Subir

Denise Despeyroux: “El neoliberalismo ha domesticado el amor para convertirlo en producto de consumo”

 

El programa 3D de dramaturgos contemporáneos vivos arranca en el Teatro Español con la producción y estreno de ‘Un tercer lugar’, de Denise Despeyroux, una de las voces más genuinas de nuestro panorama escénico.

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

Ese tercer lugar al que se refiere el título de la obra, ¿es un lugar más mental que físico? ¿Es una aspiración utópica pero que alimenta el deseo de seguir buscándolo? ¿Qué diablos es?

Lo de “qué diablos es” me gusta porque creo que transmite que hay una urgencia por encontrar “ese dichoso tercer lugar” y también, por supuesto, una dificultad. Parece que nos enfrentamos no solo a algo esquivo sino también enigmático… no se sabe muy bien ni lo que es ni dónde hallarlo. Pero vamos a los orígenes del título, que son de lo más remotos. Yo hallé y retuve ese concepto de “un tercer lugar” hace por lo menos veinte años, sin exagerar, cuando leí uno de los libros que más me han conmovido, Ensayo sobre el cansancio, de Peter Handke. En un momento de esa obra él habla del encuentro entre un hombre cansado y una mujer borracha y tal como lo cuenta es conmovedor, digamos que viene a ser una especie de encuentro verdaderamente íntimo y verdaderamente completo porque los dos son igualmente incapaces de oponer resistencias, no pueden hacer más que rendirse, entregarse. Este concepto de la rendición a mí me parece clave en el amor, y sobre todo en el enamoramiento. Siempre he encontrado de lo más certera a María Zambrano cuando dice que enamorarse es ser vencido pero sin rencor. El caso es que cuando Peter Handke habla de las dificultades por las que pasan un hombre y una mujer antes de llegar a convertirse en una pareja de ensueño, dice que tienen que haberse encontrado antes en un tercer lugar extraño a los dos, y aquí el párrafo de Handke es realmente ambiguo, o como mínimo es ambigua la traducción, porque no queda claro si ese tercer lugar es aquel donde los dos se encuentran juntos, o si es más bien el lugar donde cada uno de los dos deben estar antes del encuentro, por separado. Yo en realidad creo que es esto segundo, que ese tercer lugar sería el lugar necesario antes del encuentro genuino con el otro, y que es un lugar donde se está solo. Lo que pasa es que cuando escojo la expresión “un tercer lugar” como título de mi obra hago una pequeña trampa en relación a la cita, refiriéndome a ese tercer lugar como el lugar del encuentro, el lugar que no es ni del uno ni del otro. Sería un lugar que solo logra existir gracias a la conjunción de esas dos personas en ese momento. Y no sería un lugar neutro, sino absolutamente singular.

 

Es vergonzoso alargarme más, pero debo decir que hace muy poco y de pura casualidad, mi pareja Niall Binns descubrió que existe un sociólogo, Ray Oldenburg, que acuñó el concepto “tercer lugar” allá por los ochenta, para referirse a un lugar que se distingue de la esfera de la casa y del trabajo y que es necesariamente un lugar de encuentro. Lo que más me ha interesado de todo esto es que existe una nueva generación de bibliotecas, inspiradas en este concepto de Oldelburg, que aspiran a reproducir las características que él dice para convertirse en ese “tercer lugar”. Saber esto por supuesto me hizo recordar que el lugar donde Matilde y Tristán se citan y se besan por primera vez es una biblioteca.

 

La historia de Tristán y Matilde, que estaba apuntada en el proyecto de la sala Kubik Historias de Usera, se desarrolla aquí completamente. ¿Es el germen esta historia de toda la obra o ya tenías bocetados otros personajes que luego has ido cruzando?

La historia de Tristán y Matilde no es el germen de la obra, aunque sí ocupa un lugar troncal. Matilde dice que fue preparando su suicidio a trompicones, y yo podría decir exactamente lo mismo de esta obra. La fui escribiendo trompicones, a retazos, y a lo largo de mucho tiempo. Si soy estricta, las primeras situaciones surgieron en el marco de un taller que hice con Alfredo Sanzol en Barcelona, en 2009. Allí fue donde lo conocí y la verdad es que guardo recuerdos muy graciosos de ese curso y de algunas conversaciones sostenidas con él. En un momento, por ejemplo, recuerdo que me pidió que pensara en alguna situación que me indignara y yo era incapaz de encontrar ninguna, aunque él no me creyera… supongo que simplemente era incapaz de conectar con el sentimiento de indignación como motor para la escritura en ese momento. Así que él me sugirió que imaginara a alguien indignado porque acababan de despedirlo… el resultado que salió de ahí fue la primera escena entre Ismael y Carlota, que es una escena muy divertida, con una abogada que ama la filosofía y a la que solo le interesa hacer amigos. En otra escena de la obra, años después, un personaje le pregunta a esa abogada “¿Entonces usted cree que mi indignación es desproporcionada?” y ella contesta “Yo creo que la indignación siempre es desproporcionada, pero ese es un problema mío en el que no vamos a entrar”. Lo que quiero señalar es que en ese taller surgieron muchas de las semillas de esta obra. Solo un ejemplo más. Una propuesta era “pensad un lugar donde queráis que dos personajes se conozcan”. Yo elegí el teatro de Veronese, en el momento de la representación de “La noche canta sus canciones” de Jonh Fosse. Años más tarde recuperé a los personajes que se conocían en esa sala (que originalmente se llamaban Lautaro y Olivia) y los transformé en Tristán y Matilde para Historias de Usera. Tristán se convirtió en un neurótico obsesionado con su barrio y los hice conocerse en la sala Kubik Fabrik. Es decir, que el germen de Auge y caída de un amor en Usera ya existía en el proyecto de Un tercer lugar.

