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‘El tiempo entre nosotros’ en Naves Matadero

La posibilidad de ser otro

 

 

Por Álvaro Vicente/@AlvaroMajer

 

 

El creador argentino Fernando Rubio trae a Madrid su performance de 108 horas, en las que un hombre vive en una casa construida sobre la Nave 10 del Matadero abierta al público.

 

Un hombre abandona su ambiente para ocupar una casa de madera construida en la azotea de la Nave 10 de Matadero. La relación que ese hombre entabla con los desconocidos que visitan la casa se convierte en hecho estético. Ese hombre, en Madrid, va a ser Juan Loriente, un actor acostumbrado a las experiencias escénicas llevadas al límite, sobre todo en las obras de Rodrigo García, que las ha hecho casi todas desde 1999. También ha trabajado con La Ribot, con Ana Vallés (de Matarile Teatro) o con La Fura dels Baus. Durante cinco días, 108 horas, Loriente conversará, escribirá y habitará esa casa ante la presencia de todo aquel espectador que quiera pasarse por allí entre las 9 de la mañana y las 11 de la noche.

 

 

 

 

En busca de la utopía

“En mis obras busco concretar la utopía de establecer lazos de profundas e inalterables conexiones entre los actores, espectadores y los objetos utilizados a través del diálogo entre el teatro, las artes visuales y el pensamiento sobre la construcción de las ciudades y los espacios de la Naturaleza”. Son palabras de Fernando Rubio, el creador de esta performance duracional estrenada en 2015 en Buenos Aires, segunda parte de la trilogía que empezó con Cuando éramos chicos y que seguirá con Y todo lo demás. La obra indaga durante 5 días ininterrumpidos sobre nuestras costumbres y transformaciones a través de la acción de dejar el lugar acostumbrado para repensar nuestro vínculo con lo que nos rodea y habitar de una manera siempre cambiante los días, las horas, las relaciones, el espacio. A su vez el objeto espacial, la casa, descentralizada de los lugares comunes de emplazamiento en las ciudades, reflexiona y pone en crisis el lugar físico y simbólico que habitamos. La casa abierta es algo que no responde a una costumbre en casi ninguna de las culturas actuales, por ende la acción que determina el movimiento del objeto plantea el mismo diálogo crítico que el movimiento del hombre-actor de su lugar de comodidad.

 

 

Planes y horarios

El espectador, visitante, voyeur interviene en la realidad de la casa, cuyos horarios están pautados pese a la aparente imprevisibilidad. Loriente se despierta cada día a las 9h00. Almuerza, se baña, escucha música, lee a Samanta Schweblin, conversa e invita a beber a alguien, mira películas como Manuel y Elisa de Manuel Fernández-Valdés, Zerkalo, de Tarkovsky o Le déménagement, de Chantal Akerman. Dialoga con invitados excepcionales y escribe en su cuaderno rojo. Lanza fragmentos del relato El tiempo entre nosotros. Sale de la casa. Camina. Escribe en las paredes. Pregunta acerca de pequeñas cosas como el tiempo o estar solo. Camina hasta el río. Barre la casa. Saca fotos. Vive. Los visitantes pueden compartir todo eso con él, aunque hay determinadas actividades para las que hay que reservar plaza (en naves.matadero.org lo tenéis todo). “Busco resignificar el espacio en que nos encontramos para establecer nuevas afectividades entre conocidos y desconocidos”, dice Fernando Rubio. Aunque de lo que significa la vida como espectáculo no dice nada. Quizás sea una conclusión apriorística, pero hay quien vive permanentemente en jornada de puertas abiertas. No es tan raro.

 

 

EL TIEMPO ENTRE NOSOTROS

Naves Matadero

Del 18 al 22 de abril

 

 

 

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