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FiraTàrrega. Las calles serán siempre nuestras

Por Neus Molina / @NeusMolina

 

Si una cosa demuestra, año tras año, FiraTàrrega es su capacidad para seducir y deslumbrar a grandes y pequeños, y aunque suene típico y tópico, es así. La Fira, que es feria de exhibición para programadores y fiesta artística y social, celebraba este años su 37ª edición. Tàrrega sigue siendo una referencia para las artes de calle en Cataluña y en España, principalmente por su apuesta atrevida y a la vez cercana y dinámica. Este 2018 parece que el ambiente pre once de septiembre (Diada en la comunidad catalana) no se ha notado demasiado. Otros años han coincidido en la fecha. Tàrrega se percibe todavía como un oasis donde reina la cultura y la calle, sin crispaciones ni equidistancias. El espacio está aquí, y más en este año convulso en el que la ciudadanía ha querido hacer suyo el grito “las calles serán siempre nuestras”.

 

Pero hay diferentes Tàrregas: la de la calle y los nostálgicos, la de los comediantes esporádicos y la Tàrrega de sala o de site.

 

Tàrrega era históricamente el lugar de peregrinación de los universitarios de letras: acampada, fiesta y conciertos. Estos, veinte años después, vuelven con los niños y comentan que antes había más diversión. La segunda Tàrrega es la de los artistas esporádicos. Hacer malabares por las calles durante la feria es como tocar el trombón por las calles de Nueva Orleans pasando la gorra. El lugar donde todo se cuece pero donde el artista de calle todavía no ha entrado. Mira y se expone de lejos. Esperando que alguien lo cace al vuelo. La última Tàrrega es la de los sites y los profesionales, la de los que vamos con un nombre colgado en la acreditación. Esta es posiblemente la Tàrrega del autoconsumo, es la que más cuesta de juzgar y entender. Un buen ejercicio es sumar el nombre de programadores que hay en un espectáculo para saber si tendrá éxito o no. Acostumbran a ser espectáculos encriptados que de tan conceptuales y contemporáneos, causan una extrañeza a menudo vergonzante.

 

Joan Catalá y los freaks

“Frikis, sois todos unos frikis”, gritaba una de las acróbatas del espectáculo de Joan Catalá. Catalá presentaba su work in progress titulado 5.102 m/s en referencia a la velocidad aproximada a la que el hierro transmite el sonido. Un espectáculo made in Catalá. Si en Pelat jugaba con la madera ahora lo hace con el metal. Catalá nos recibía en Cal Trepat. Encerrados en este enorme hangar de las afueras del pueblo targarí, descubríamos sonidos y texturas metálicas combinados con danza, acrobacia y música de xilófonos. Joan Catalá ha sabido encontrar el equilibrio entre la fuerza física y una fina ironía, casi parodia, donde el mismo hace burla de los discursos exaltados de los artistas cuando definen su propia obra. Doblegando un tubo de metal, una voz en off, la de él, contaba qué era el arte combinado con citas célebres de Mariano Rajoy: “el alcalde y los vecinos…” Nada más le faltaba decir que “el arte es morirse de hambre”.

 

Joan Catalá 5.102 m/s

 

Adhok, los reyes de Tàrrega

Un grupo de abuelos y abuelas avanza con pasos inseguros, mirada perdida y la bandeja de la merienda en las manos por la plaza del Carmen. Pero esta aparente fragilidad deviene pronto en pura energía, tan pronto roban un cucurucho de churros a una viandante estupefacta y redescubren el placer de la libertad. Se trata de Issue de secours de la compañía francesa Adhok, que ha enamorado unánimemente al público de la Fira con su trilogía, que se completaba con L’envol y Le nid. Tres espectáculos que hablan del paso del tiempo, de la esperanza y de los sueños, y los hacen ocupando la calle, interactuando con el espectador, que no puede hacer nada más que sentirse identificado. Yo de aquí a diez años quiero ser feliz, gritaban los chavales de L’envol representando la juventud. El público aplaudía: todos queremos ser felices.

 

Adhok. Issue de secours

 

Las Impuxibles son fieras

Acompañadas por la bailarina Helena Gisbert y, como es habitual, el piano, Clara y Ariadna Peya, les Impuxibles, interpretaron Painball, un espectáculo pleno de simbolismo. Las hermanas Peya buscan la abstracción y el sueño a través de sonidos y pelotas de tenis. Abarrotando el espacio de exhibición, las Peya vuelven a repetir en Tàrrega y de nuevo no decepcionan. La noche del sábado se cierra con un concierto de Clara Peya al piano y algunos invitados espontáneos como Laura Grande rapeando himnos feministas: “Somos fieras, respétanos cuando vamos por las aceras”.

 

Impuxibles. Painball

 

 

Como siempre, la Fira ha sabido encontrar espacios para los más pequeños y este año los más aclamados han sido los Hippos de Quim Bigas y Zum Zum Teatre. Grandes hipopótamos azules, irreverentes y discotequeros, dignos del mejor Saturday night fever bailando en la Plaza del Carmen rodeados de niños y no tan niños.

 

Tàrrega cierra una edición marcada por la relectura del espacio público y sus posibilidades artísticas, pero también democráticas y transformadoras. La última edición de Jordi Durán como director artístico ha puesto un punto y final pero también ha dejado un legado sobre cómo mirar y comprender las artes de calle. Más allá de Comediantes o de La Fura. Recogiendo la tradición para proyectarla. Es posible que este año se hayan visto pocos targarinos en los espectáculos de sala, puede ser que la Fira haya ganado a la Fiesta en los sites, pero las calles siguen siendo del público. Las calles siempre serán nuestras.

 

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