 

Lorena López y Jesús Noguero

 

¿Es una obra sobre el amor? Es decir, ¿es la forma de amarse en esta sociedad de neuróticos y egoístas lo que te preocupa?

Me preocupan mucho las formas de amarnos y de desamarnos en cualquier sociedad, para empezar en la nuestra porque es en la que vivo, claro, pero no porque la vea especialmente neurótica y egoísta. Sí creo que es una sociedad peligrosamente narcisista, y que el narcisismo y el amor conviven mal. El amor exige cierta renuncia a uno mismo, exige un detenerse en el otro, demorarse en el otro, perderse como única posibilidad de un encontrarse genuino. No es que lo diga yo, está estudiadísimo. En una sociedad ferozmente neoliberal como la nuestra, obsesionada con el rendimiento, donde somos a la vez amos y esclavos de nosotros mismos, el amor se ha domesticado para convertirse en un producto de consumo, sin riesgo, sin exceso, sin la capacidad de transgresión que por su propia naturaleza tiene. Paradójicamente, solo el amor puede ayudarnos a deshacer esta trampa: la trampa de que hay que estar todo el tiempo atento a uno mismo… es mentira y es enfermizo… el verdadero reto y la verdadera cura es estar atento al otro. El dichoso imperativo de la autenticidad es la forma neoliberal de la producción del yo, como se entretiene en explicar Byung-Chul Han, autor urgente en nuestros días, y en mi opinión está tan lejos de las tecnologías del yo estudiadas por Foucault, como de la sabiduría griega que recomienda el célebre “conócete a ti mismo”.

 

Para que no parezca que me desvío de la obra, ya que preguntabas por mis intenciones dramatúrgicas: mi urgencia en esta obra y creo que en todas en general es indagar exhaustivamente, pero también con delicadeza, en la naturaleza de los vínculos. Entendiendo el vínculo como algo precioso, valioso y necesario que se está volviendo frágil y huidizo en una sociedad que pretende sustituir las relaciones por las conexiones, expulsando la cercanía y en último término expulsando al otro.

 

El otro día leía Tebas Land, de Sergio Blanco, y en ella hay un asomo de alegato en un momento dado en favor de las “lecturas difíciles” (o así me lo tomé yo): uno de los personajes dice algo así como que hoy en día leemos cosas cada vez más fáciles. ¿Cómo lo ves tú, ahora que la filosofía, el ejercicio del pensamiento, cada vez está más lejos de todo? De las aulas lo primero y más preocupante…

Yo te diré que he tenido desde temprano cierta atracción hacia las lecturas difíciles. Pero no por ninguna especie de pose o de capricho, sino porque me ha parecido descubrir que hay cosas de las que solo puede hablarse oscuramente, ya que son necesariamente esquivas, misteriosas, y si se tratan de simplificar se traiciona su naturaleza y resultan pueriles. Estoy totalmente de acuerdo con el personaje de la obra que mencionas: proliferan las lecturas fáciles, rápidas, prácticas, y eso me produce un sentimiento de desazón. Hay una especie de invasión de ese pseudogénero llamado autoayuda y de libros sin ninguna voluntad de estilo ni el menor compromiso con el lenguaje como el delicado material que es. También carecen de rigor intelectual, por supuesto. Lo peor es que este problema se extiende también a otros ámbitos; al de la prensa y al del teatro por ejemplo, y a veces opino que hasta afecta el nivel de nuestras conversaciones. Tú me preguntas cómo veo que la filosofía sea arrancada de las aulas… pues en perfecta consonancia con todo esto, lo veo. Como diría Nicanor Parra: “La catástrofe es una e indivisible”.

 

Vanessa Rasero y Giovanni Bosso

 

Más que Dios, más que los astros, más que la psique… ¿es el amor el mayor misterio de la Humanidad?

Borges dice que “la amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras fases de esta confusión que es la vida”. Así que en definitiva podemos vivir sumergidos en el misterio, aunque también podemos vivir de espaldas a él y absortos en nuestro propio ombligo, claro. Creo que hoy, como venimos comentando de antes, corremos el riesgo de perder al otro como misterio y como enigma… Lévinas decía que “el otro es un enigma que nos mantiene en vela”. En una sociedad neoliberal y narcisista como la nuestra, donde lo fundamental es esa idea del rendimiento, lo único que puede apartarnos de la depresión es el vínculo con el otro. Es necesario recuperar al otro como fuerza redentora, como misterio, como enigma, es necesario luchar por mantenernos en vela.

