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Natalia Menéndez: “Tebas Land es la tragedia más inquietante que he leído en lo que va de siglo”

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

Durante las vacaciones de 2015, después del Festival de Almagro, cayó en manos de Natalia Menéndez, de forma misteriosa, el texto de ‘Tebas Land’, del autor franco-uruguayo Sergio Blanco. La directora se lo leyó del tirón y ahí mismo decidió que tenía que montar esta impresionante obra. Dos años después, coproducida por Salvador Collado y Kamikaze, el deseo se hace realidad en El Pavón Kamikaze, claro.

 

Yo estoy muy acostumbrado a leer teatro y esta obra me ha sorprendido prácticamente en cada página como muy pocas… No he dejado de apuntarme frases, ideas… Ni siquiera es una dramaturgia fragmentaria, es que hace trizas todo y cobra un nuevo sentido la escritura teatral.

Para mí es la tragedia más inquietante que yo he leído en el siglo XXI. Y es verdad, no es una frase comercial. Creo que Sergio Blanco rompe con muchas ideas preconcebidas que podamos tener sobre la dramaturgia. Es una nueva forma de autoficción, pero el propio autor se plantea en la obra qué es ser un artista contemporáneo. Es la búsqueda de un lenguaje propio y de alguna manera novedoso. Creo que lo consigue y a mí es lo que más me llamó la atención. A parte de los temas que toca, es la forma cómo los toca. La leí de una tacada y me sedujo, me atrapó mucho. Pero mucho, ¿eh?

 

¿La decisión de montarla es tuya o te llega a través de un encargo?

Estando de vacaciones, una persona a la que no conocía me la hizo llegar. Me dijo que me había escuchado en una entrevista en Radio Clásica y pensó que podía interesarme este texto. Fue algo un tanto misterioso. Y como estaba de vacaciones, pues me la leí. Y según acabé lo tuve clarísimo, quería montarlo a toda costa. En aquel momento estaba con Salvador Collado queriendo montar otra obra que finalmente no hicimos, y él me preguntó si yo tenía otra cosa en mente que pudiera producir. Y le dije: sí, acabo de descubrir un texto que es una barbaridad, se llama Tebas Land. Y resulta que Salvador la conocía y conocía a su autor, a Sergio Blanco, porque habían traído un montaje al Festival Iberoamericano de Cádiz. En seguida nos pusimos de acuerdo y se lanzó a producirla. Luego ya, al llamar a Israel Elejalde para interpretarla, surgió la idea de coproducir con Kamikaze y estrenar en el Pavón.

 

¿O sea, que te la leíste en unas vacaciones post-Almagro?

Sí, sí, en agosto de 2015, estando en Portugal, lo recuerdo perfectamente.

 

Hace dos años ya. ¿Ha costado levantar el proyecto o es que hasta ahora no había podido ser?

No, ha tenido que ser ahora, antes no habría podido. Tampoco tenía una prisa enorme por hacerlo, pero no he dejado de pensar en ello. Ha sido ir haciéndolo poco a poco, por ejemplo, encontrar al actor joven idóneo era importante. Creo que el reparto, finalmente, es estupendo. Estoy muy contenta.

 

¿Has tenido la oportunidad de conocer a Sergio Blanco?

Sí, claro, y está encantado. Me ha dado toda la libertad posible para hacer nuestra adaptación, porque estaba escrita originalmente en español de Uruguay y ha habido que hacer una versión en castellano. Nos hemos encontrado en varias ocasiones, tanto en Madrid como en Montevideo, me ha dejado más obras suyas y me lo he leído todo. Me parecía muy importante conocer su mundo. Es una persona muy interesante. En diciembre vendrá a Madrid con otra obra los días 27, 28 y 29 de diciembre. Y probablemente podamos hacer algún encuentro en el Pavón Kamikaze. Me encantaría que el público madrileño conociera a Sergio, porque es un tipo muy talentoso, con una cultura amplia y espléndida, siendo tan joven como es.

 

¿Qué es lo que más te ha inquietado al abordar el montaje?

Lo que más me ha preocupado es que tenga muchos colores, que realmente se vean bien todas las aristas que tiene la obra, no intentar ablandarlo. Se trata de mantener esa sorpresa que tiene la primera lectura, no perder eso nunca de vista. Siempre lo intento, en cada cosa que hago, pero en Tebas Land no olvidarte de la primera lectura me parece fundamental.

