Subir

Marito y los #tuiteatreros

 

Con motivo de la vuelta a Madrid, en su gira de despedida, de la obra La omisión de la familia Coleman, los #tuiteatreros escriben sobre este mítico montaje argentino escrito y dirigido por Claudio Tolcachir con su compañía de la sala Timbre 4 de Buenos Aires.

 

Ka Penichet / @KaPenichet

En un encuentro online con Marcos Ordóñez, recuerdo que osé preguntarle qué opinión tenía de los #tuiteatreros: “¿Son ese grupo entusiasta que hace excursiones -a veces ultramarinas incluso- para ver el mejor teatro? ¡Que no decaiga!”

Para no tener perfil en Twitter, qué acertado estaba, porque entre otros, los #tuiteatreros organizaron un viaje en 2014 a Buenos Aires para ver La omisión de la familia Coleman en Timbre 4, montaje que se estrenó allá por el 2005 y que algunos aventajados ya habían visto en Madrid en su primera venida en 2006 dentro de la programación del Festival de Otoño o en 2008 en la sala pequeña del teatro Español.

Un día pregunté a estos entusiastas qué tenía que hacer yo para sacarme la chapita de #tuiteatrera, a lo que muy amablemente me indicaron que nada, sólo twittear sobre teatro.

Hoy en día, me atrevería a afirmar que no eres #tuiteatrero hasta que no hayas visto esta obra universal dirigida por Claudio Tolcachir que habla de las relaciones familiares y que yo no pude descubrir hasta principios de este año en Paseo La Plaza, en Buenos Aires.

Ahora regresa a Teatros del Canal con siete únicas funciones para despedir la gira europea. Si aún no has ido a verla, dejo esa decisión en manos de mis queridos #tuiteatreros para que a través de sus testimonios os terminéis de animar.

¡Yo repito!

 

María José López / @twiteatrera

Cuando los tuiteatreros organizamos el viaje a Buenos Aires, fundamentalmente para ver teatro, sin duda, una de la paradas imprescindibles en nuestro mapa era el emblemático Teatro Timbre 4. De ese magnífico escenario porteño, todavía retengo escenas de Tercer cuerpo y La omisión de la familia Coleman, ambas firmadas por Tolcachir. Ahora en Madrid, que Los Coleman finalicen gira europea en mis queridos Teatros del Canal, es de nuevo motivo de celebración por el buen teatro, por las amistades teatreras y por los nuevos horizontes de exploración.

 

Carmen Gil / @TigraTeatrera

No me gusta el costumbrismo, sin embargo, Tolcachir es un genio contando la vida sin pretensiones y con poesía de a pie.

 

María José Mendoza / @reteatrera

La vi en el singular espacio de Timbre 4 y la recuerdo como un torrente vibrante de situaciones y de relaciones muy reales y muy tremendas. Virtuosismo en la dirección de escena.

 

Carmen Colino / @bo_pip

Hace años, cuando se gestaba el grupo de lo que hoy se conoce como “tuiteatreros”, había una especie de consigna que delataba afinidades: “Has visto Los ojos, de Pablo Messiez? ¿Y Los Coleman, de Tolcachir?” Era una especie de santo y seña que definía gustos e intereses. Tiempo antes había abierto mi cuenta de Twitter a propósito del estreno de Los Coleman en Matadero para mandarle un tweet a Tolcachir diciendo: “Qué suerte, qué suerte, qué suerte que esta noche voy a verte.” Repetiré.

 

Luigi / @Guixp11

“Cuando despertó, Marito todavía estaba allí.”

Tolcachir nos mostró el retrato de una familia en eterna y canalla crisis a través de un juguete perfecto, de mil engranajes, que resultó ser un espejo incómodo y premonitorio. Acabó la función con el teatro puesto en pie y tratando de recuperar el ritmo cambiado de su respiración. No habíamos visto nada igual, tan sencillo y perfecto, en años. Era, en definitiva, un hito. Y así lo vivimos. He tenido la ocasión de corroborarlo en otros escenarios. Y por suerte volveré a confirmarlo en octubre. Marito está instalado en mi imaginario teatral junto a Bernarda, Nina, Segismundo o Willy Loman.

 

Santos / @SLSeco

¿Marito? Yo no me acuerdo de nada. Es cierto que durante una época, las conversaciones tuiteatreras sobre algún montaje excepcional terminaban igual: “Pero, ¿es mejor que Los Coleman? Ah no, como Los Coleman no”. Tendré que verla de nuevo. Ahora que lo pienso, sí recuerdo algo: el chisporreteo frío de un tubo de neón y la desolación del instante final en el que el tal Marito descubre la soledad.

 

Eugenia Criado / @GeniaCriado

Me fascinó vivir la soledad de esos personajes a través de unos actores llenos vida. Escorada en primera fila pude esbozar El viento en un violín en Matadero. Tuve que viajar a Buenos Aires para completar la triología y ver la La Omisión de los Coleman. Qué viaje tan grande.

©Eugenia Criado

1 Comentario

Publicar un comentario