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José Luis Gómez de Unamuno

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer 

Fotos: Sergio Parra

 

 

Hace años fue Azaña y ahora será Unamuno. El académico José Luis Gómez reúne en este monólogo cartas, poemas y discursos del gran intelectual del 98 para glosar sus últimos días, el tiempo de reclusión, soledad y desencanto, el tiempo de “desnacer”. Unamuno en toda su complejidad intelectual sobre las tablas del Teatro de La Abadía, después de encarnarlo en el cine en la película ‘La isla del viento’ (2015)

 

 

¿Es esta obra una prolongación lógica de la película que dirigió Manuel Menchón?

No exactamente. La película me permitió un reencuentro con la figura de Miguel de Unamuno. Yo leí a Unamuno a mis 18 o 19 años, antes de irme a Alemania, y la película de algún modo reavivó un interés de juventud por una figura que en aquel momento me conmovió mucho. Sin embargo, al leer tanto sobre él para la película, evidentemente aparece algo de lo que yo no era consciente: el apoyo de Unamuno al movimiento que encabezó el general Franco. Ahí surgieron un montón de incógnitas, porque pese a ese apoyo inicial, Unamuno protagoniza con el discurso del Paraninfo de la Universidad, cuando pronuncia el famoso “venceréis, pero no convenceréis”, uno de los hechos de mayor valentía intelectual de la Historia de España. A partir de ahí, quise examinar todo ese momento, y eso es lo que ha acabado convirtiéndose en el centro y razón de este espectáculo.

 

¿Por qué apoyó Unamuno el golpe de Franco?

Él apoyó la República, proclamó la República en Salamanca, fue diputado a las cortes constituyentes. Pero luego se siente incómodo y muy a disgusto con la aparente incapacidad de la República para mantener el orden público y evitar los desmanes que se produjeron, como el asesinato de Calvo Sotelo y otras muchas cosas. Entonces apoya el golpe de Franco, confiando en que pondría orden, pero ve que lo que ocurre a su alrededor son desmanes iguales o mayores, porque los que iban a restablecer el orden y la ley, ajustician y asesinan sin ley ni orden.

 

 

©Sergio Parra

 

 

Esa contradicción lo convierte en un personaje muy interesante para ser interpretado…

Él dice, en una de sus maravillosas frases: “se me acusa de ser un hombre de contradicciones. El que no se contradice es que nada dice”. Sí, es muy matizable, muy contradictorio y muy polémico y lo que he intentado con este espectáculo es entrar en esa enorme contradicción que sufren y viven muchísimos intelectuales españoles de la época, desde Marañón a Ortega. Unamuno escribe: “esta es una guerra contra el liberalismo, no contra el bolchevismo”. Y es verdad. Los totalitarismos europeos, el español también, de inspiración fascista, no querían ver ni en pintura al liberalismo. Es una guerra contra el liberalismo y, como sabemos, sus consecuencias son trágicas. Es el suceso más grave de la Historia de España, el más grave. Nunca antes este país se vio así escindido y nunca los españoles se mataron así entre ellos, con ese salvajismo. Y nunca hubo una represión como la que hubo después de la guerra. Los desaparecidos durante la guerra y la posguerra suman más que todos los desaparecidos de todas las dictaduras latinoamericanas juntas, esto conviene recordarlo, es algo muy serio.

 

¿Esto es teatro político?

Hombre, por favor, el teatro siempre que interviene poéticamente en la realidad, es político. Desde Esquilo, que interviene en la realidad ateniense con Los persas, y Sófocles con Antígona. Y de ahí a Fuente Ovejuna y hasta Brecht. Esa intervención siempre está dictada por la salud de la comunidad, para ayudar a que la comunidad sea y esté más sana, y eso es algo que nosotros hemos querido siempre desde La Abadía. Aquí nos encontramos con el tema de la memoria histórica, un tema candente y necesario. Hay españoles que entienden que es un tema que no hay que volver a tocar. Pero ahí está la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que se preocupa por dar buena sepultura a tantos asesinados injustamente. Esta asociación no tiene ninguna ayuda del Estado y funciona con donaciones de entidades extranjeras. Creo que es una situación anómala, no es una situación saludable para la democracia española. La democracia, y nosotros como demócratas, tenemos algunas asignaturas pendientes.

