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Llorenç González: “A nivel artístico es una especie de presentación en público, ya no como actor, sino como creador”

Aunque tiene una larga trayectoria teatral la mayoría de los espectadores le reconocerán por su participación en las series Gran Hotel o Velvet Colección o el film El sexo de los Ángeles. Este mes el actor trae a los Luchana su trabajo más personal, un montaje creado a raíz de un viaje en solitario que hizo por Argentina que ahora podremos revivir junto a él.

 

Por D. Hinarejos

 

Todo surge de tu viaje a Argentina. ¿Por qué Argentina y por qué solo?

Sentí la necesidad de viajar solo, no porque sí, sino con un deseo y una intención muy clara, dar validez y acompañamiento a mi manera de afrontar el día a día desde lo que soy; mi manera de ver, de sentir, de disfrutar, de viajar. Con mis miedos, mis virtudes, mis límites, mis aciertos, mi sentido del humor, etc. Mi manera de ser, al fin y al cabo, que es única, ni mejor ni peor que todas las demás, sino simplemente la mía. Escogí Argentina porque desde siempre he sentido una conexión especial con Latinoamérica en general y el mundo del tango siempre me ha atraído mucho. Además quería ponérmelo fácil en la cuestión del idioma.

 

Ya sé que no era la intención sacar provecho profesional, pero ¿qué poso te gustaría que te dejara el espectáculo resultante de aquella aventura?

Es evidente que a nivel artístico es una especie de presentación en público, ya no como actor, sino como creador. Me gustaría que me aportara la suficiente confianza como para seguir en este camino creativo para futuros proyectos. Que me liberara de algunos miedos, que me aportara la valentía necesaria para mostrar una sensibilidad determinada. Y por supuesto, el compartir con el público mi viaje. Sin un público que me acompañe en este viaje, no tiene sentido contarlo.

 

 

¿Cuánto de lo que escribiste o pensaste en el viaje hay en la obra? ¿O todo es resultado de la reflexión posterior?

Al volver de mi viaje no tuve para nada la intención de convertirlo en un monólogo, pero cada vez tengo más la sensación que casi sin querer, en mi cabeza, lo estaba escribiendo mientras lo vivía. Durante el viaje tomé notas de anécdotas y curiosidades y sí que escribí, inspirado por los maravillosos paisajes naturales, tres relatos que están incluidos en el espectáculo. Sí que es cierto que me doy cuenta de que muchas veces veo las cosas que acontecen a mi alrededor, o las que me pasan a mí, con el filtro de la literatura o la dramaturgia.

 

Muchos elementos como para sólo catalogarlo como monólogo al uso. Recitas, cantas, hay proyección de imágenes, música en directo…

Ni yo mismo sé cómo calificar exactamente el espectáculo. Yo digo que es un monólogo para simplificar y porque tiene mucho de ese género, pero es verdad que hay muchas otras herramientas teatrales. Creo que mi principal objetivo fue, y sigue siendo, el de conseguir que el imaginario del público se desperece y empiece a generar imágenes con aquello que les voy contando, y no solo imágenes, sino sensaciones, olores incluso. Empleé mucho tiempo en dotar al texto del adjetivo concreto para contar cada momento.

 

¿Por qué era tan importante la música en directo? Y, además, conviertes al músico que te acompaña en un actor más…

Era esencial porqué la música es un personaje más del espectáculo y que por tanto también actúa en ese presente absoluto que es el teatro cada día. La misma canción, o el mismo momento dramático son sutilmente distintos cada función porque la escucha entre Txema Cariñena, el maravilloso pianista, y yo, es cada día también distinta. Y por supuesto tenía que ser en directo porque cantar y tocar algún instrumento está, digamos, dentro de mis habilidades artísticas y se trataba de aprovecharlo.

 

 

Que proceso has disfrutado más. Pensarlo, escribirlo, crear las canciones y tocarlas, dirigirte a ti mismo junto a Iñigo Asiain, repasar el viaje, ponerlo todo encima del escenario…

Al ser un camino nuevo, el crear un texto para ser enseñado, creo que he disfrutado de cada parte del proceso, con todos sus altibajos, y por tanto con plenitud. La escritura, los ensayos, y ahora mismo por ejemplo, estoy aprendiendo mucho en el terreno de la producción y la manera de vender el proyecto, que es algo que hasta ahora nunca había experimentado.

 

Hay mucha gente que asociará tu rostro con la televisión pero eres un actor curtido en el escenario. Con un proyecto tan personal como éste, ¿estás especialmente nervioso?

Mentiría si dijera que no. Estoy inquieto. Tengo que gestionar constantemente la preocupación por querer conseguir que se vendan muchas entradas y una intención más profunda y no tan triunfalista, de agradecer la posibilidad de estar en un teatro en Madrid y poder mostrar aquello que he creado con tanto cariño. Me gustaría que quien viniera a ver el espectáculo viniera con la intención, sobre todo, de escuchar.

 

 

Eres uno de los fundadores de la Compañía Els Pirates Teatre que gestiona la sala El Maldà Teatre en Barcelona y sigues colaborando en muchos de sus proyectos. ¿Cuál es la situación actual de la sala y la compañía teniendo en cuenta lo complicado que es cualquier llevar a cabo cualquier proyecto cultural?

Creo que El Maldà Teatre está en un momento en el que está de moda. Y no gratuitamente, claro está. Hay un trabajo detrás muy constante, muy cuidado, consensuado, ilusionante, con unas líneas cada vez más claras y definidas y muy particulares como podrían ser el Maldà en Dansa (una semana exclusiva de propuestas y workshops de danza)   o el Maldà 1700 (una serie de conciertos de música antigua bañados con chocolate caliente para los asistentes)  que sea han convertido en sellos exclusivos, además de una programación basada en el apoyo a compañías jóvenes, emergentes, producciones propias siempre con una presencia clara de la música y la inclusión de trabajos de actores y actrices con mucho recorrido en el ámbito del teatro que ha conseguido fidelizar a un público numeroso. Yo por una cuestión geográfica no puedo estar en el día a día pero participo de las reuniones y decisiones que se van tomando.

 

Gran Hotel, ahora Velvet, dos grandes proyectos televisivos de nuestro país. ¿Cuánto tiene cambiar un actor el chip al pasar de la tele o el cine al teatro y viceversa?

Hay diferencias evidentes, sobretodo en las cuestiones técnicas. Y en cuanto a la interpretación, creo que son matices significativos pero el motor interno y la capacidad de juego están siempre presentes.

 

Como dice la canción brasileña que inspira el título hay que ir ‘tocando al frente’, ¿que ves en tu horizonte?

El futuro está por escribir pero me gustaría seguir creando historias. Creo que ideas me sobran hasta para dos vidas.

 

Tocando al frente. Teatros Luchana. A partir del 3 de nov.

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