Subir

Natalia Sánchez: “Ahora mismo el machismo está en otro sitio en nuestra sociedad, pero sigue súper presente”

 

Luis Luque dirige este montaje sobre la obra de David Mamet, un verdadero tour de force para los actores. A Natalia Sánchez le acompaña Fernando Guillén Cuervo en escena.

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

¿Cuál había sido hasta ahora tu relación con el teatro de David Mamet?

Me relacionaba inconscientemente, porque había visto cosas suyas sin saberlo, pero no lo tenía como un autor habitual. Y a raíz de la obra me he metido más a fondo, le he conocido bien, he tenido mis más y mis menos con él y, bueno, ahora estamos en paz.

 

¿Qué te decía tu instinto tras la primera lectura de Oleanna?

Es una obra muy controvertida, una obra de una primera lectura complicada. Puesta en escena tiene otro peso, pero cuando la lees por primera vez, te la tienes que volver a leer, o al menos a mí me pasó, porque la primera lectura deja muchos cabos sueltos, me faltaban datos, y me puse en un sitio no muy a favor de la obra. Luego cuando me la volví a leer y me metí un poco más, entendí que no, entendí por qué estaba ahí cada palabra, entendí la controversia de la obra y por qué quería hacerla.

 

La obra tiene 25 años y no solo no ha envejecido sino que casi se ha revalorizado.

Creo que está más de actualidad que nunca. Las cosas con distancia se pueden valorar mejor, pasa mucho con la comedia, cosas que cuando se estrenan la gente todavía no es capaz de reírse, porque está muy reciente y tienen que pasar años. Y con esto igual. Ahora mismo el machismo está en otro sitio en nuestra sociedad, aunque sigue muy presente, súper presente, pero está en otro sitio, y eso permite que la obra se acepte mejor, se entienda, y se sepa el por qué y para qué de esta obra. No que se juzgue sin más, si no entender el por qué.

 

Bueno, no solo el lugar del machismo ha cambiado en los últimos años, creo que si ha cambiado el lugar del machismo es porque también ha cambiado el lugar del feminismo de alguna manera, hay algo mucho más visible, más presente, con mucho más valor y respeto.

Confío en que esto no sea un conflicto eterno. El feminismo surge de una necesidad. Me encantaría en un futuro no tener que hablar de esto, ni siquiera tener que hablar de paz, porque implica que hay guerra y necesitas paz, pero creo que cada vez hay más conciencia social, afortunadamente las redes sociales sirven también para eso, para la difusión inmediata y con un alcance muy superior a lo que se tenía antiguamente, y esto ayuda, beneficia mucho.

 

De unos años a esta parte, parece que la juventud ha vuelto a ganar legitimidad para enfrentarse a los estamentos establecidos.

Sí, justo desde hace unos años, el tiempo al menos en el que yo he vivido con consciencia, veo una sociedad joven con un motor muy grande de cambio, con unas ganas tremendas de cambio, de hacer justicia, ganas de que la gente entienda que la empatía es posible, que otro mundo es posible, aunque suene muy genérico, pero es así. Y los jóvenes, por la información que tenemos y la capacidad de entender, creo que estamos en una posición de poder muy importante.

 

Esto que comentas, a la hora de hacer el personaje, ¿sientes que te carga con una energía distinta o añadida?

Me carga de mucha energía, empiezo la función con energía pero a medida que va avanzando hay más, hago el mismo recorrido que el personaje: empieza aparentemente suave, como un conflicto que está en su mundo, y acaba de verdad luchando por una justicia que ella considera universal. Ya no actúa solo por sí misma, sino que habla por ella, por su grupo, por una sociedad, por las mujeres, por los hombres, habla como en representación, en nombre de todas aquellas personas que se encuentran en una situación desfavorecida de poder respecto a otro.

