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¿El arte es prescindible?

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

Señales preocupantes

Nosotros tenemos claro que la respuesta a la pregunta formulada en el titular es NO, así, rotundamente. Pero claro, nosotros no somos nadie, somos un mero transmisor de cultura. Pero los que tienen poder sobre la cultura o la cultura en su poder están haciendo movimientos preocupantes: se han vendido cuadros del museo Thyssen para resolver deudas personales; las ciudades, sus teatros, sus edificios emblemáticos, sus estaciones de metro, son pervertidas por mensajes comerciales; la asignatura de Literatura Universal pasa a ser optativa. Son señales que convierten a la cultura en un lince, no por sagacidad, sino por su condición de animal en vías de extinción. Esta preocupación está en el origen de esta obra escrita y dirigida por Ernesto Caballero, que además de ser el actual director artístico del Centro Dramático Nacional, es dramaturgo que invierte horas ociosas en la creación. “Cuando tomé posesión del cargo, en plena crisis, las restricciones y limitación de recursos para la cosa cultural eran tremendas. Yo mismo me veía en una contradicción: estoy aquí tirando con cuatro perras y sí, es verdad que hay prioridades, pero una sociedad avanzada tiene que encontrar puntos de equilibrio entre el alimento del espíritu y las necesidades más apremiantes”.   

 

Distopía satírica

Argumento: en un futuro no muy lejano, la crisis financiera que sacude Europa obliga al Estado español a desprenderse de su patrimonio artístico. Ante la posibilidad de la venta de Las meninas, una afamada monja copista recibe el encargo de realizar una réplica exacta del original de Velázquez. “La decisión de llevarlo al futuro encierra un juego que tiene algo de provocación -explica Caballero-, una provocación maliciosa que tampoco deja de ser amable. Ubico la acción dentro de 20 años porque eso me permite extremar una deriva. La ciudad es ya en sí misma patrimonio y está siendo arrasada por el tsunami financiero y económico. De eso habla la obra. Si finalmente se impone esa lógica que estamos empezando a vislumbrar, sobramos todos los que nos dedicamos a esta actividad. España es, o ha sido, una potencia cultural, atesora un patrimonio que muchas veces no se sabe gestionar adecuadamente. Y es una de las mejores inversiones que pueden hacerse, por todo lo inmaterial que comporta, pero también por todo lo material. Toda esa torpeza, ese cortoplacismo, ese economicismo primario, está puesto en esta reflexión, que es satírica, jocosa”.

 

La monja convertida en performer

El otro tema principal de la obra tiene que ver con el arte y con la condición de artista. La pintura y su historia está entre las pasiones confesas de Ernesto Caballero, que además se licenció en Historia del Arte. No es casual la elección de una monja copista, como tampoco lo es la elección de un cuadro como Las meninas, una obra en la que, por vez primera en la Historia, su autor se reivindica como artista, formando parte de la propia obra. Enfrente tiene a una artesana cuya individualidad, por su condición de monja, queda diluida, y por su condición de copista tiene una relación con el arte artesanal, de artista sin conciencia de serlo. “Todo esto -explica el director- me servía para reflexionar sobre cómo ha cambiado la modernidad la propia condición del artista, reivindicando su subjetividad. Por eso surgen las vanguardias tras el Romanticismo, herederas de esa reivindicación de la individualidad creadora. Esta monja se ve tentada en la noche, mientras trabaja copiando Las meninas, por el vigilante del Museo del Prado y va despertando en ella esa pulsión. En ese sentido, en la función surgen arrebatos y trances de posesión, que en este caso no es demoníaca, sino vanguardista. Igual que en El exorcista la poseída profiere latinajos, Ángela, nuestra monja, lo que dice son manifiestos futuristas. En un momento dado se ve como transformada en una suerte de Marina Abramovic. Es un juego teatral muy divertido que Carmen Machi despliega con brillantez, como no puede ser de otra manera”. Claro, es que la Machi… ¡es mucha Machi!

 

 

LA AUTORA DE LAS MENINAS

Teatro Valle-Inclán.

Del 15 de diciembre al 28 de enero.

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