tanto que nunca deberían haberse ido. Serían de una gran ayuda para que las generaciones posteriores pudiésemos comprender mejor el mundo que nos ha quedado (para bien y para mal, porque él no era perfecto tampoco). Al menos nos quedan sus obras para guiarnos de alguna manera. Al menos nos queda su rápida solución ante el asqueo del mundanal ruido patrio: ¡Váyase a la mierda, a la mierda! Sergio Díaz

 

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

 

 

 

 

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