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Nerea Riesco: “Descubrir a esas mujeres, que tenían un abanico tan grande para poder desarrollarse, ha sido sorprendente”

Nos vamos a Sevilla. Allí nos espera la periodista, locutora y escritora Nerea Riesco con nueva novela bajo el brazo. Y es que Nerea está presentando en estos días Los lunes en el Ritz, una novela apasionante que nos lleva a uno de los hoteles más famosos de todo el mundo y a toda una serie de asuntos acaecidos entre sus habitaciones, salones y pasillos, a la España de antes de la República, a un país en el que todo estaba cambiando, pero en el que las mujeres aún tenían que conformarse con ser bonitos elementos decorativos, algo que a Martina Romero y su grupo de amigas, las protagonistas de la novela, no les resulta suficiente

 

 

Por Javier Fernández Jiménez/@Castillos_Aire 

 

 

De nuevo una mujer muy fuerte como protagonista, ¿te gusta verte reflejada en tus novelas o escribes sobre mujeres fuertes porque echas en falta a mujeres así cuando lees?

Siempre digo que todos los personajes soy yo, incluso el malo más malo y despreciable. Me parece imposible formar la personalidad de un personaje creíble sin realmente sentirlo y si eso significa que tengo un poco de Martina… bienvenido sea.

 

Nos hablas de una sociedad muy desconocida para casi todos, porque a primeros del Siglo XX en nuestro país una mujer podía votar, torear, pilotar un avión… incluso divorciarse, parece mentira que estemos hablando de la misma España que estamos viviendo hoy…

Así es. Precisamente mientras me documentaba, porque el proceso de documentación ha sido distinto a las otras novelas, que como sabes son novelas históricas y siempre recurres a libros de historia, a cuadros y a otras cosas por el estilo, me he sorprendido. Esta vez he tenido a mano información diaria de los periódicos de la época. Cuando empecé a ver esas imágenes de las mujeres en las universidades, las mujeres votando, las mujeres en el congreso o pilotando aviones… Después de que nuestro recuerdo, o al menos el mío, sobre cómo vivió mi abuela o cómo se vivió durante los años posteriores, esta información y esta realidad resulta una sorpresa, descubrir aquella España tan moderna y con esas mujeres que tenían un abanico tan grande para poder desarrollarse es sorprendente.

 

¿De todo lo que te has encontrado durante la documentación, qué es lo que más te ha sorprendido?

Una cosa que me ha sorprendido mucho es que en muchas ocasiones yo abría el diario de 1935 y parecía que estaba leyendo el diario del día, porque las noticias sobre Cataluña son muy parecidas. Incluso, cuando hago las presentaciones, que llevo imágenes de esos diarios se puede ver la huelga general de Barcelona, con las cargas policiales y estábamos viendo lo mismo, muchos años después en los informativos del presente. Esa es una de las cosas que más me sorprendía. También me sorprendió el tratamiento periodístico que se daba a la información, el filtro de lo políticamente correcto no existía en aquellos años y realmente había muchísimas noticias sobre maltrato con violencia de género, padres que envían a sus hijas de 13 años a un hombre de 50 ó incluso la noticia del torero Cagancho que, junto a su cuadrilla, le dio una paliza a la novia de él. Y ver esas informaciones y comprender que no hemos arreglado nada da un poco de dolor a mi corazón.

 

Es como si hubiésemos tenido un largo paréntesis pero todo siguiese igual…

Sí, pero con más lastre. Si nos fijamos en el esfuerzo que ha costado el que se entre en el Valle de los Caídos a recuperar los restos de gente, de uno u otro bando, que estaban allí sin que los familiares quisieran que estuviesen… son cosas que duelen. Para poder entender lo que ha pasado y lo que seguimos viviendo, hay que mirar hacia atrás y yo tenía muchas ganas de mirar hacia atrás y de llegar a esa época de la Segunda República porque yo al menos no lo he estudiado hasta ahora. Ahora que hago muchas presentaciones con personas de distintas edades me doy cuenta de que en este país no hemos estudiado la Segunda República y es interesante saber qué pasó, qué se cocinaba en ese periodo de tiempo tan corto para que todo derivara en lo que derivó.

 

Para ambientar tu historia te has ido a uno de los hoteles más conocidos del mundo, el Hotel Ritz, donde ha convivido lo más granado y lo más horrible de nuestra sociedad… ¿por qué este hotel en particular?

Quería ir a un lugar que fuese testigo de la historia, por allí han pasado personajes que han marcado y determinado la historia, no solo de nuestro país, sino de todo el mundo. En el Ritz se hospedó Mata Hari o Winston Churcill… en fin, es un lugar que recoge prácticamente toda la historia del Siglo XX e incluso del XXI y además quería un lugar que siguiese vigente, que la gente pudiese acercarse hasta allí. Fíjate qué giro del destino, porque a finales de febrero se cerró durante dos años para hacer obras. Antes, escribiendo la novela, fui por allí y fueron muy amables, contándome la historia, contándome los entresijos, hablándome de cada rincón, de esa profesión tan curiosa que es la de restauradora de alfombras y que tiene tanta importancia en la novela… quería que estuviese vivo, que fuese un personaje más de la novela y el Ritz me lo permitía, además de ese toque ‘arriba y abajo’, porque por un lado podía mostrar la gente de la alta sociedad que iba allí a tomar el té con el meñique levantado y por el otro esas otras personas que atendían a esa gente o que malvivían al otro lado de las puertas giratorias del Hotel Ritz de ese Madrid tumultuoso.

 

¿Hasta qué punto ha sido apasionante la escritura de esta novela?

Escribir esta novela tenía la particularidad de que disponía de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional y he tenido a mi disposición, prácticamente, todos los periódicos de cada día y encontré una revista que me encantó, el Crónica, a la que debéis echarle un vistazo porque es una revista maravillosa que ha servido prácticamente de biblia para Los lunes en el Ritz. Era una revista un poco particular, a la que podríamos comparar ahora con Interviú porque tenía algunas imágenes de mujeres ligeras de ropa pero a la vez publicaba reportajes de investigación, había información sobre moda, sobre los españoles que estaban triunfando en Hollywood, había también anuncios curiosísimos. Era una revista muy completa que me ofrecía una visión muy global sobre la sociedad de la época… una vez que conseguí todos los números de esta revista ya no pude dejar de leerlos, desde 1929 hasta que, lamentablemente, Madrid se sitió y tuvo que dejar de imprimirse. El proceso de documentación ha sido un descubrimiento y un placer.

 

 

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