 

Pasando a tu faceta de directora, ¿escribes todo el texto antes de ponerte a dirigir o se termina de escribir a pie de escena, con el concurso de los actores?

He tenido experiencias de ambos tipos, son muy distintas y las dos me fascinan. En las últimas producciones, esta del teatro Español y la anterior del CDN, los textos estaban escritos en su totalidad antes de comenzar los ensayos. Pero me encanta el vértigo de escribir durante el proceso de ensayos, “a pie de escena” como lo llaman, algo que he practicado por ejemplo en Carne viva, y que me parece de lo más perturbador a la par que saludable. Una situación privilegiada, que de alguna manera combina ambas modalidades, sería la que han practicado a veces autores como Alfredo Sanzol y Pablo Messiez, a quienes admiro profundamente. Ellos han tenido en alguna ocasión un periodo de talleres o ensayos, en los que han propuesto el germen de un universo que luego se ha ido desplegando con los actores, y han gozado después de un tiempo para parar y escribir antes de volver a ensayar. Me parece un procedimiento maravilloso que podríamos tratar de extender, porque en esos meses de escritura en solitario escribes a medida de un elenco que es ya cómplice de un imaginario. Eso mismo es lo que ocurre cuando escribimos a pie de escena durante los ensayos, lo que pasa es que en ese caso la presión es muy fuerte, por la combinación de ensayos y escritura con la inminencia del estreno, más todavía si se trata de una autoproducción como suele ser en estos casos. Por eso me anima mucho que algunas productoras apuesten por esa fórmula digamos “mixta”, y confío en que con el tiempo, y a la vista de tan buenos resultados, sean más las productoras que se sumen a este modelo y más el número de autores y autoras por los que se apueste.

 

Pietro Oliveira y Sara Torres

 

¿Cómo afrontas, visual y plásticamente, este montaje? 

Esta obra tiene alguna peculiaridad con relación a otras obras mías, y esa peculiaridad también se verá de alguna manera reflejada en el montaje. Para empezar, es por un lado una obra coral, con seis personajes (y seis actores) que sin embargo se relacionan únicamente en escenas de dos. Una de las decisiones que he tomado sobre la puesta es que todos los actores van a estar durante todo el tiempo en escena. A veces, los que no protagonizan la escena simplemente están mirando; en cambio en las escenas que se desarrollan en lugares públicos los actores pasan a formar parte de la situación (aunque no representando sus personajes de la obra). Curiosamente las tres escenas más íntimas de la pieza, que son las escenas de amor entre Tristán y Matilde, se desarrollan en lugares públicos, como la biblioteca o el teatro.

 

Otra de las características de la pieza es que tiene un total de 8 localizaciones, un exterior y 7 interiores, por eso necesitaba un espacio versátil. Cierta dosis de “realismo” que en general me gusta tener a nivel plástico en mis piezas la proporciona en esta ocasión una gran estantería plagada de utilería. Me he confiado al delicado trabajo del equipo que forman Eduardo Moreno, Pau Fullana y Mariano García para el diseño y ambientación de este espacio, que habría de tener algo de la calidad de ese “tercer lugar” del que hablábamos al principio.

 

Más allá de este estreno puntual, ¿cómo sientes tu lugar en este momento en esto que llamamos dramaturgia contemporánea? ¿Es difícil sobrevivir o es una entelequia siquiera imaginar que se puede vivir de la dramaturgia? 

Considero que estoy en un lugar privilegiado en el sentido de que voy consiguiendo un reconocimiento dentro de la profesión. Será la segunda vez que me produzca un teatro público y eso me parece un privilegio motivo de alegría. Otra cosa es ese turbulento asunto al que llaman “vivir del teatro”. Creo que es más afortunada o por lo menos más precisa la expresión “vivir para el teatro”. Algunos (diría que bastantes incluso) vivimos para el teatro porque es lo único que deseamos/necesitamos/sabemos hacer, y en consecuencia, al tiempo que tratamos de escribir obras y sacarlas adelante, damos clases o talleres (aclaro que me encanta), aceptamos encargos variopintos (con suerte hermosos y con mala suerte tétricos) y hasta nos dejamos contratar para escribir culebrones. Esa ha sido la suerte de mis últimos meses y debo confesar que la celebro y estoy deseando que se repita. Es verdad que es un trabajo muy absorbente difícil de compaginar con otro tipo de escritura, pero llevaba exactamente 12 años sin la experiencia de cobrar una nómina tres meses seguidos y diría que ha sido… en fin… apabullante… el caso es que me ha gustado.

 

 

UN TERCER LUGAR. Teatro Español. Del 16 de noviembre al 17 de diciembre

Autora y Directora: Denise Despeyroux

Intérpretes: Jesús Noguero, Vanessa Rasero, Sara Torres, Pietro Oliveira, Giovanni Bosso y Lorena López

No hay comentarios

Publicar un comentario