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Carlos Zamarriego: “‘Inestables’ es una obra sobre la desigualdad y las relaciones de poder en el mundo empresarial”

 

Carlos Zamarriego escribe y dirige ‘Inestables’, un thriller interpretado por Blanca Jara y Edgar Costas que, durante 80 minutos, explora los límites de la ética y la ambición situando al espectador entre lo correcto y lo incorrecto. Una historia sobre el poder y la desigualdad en el ámbito laboral que puede verse todos los domingos en los Teatros Luchana

 

Por Sergio Díaz

 

 

¿Cómo se te ocurrió Inestables? ¿En qué te basaste para escribirla?

Siempre me ha preocupado la cantidad de violencia que absorbemos para poder convivir pero que se acaba manifestando a través de pequeños trastornos. Yo la llamo violencia estructural, y es muy visible sobre todo en las organizaciones empresariales. He trabajado durante mucho tiempo como creativo publicitario en pequeñas y grandes agencias donde el miedo a salir antes del jefe, las jornadas maratonianas delante del ordenador, los almuerzos exprés, los mensajes de trabajo en vacaciones… eran el pan de cada día. Ni te imaginas la de gente a la que he visto llorar de impotencia al salir del trabajo. Y en este mundo deshumanizado de conductas impostadas, horarios imposibles, egos y jerarquías, me di cuenta de que las mujeres siempre tenían que demostrar un poco más, se enfrentaban al doble de dificultades, al doble de violencia. Así que lo que comenzó siendo una obra sobre el poder pasó a ser una obra sobre la desigualdad.

 

La obra tiene un aire un poco ‘hitchcoquiano’: hay un suspense narrativo muy acusado que se mantiene durante toda la obra… ¿era la idea principal para llevarla a cabo?

Sí, siempre me han fascinado las historias de misterio y suspense, esas de pocos personajes y escenarios claustrofóbicos. Naufragos y La ventana indiscreta son dos de mis películas favoritas de Hitchcock. En el teatro anglosajón hay otros ejemplos geniales, como La huella, de Anthony Shaffer, o Ha llegado un inspector de J.B. Priestley. En Inestables solo hay dos personajes que no se conocen, Noelia Carvajal y Gustavo Demir, y que estarán obligados a convivir en un apartamento durante un fin de semana para conseguir sus metas. El público sabe que se encuentra delante de una bomba de relojería desde el minuto dos, y eso es parte de su atractivo. Pero me fascinaba aún más usar los elementos clásicos del género para destapar esas conductas que hemos normalizado a pesar de su tensión intrínseca. Conductas que todos hemos vivido en el trabajo desde un lado o desde el otro. Por eso, al final, lo que mantiene más en vilo al espectador no es el futuro de Noelia y Gustavo, sino el suyo propio.

 

¿Qué le quieres plantear al público con este montaje?

Que no tenemos que regalar nuestra vida a cambio de nuestro nombre en una tarjeta, unos ceros de más en la nómina o un cumplido de alguien a quien no le importamos. La regalamos cuando dejamos que sean otros los que nos digan quiénes somos y qué es lo verdaderamente importante.

 

¿Crees que es difícil tener un comportamiento ético en el mundo de la empresa?

Creo que es complicado que en un organigrama vertical se pueda generar una verdadera meritocracia. Entre otras cosas porque el que está arriba nunca va a elegir o promocionar a gente que sea mejor que él. Por puro instinto de supervivencia.

 

¿Cuáles son tus ambiciones?

Con respecto a la obra, que se represente todo lo posible, claro. Hacer teatro en estos momentos es casi un pequeño milagro. Con respecto a mí, a lo único que aspiro es a poder seguir escribiendo. Y por suerte eso es algo que depende exclusivamente de mí.

 

¿Qué no harías por dinero?

Pues cambiar algo de mi obra. Sería como traicionarme a mí mismo. No lo haría ni por dinero ni por una crítica. Quien esté en este mundillo para forrarse o gustar, o se ha equivocado o va a sufrir mucho.

 

¿Ni por un millón de euros?