 

La obra plantea muchos temas, pero la cuestión principal es la que tiene que ver con el parricidio, en sentido literal y en sentido simbólico, con ese concepto freudiano en juego de matar al padre. ¿Has tenido que hacer, digamos, investigación psicológica con todo esto sobre la mesa?

La verdad es que ya pensé mucho en eso de matar al padre cuando monté Don Juan Tenorio. Aquí me interesa más qué pasa cuando un hijo es maltratado. ¿Se le puede llamar padre a un maltratador? ¿Cómo se cría y cómo se permite el crecimiento de un niño maltratado? Un hijo sufre todas las consecuencias del maltrato a su madre y a él mismo durante toda su infancia y adolescencia, desde la epilepsia, hasta matar al padre. Son las consecuencias del maltrato. ¿Es un parricidio si matas al que te está maltratando?

 

Esa escena en la que el chaval habla de cómo su padre le llamaba idiota, una y otra vez, que no sirves para nada… es sobrecogedor. Y este caso es extremo, desde luego, pero en el día a día se oye mucho a los padres decir a sus hijos, inocente y alegremente, mira que eres tonto y cosas así, sin ser conscientes del daño que podemos generar a largo plazo…

La palabra tiene un grandísimo poder, también para el maltrato. El maltrato oral aquí ha sido muy bestia del padre al niño, y le marca mucho. ¿Cómo un niño, cómo su educación emocional y sentimental se desvirtúa, se va a la quiebra, con esta relación de maltrato? No podemos crear un ser sano, y no hace falta que pensemos en una máquina de matar, en un asesino en serie. Es una persona muy especial, que a mí me llama la atención, y cómo se produce ese encuentro entre un autor y un supuesto parricida, y esa búsqueda de luz, cómo se puede tratar mejor a una persona, cómo mostrar que el buen trato hace que las personas puedan cambiar, puedan mejorar, puedan no ser monstruos… todo eso es lo que está en juego en la obra.

 

La relación entre los dos personajes me hace pensar también en el tema de la representación, el otro de los temas, creo, importantes aquí. Incluso el chico se cuestiona en un momento dado la ética de la representación. Hay una frase, llena de ingenuidad, que me encanta, que de pronto el chico dice: “entonces nada es nada”, como haciendo un descubrimiento casi filosófico sin darse cuenta.

Depende desde qué punto lo mires. Si es desde el punto de vista ingenuo con respecto a la verdad, a lo verosímil, a lo creíble, saltan muchos conceptos y en cada momento como que vas tomando tus propias decisiones. Dar vida, matar… ¿qué es? Yo vengo de hacer la dirección artística de una exposición -y parece que esto no tiene nada que ver con esto que hablamos, pero verás que sí-, es una vertiente de mi actividad profesional de la que no hablo mucho; es una exposición sobre calcos del paleolítico. Los primeros calcógrafos (una profesión que no existe como tal, pero in facto sí que ha existido), para poder calcar, lo que hacían era mojar la pintura, entonces al tiempo que la estaba anulando, que la estaba matando, la estaba reviviendo también, puesto que la estaba sacando de nuevo a un papel y gracias a eso podemos saber qué pinturas había en tal cueva. El arte a veces mata, pero también crea, hace vivir. Hay una reflexión que inunda la obra todo el tiempo sobre los conceptos de verosímil, creíble, verdad, ficción… Y luego está la dimensión de lo curativo, lo terapéutico, el análisis, la búsqueda de la palabra como manera de curar. Ahí está también.

 

Es un texto inmenso, desde luego. Pero yendo más a lo teatral, quería preguntarte por el trabajo con los actores, porque los personajes son muy de muñeca rusa, de sacarte una capa, ponerte otra, entrar y salir todo el rato. ¿Cómo lo habéis afrontado?

Buscando. Hay que intentar no ser más listo que el texto ni más demostrativo. Preservar el misterio, ir avanzando y descubrir las capas y todas las identidades posibles.

 

Sergio Blanco fija la idea al principio de que Israel hace dos personajes, el autor y el director, pero realmente a medida que vas leyendo ves que se fusionan, no parece que los diferencie mucho… ¿Por qué lo hace así el autor?

No lo sé muy bien, él es muy lógico, muy matemático. Por un lado son tres y por otro lado son cuatro, son tres personajes aunque son cuatro, y el tiempo es uno. Es un poco pirandelliano, en el sentido de uno, mil o ninguno. Está ese juego ofrecer algo poliédrico, de múltiples caras, donde uno puede desarrollarse, porque finalmente Martín y Federico casi se unen, no sabes muy bien quién es quién. Llegará un momento en el que el espectador tenga que elegir.