 

Hay multitud de temas que se tocan en la obra: el acoso, la lucha de poder, el lenguaje, lo políticamente correcto… de todo esto, ¿qué crees que es lo más crucial que termina destilando la obra?

Ufff… eso es algo muy personal, porque a cada uno la ficha le cae de un sitio, planta la semilla donde cada uno deja que se plante, donde necesitamos, pero para mí es fundamental el amor y el respeto. Esta función para mí habla de eso, de que a veces no damos importancia a los problemas de los demás, los menospreciamos, a la actitud de los demás, a las necesidades ajenas, y nos volvemos un poco… bueno, como que ponemos un telón de acero y no dejamos que nos cale, también por instinto de supervivencia, sí, claro, pero a nivel social hace falta más empatía, hace falta que nos concienciemos más, escuchar más al otro y entender que toda opinión es válida y toda opinión tiene su origen, su por qué… su por qué y su para qué, que es casi lo más importante.

 

Vienes de hacer Ninette y un señor de Murcia, nada que ver…

Sí, es un cambio radical, Ninette era una fiesta cada vez que se levantaba el telón, y aquí es más un compromiso, aquí se requiere otro tipo de trabajo, allí éramos cinco actores, una comedia con sus puntos de drama, pero fundamentalmente una comedia, y esto es una tragedia al más puro estilo Mamet. Hay un mensaje con una carga muy importante que hay que mantener arriba toda la obra y hay que defenderlo, y somos dos actores, sin salir del escenario, sin descanso, sin beber agua…

 

Esto es la esencia del teatro, el conflicto puro, una situación, un objetivo, un antagonista… ahí te hace falta un buen compañero siempre…

Sí, es fundamental, en teatro no se puede trabajar solo, y si lo haces es una pena, porque quiere decir que no está tu compañero o compañera, pero es esencial tener alguien con quien compartir el viaje. Y el público también es otra parte importante, cuando de pronto hay un día que hay menos público, por lo que sea, porque hay fútbol, porque llueve… de pronto se nota un montón la energía, no es la misma, cada persona, cada butaca, es fundamental, son dos ojos, un cerebro pensando, un corazón sintiendo y latiendo.

 

¿Qué tipo de pautas os ha dado Luis Luque para enfrentar la obra y los personajes?

Desde el principio ha buscado con nosotros y ha sido muy honesto en lo que le pasaba, cuando no sabía explicar algo lo decía claramente, él ha querido hacer una obra sin posicionarse en ninguno de los dos personajes, ha querido defenderlos a los dos, a muerte, y creo que es la parte más increíble de esta función. Simplemente te plantea una historia, no se posiciona en ningún personaje, ni marca ningún camino más que otro, si tu te dejas llevar vas dando tumbos hasta que… van cayendo gotitas, vas sembrando tu camino y al final tú eres quien decide dónde te posicionas, o si te posicionas. Ahí entra ya el carácter de cada cual. Es una función de luces y sombras: las luces son muy fuertes, pero las sombras son tremendas. Es contundente.

 

Me venía acordando de que te entrevisté cuando debutabas en teatro con Los ochenta son nuestros. ¿Cómo sientes que has evolucionado como actriz?

Afortunadamente en cada trabajo que se me presenta aprendo un montón. Si echo la vista atrás, a Los ochenta son nuestros… buff… ha llovido mucho, a nivel personal, a nivel interpretativo… y tengo otra edad, otro momento de mi vida. Los ochenta fue una experiencia maravillosa, fue con lo que empecé en el teatro y fue lo que hizo que me picara el gusanillo, y ahora ya no puedo salir de aquí. Y ojalá dentro de otros 8 años volvamos a hablar y lleve otras cuantas obras hechas.

 

Oleanna

Autor: David Mamet

Director: Luis Luque

Intérpretes: Natalia Sánchez y Fernando Guillén Cuervo

Teatro Bellas Artes. Del 6 de septiembre al 15 de octubre

No hay comentarios

Publicar un comentario