Por un millón de euros claro que sí (risas). No, es broma. En Inestables todo gira en torno a esa cifra porque es tan increíblemente absurda que parece mentira que haya gente que gane incluso diez veces más sólo por jugar al fútbol o hacer una película. Es algo a lo que nadie renunciaría sin sentirse un poco culpable, una cifra difícil de gastar, como reflexiona Gustavo en la obra. Y como no creo que me ofrezcan nunca esa cantidad, voy a pensar que me mantendría fiel a mí mismo.

 

 

 

Blanca Jara y Edgar Costas. Foto Lita Echeverría

 

 

 

¿Cómo has abordado el trabajo como director?

Pues en primer lugar separando a mi yo autor de mi yo director. Es la única manera de ser objetivo y ver lo que no funciona. Creo que dirigir no es imponer, sino saber escuchar y filtrar lo que da tu equipo para hacer más grande tu propia idea. Siempre que comienzo una obra, y antes de dar ninguna indicación, me gusta preguntar a los actores qué opinan de sus personajes. Y suelen sorprenderme con matices en los que no pensaba cuando los escribía. Cuando involucras a tus actores en el proceso de creación se nota en el resultado final. Y en Inestables no puedo pedir más implicación que la que dan Blanca Jara y Edgar Costas.

 

¿Te sientes cómodo si alguien dirige tus textos o prefieres abordar tú mismo esa labor?

Me siento cómodo si se establece una relación profesional honesta y de respeto mutuo. De hecho mi primera obra, Historias con H, se estrenó en Málaga bajo la dirección de Luis J. Barroso y quedé muy satisfecho. Aún hoy me encanta ver la versión que otros directores hacen de mis historias, siempre que respeten el texto. Pero es verdad que ahora siento que mis obras no dejan de escribirse hasta que se estrenan, y por eso el proceso de dirigir ya me parece indivisible a la tarea de escribir.

 

¿Cómo ha sido trabajar con Edgar y Blanca? ¿Cómo llegaste a ellos dos?

Blanca Jara es Noelia en Inestables, y además una de las mejores actrices con las que he trabajado. Tiene el don de hacer fácil cualquier texto, de aportar naturalidad hasta en las escenas más extremas o líricas, y se nota su gran experiencia en cine y televisión. Blanca deja entrar a su personaje poco a poco, hasta que se hacen uno. Es la tercera vez que trabajamos juntos (la primera vez fue en una pequeña obra llamada La distancia entre tus ojos y los míos) y siempre nos reímos porque ella dice que sus personajes viven conflictos que luego le suceden en la vida real. ¡Espero que con Inestables no sufra tanto como Noelia!

 

Edgar Costas es Gustavo Demir en Inestables y también uno de los mejores actores de su generación (y estoy seguro de que en unos años más gente pensará como yo). Es muy exigente y sabe jugar muy bien con su físico. Lo conocí hace tres años y es la tercera obra larga que hago con él después de El Escritor y Anoche soñé que me soñabas (las dos estrenadas en la sala La Nao 8), siempre interpretando personajes muy complejos que suelen acabar regular. Por eso me dice que va tocando ya un personaje un poco más buenazo, aunque yo sé que le encanta hacer de malo.

 

¿Qué feedback has recibido por parte del público en estas funciones que lleváis?

Muy diverso. O gusta mucho o no gusta nada, porque en realidad no preparamos al espectador para lo que va a ver. Durante la obra se producen muchas situaciones machistas contra Noelia que el público recoge de forma muy diferente, incluso riéndose, aunque parezca increíble. De alguna manera Inestables obliga a mojarse al espectador en algo muy sensible en estos momentos, en medio del movimiento #meToo y con un debate muy importante sobre la desigualdad de la mujer (a pesar de que yo escribí la obra hace tres años).  Los hombres suelen ver estas escenas con más distancia, pero las mujeres se sienten muy identificadas, hasta el punto que, al salir de la función, nos han contado experiencias muy parecidas a las que sufre Noelia. Incluso, en una entrevista de radio, una periodista que vio la obra se atrevió a contar un caso de acoso que sufrió en una empresa anterior. Esto nos motiva muchísimo y hace que todo el trabajo valga a pena.

 

 

INESTABLES

Teatros Luchana

Domingos a las 18h45

 

 

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