 

¿Cómo se puede abordar esto?

Por un lado, desde la perspectiva de la reconciliación, por supuesto, porque los españoles estamos reconciliados, sí, pero todavía hay mucho mal de fondo. Por otro lado, desde la perspectiva del perdón, que es fundamental. Pero claro, el perdón no se puede otorgar ni no hay alguien primero que lo pida. La memoria histórica es un tema que, desde la reconciliación y el perdón, es abordable. Dice Unamuno: “Profeso que lo que ciertos cuitados han dado en llamar la anti-España, no es sino otra cara de la misma España, que nos une a todos con nuestras fecundas adversidades mutuas. A nadie, sujeto o partido, grupo, escuela o capilla, le reconozco la autenticidad y menos aun la exclusividad del patriotismo. En todas sus formas, aún las más opuestas y contradictorias, siendo de buena fe, cabe salvación civil”. Yo me apunto a eso.

 

Por eso también, traer a Unamuno al momento actual es interesante, cuando se percibe una exacerbación de la polaridad, de los extremos…

Evidentemente. Hay un texto de Unamuno, del 32, que te pone los pelos de punta dicho ahora: “Un referéndum ha venido a ser esa votación del Estatuto de Cataluña y la que se ha hecho en mi tierra vasca, y la que se hará acaso en otros sitios. Pero eso es realmente absurdo. Una cosa compleja, no se puede votar. Un pueblo nunca se entera suficientemente de eso”… fíjate lo que está diciendo. “Se dice la voluntad popular, pero el pueblo no tiene voluntad en asuntos de estos tan complejos. Es de quienes lo dirigen o tratan de dirigirlo, y la mayor parte de las veces ni se entera el pueblo de lo que ha votado”. Fíjate. Año 32. Y habla de hoy.

 

 

©Sergio Parra

 

 

Precisamente hablando del texto, me gustaría saber si hay un guiño a la obra de Unamuno que se titula El otro, porque el personaje que dialoga con Unamuno se llama, precisamente, El otro.

Esto es una anécdota que quiero que recojas, porque es esencial. Yo estoy en el sur trabajando con Pollux Hernúñez, que me ayudaba dramatúrgicamente y me hacía aportación de material, porque yo no soy tan experto en Unamuno. Hay dos personas que han sido fundamentales en la aportación de material, Pollux y Jean-Claude Rabaté. Y a Pollux le digo: mira, tengo una idea de cómo comenzar el espectáculo. Sale el actor -yo- y empieza a repasar un texto que va luego a decir, y se va arreglando la chaqueta. Sale como Unamuno, y se pone delante de un espejo y de pronto se asusta porque su imagen cambia, si es de color se pone en blanco y negro, es el mismo pero con otra actitud: se le aparece Unamuno, que le pregunta: usted quién es, usted qué hace aquí, usted se ha disfrazado de mí, usted no es yo, no puede serlo, no se llame a engaño. Y de pronto me dice Pollux: oye, tú no sabes que hay una obra de Unamuno que se llama El otro. Digo no. No la había leído. Entonces me la leo y efectivamente, en el segundo o tercer acto hay una escena que es calcada a esta. Es lo que yo llamo muchas veces en el proceso artístico conocimiento transpersonal. Hay cosas que suceden de un modo… no me atrevo a decir milagroso o misterioso… yo lo llamo así, conocimiento transpersonal. Esta es una de ellas, felizmente.

 

UNAMUNO: VENCERÉIS PERO NO CONVENCERÉIS

Teatro de La Abadía. Del 14 de febrero al 4 de marzo

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