 

El texto también plantea un dispositivo de vídeo, de generación de imágenes que convive con la acción. ¿En tu montaje está así también?

Sí, aquí entra en juego la idea del ser mirado, del otro. Sergio habla mucho de esto, acaba de hacer una conferencia, La mirada sensible, que es bien interesante, sobre ese hecho de que somos mirados permanentemente, nos miran y nosotros miramos. Me parecía imprescindible jugar todo eso de las cámaras de la cárcel, y al tiempo la cámara del casting… imprescindible como otro personaje más. Nos multiplica a nosotros también.

 

Me había hablado mucha gente de esta obra cuando se supo que iba a estar en el Pavón, pero al leérmela… es como cuando empezábamos a leer a Mayorga, que decías: este hombre es de otro planeta.

Sí, totalmente, he tenido mucha suerte de que me lo dieran a leer, y ya te digo, alguien que no me conocía de nada.

 

Hay algo de misterioso ahí, ¿no?

Sí, y resulta que nos unen más cosas a Sergio y a mí de lo que a priori pensé. Ha sido una suerte de casualidades…

 

O causalidades…

Exacto. No sé de dónde viene esto, pero en cualquier caso está siendo un viaje con el autor maravilloso, sorprendente e increíble, por su autoría y a nivel personal también.

 

 

 

OCHO VERANOS EN ALMAGRO

 

Oye, no quiero desaprovechar la ocasión para que me cuentes algo sobre el Festival de Almagro, que has dirigido los últimos 8 años y que acabas de dejar. ¿Has hecho balance? ¿Qué sensaciones tienes?

Cuando he hecho un poco balance de todo lo realizado, me siento muy de acuerdo con lo hecho, creo que ha sido una aventura muy rica para mí, donde me he dejado la piel, ha sido fundamental el equipo, o los equipos, porque han pasado muchas personas por el festival a lo largo de estos 7 años, 8 ediciones. He hecho hasta donde he podido y por eso también me voy, es la manera más honesta de estar en los sitios, estar hasta donde puedas hacer.

 

Siempre he tenido la sensación de que has puesto el festival en un punto donde no ha estado nunca, de repercusión, de calidad, pero siempre había como una sensación de que remabas a contracorriente, o que al menos el presupuesto no te acompañaba.

Sí, es así, claro, ha sido así, la cuestión presupuestaria ha sido fundamental, empezar con casi el 50% menos que el director precedente para empezar. A partir de ahí, siguió bajando con la crisis y luego volvió a subir un poquito, pero vamos, del 2009 a ahora sigue faltando al menos un millón de euros, que es una barbaridad. No hemos podido producir, por ejemplo, hemos podido coproducir, pero no producir, hemos tenido que apretar las tuercas a todo un equipo de una manera salvaje, y el equipo ha respondido muy generosamente, porque también probablemente permitía otras cosas, dar cancha a la creatividad, a la imaginación, al crecimiento… Pero un poco atada siempre, un poco mucho. Creo que lo que sí se ha entendido es que este festival es una fuente de riqueza, no solo para el alma. Espero que se siga apoyando y cada vez más. No solo este festival, sino todo, toda la cultura.

(Un silencio dramático)

Porque siempre había una cuestión en el aire… que yo lo hacía bien con lo que tenía, pero sabía que lo podía hacer mejor con más, pero el que tenía que darme decía: pero si ya lo haces bien para qué quieres más, ¿no? No se dan cuenta de que llega un momento en que las personas se desgastan, los equipos se deterioran, no puedes estar jugando con lo mínimo para hacer lo máximo. Llega un momento en que todo eso, evidentemente, produce agotamiento… y ya está.

 

 

©Vanessa Rabade

 

TEBAS LAND

Tomando como tema central la figura del parricidio, el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco escribe esta obra que aquí van a protagonizar Israel Elejalde y Pablo Espinosa. Está inspirada en el legendario mito de Edipo, en la vida del santo europeo del siglo IV San Martín y en un expediente jurídico creado e imaginado por el propio autor en el que se narra el juicio de un joven parricida llamado Martín Santos. Se estrenó en 2014 en Buenos Aires, en el Teatro Nacional San Martín, y desde entonces no se ha dejado de hablar de Tebas Land, la última pieza de un autor (nacido en Montevideo en 1971 y radicado en Francia desde 1998) que tiene otros títulos igual de interesantes, como El salto de Darwin, Kassandra o Barbarie.

El Pavón Teatro Kamikaze. 22 nov – 7 enero

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