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Blanca Baltés: “Las mujeres del 27 sufrieron el peor de los exilios: el olvido”

 

Del encuentro entre la primera diplomática española, Isabel Oyarzabal, y la directora de cine Concha Méndez, nace este fresco escénico que rescata del olvido a un grupo de mujeres que forman parte, también, de la Generación del 27 y que merecen su restitución en la memoria colectiva.

 

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

Leer esta obra ha sido toda una experiencia que mezcla, en mí, emoción y vergüenza, vergüenza por todo este grupo de mujeres a las que no conozco en su mayoría…

Es que nos las han robado, literalmente, yo he alucinado mucho…

 

Quiere la casualidad que hagamos esta entrevista el día que ha muerto Carmen Franco…

A esta no la he sacado en la obra, no sé por qué (risas).

 

Esta no llegaba ni a marida (el club de las maridas eran las mujeres, todas esposas de hombres ilustres, que componían el Lyceum Club, fundado por María de Maeztu en 1926).

No, no, qué va, las maridas están, aunque todavía no tanto como las del grupo de Maruja Mallo y compañía, en el lado feminista de la vida, están en el Lyceum apoyando y sosteniendo, porque se daban cuenta de que ellas igual ya no, pero sus hijas ya no podían ir por el mismo camino. Fíjate que empecé a escribir esta obra por ahí, si entraban las maridas estaba todo arreglado, porque es lo más complejo de explicar: no hay que estar en primera línea para apoyar algo y estaban ahí, sin ellas no habría podido ser.

 

De todas formas, es Isabel Oyarzabal la que desencadena un poco esta obra, ¿no?

Sí. Ernesto Caballero (director del Centro Dramático Nacional) me encargó una obra sobre las mujeres de la Generación del 27. Se me cayó el mundo encima cuando empecé a descubrir a todas esas mujeres, porque hay muchas, pero no solo por el número, por los nombres, sino por lo que hay detrás de cada uno de esos nombres. Son muchas y con 5 actrices era todo un reto. Y Oyarzabal es la primera que vino, porque su vida recorre todo, es un eje fantástico. Da para visitar el mundo del teatro, el mundo intelectual, el mundo de la prensa, la política… de su mano podía llegar a cualquier sitio, de palacio a la calle. Y luego ella misma es fascinante, por su trayectoria y por ser nuestra primera -silenciada- diplomática, que tenía mucha retranca la cosa.

 

Y encontraste a Concha Méndez como contrapunto perfecto…

Claro, porque Concha era una de esas mujeres maravillosas que estaban en el grupo más acérrimo de las creadoras. Yo me hice una división, para mí, entre las activistas, las que tenían una presencia más intelectual o más encaminada a la lucha política y social, y las modernas, que eran las artistas, las Maruja Mallo, Josefina de la Torre… y Concha Méndez fue ahí mi gran descubrimiento, porque menudo personaje.

 

Ahí encuentras la estructura de la obra, en el encuentro entre ambas.

A partir de ellas dos ya tengo digamos un pie en cada lado, siendo todas lo mismo, porque las unas no se pueden explicar sin las otras, pero a partir de ahí tengo una especie de sancho y quijote y el contrapeso permanente. Con Concha vino la película, vino el cine, y ya por ahí tiré.

 

Concha dirige con Isabel una película en México, en 1960, sobre el episodio de 1937 en el que Isabel va a tomar posesión de su cargo como embajadora de Suecia y el embajador anterior se encierra en su despacho y no le abre la puerta. Supongo que hay parte de verdad y parte de fabulación en este argumento.

Lo de Isabel ante la puerta del embajador en Estocolmo es totalmente cierto, ocurrió, y es terrorífico. Esto me dio la situación dramática que necesitaba y que me valía como metáfora estupenda para hablar de todas esas puertas que se han cerrado a todas las mujeres durante tanto tiempo.

 

Uno piensa en el gesto teatral del proto feminismo, el portazo de Nora en Casa de muñecas, y resulta que aquí lo que quiere el personaje es abrir una puerta…

Así es. No se trataba de hacer algo memorialístico, quería darles vida y evidenciar cómo nos han robado la memoria y la obra de todas estas mujeres. Y sitúo la acción en México y en 1960 un poco para reconocer y homenajear lo que hizo México por nuestros exiliados y porque estas mujeres siguieron creando, siguieron luchando. Lo de las pintoras es espectacular, lo de Ángeles Santos, por ejemplo, te pone los pelos de punta, hay todo un mundo que siento que nos han robado. Deberíamos estar un poco enfadados todos con nuestra propia Historia y con cómo nos la contaron. Me leí el famoso ensayo de José Carlos Mainer, La Edad de Plata, y es que no nombra a las mujeres, ¡a ninguna! Cómo hemos podido explicarnos a Miguel Hernández, a Alberti… ¿Cómo podemos explicar a Alberti sin Maruja Mallo? Pues lo hemos hecho así durante un montón de años.

 

La obra engancha y emociona con su punto épico incluso, cuando entran en escena Victoria Kent y Clara Campoamor… es de pelos de punta.

Fueron grandes luchadoras todas, no con el discurso lloroso y lacrimógeno, no, aquí valientes y sin rendirse nunca, sujetando la lágrima y tirando.

 

 

Coincides con Nieves Rodríguez en el CDN, que estrena una obra sobre María Zambrano, La tumba de María Zambrano.

Sí, y se van a seguir haciendo cosas, porque estas mujeres hay que conocerlas, para que estén en la memoria, en la Historia, al mismo nivel que ellos, como lo estuvieron en vida, porque en ese momento estaban al mismo nivel, compartían espacios, compartían aventuras, y luego las hemos dejado atrás, no en el exilio, como a tantos otros, sino en olvido, que es mucho peor, parece que no han existido, y sí existieron.

 

Crees que se sigue escuchando esa pregunta: “¿qué necesidad tenías?”

Es la gran pregunta. ¿Qué necesidad tenemos? Pues tenemos necesidad todavía, de muchas cosas, y las mujeres también, nos queda un terrenito por conquistar, hemos ganado mucho pero todavía no están las cosas claras y ahí están las cifras de cómo estamos en el teatro sin ir más lejos, y eso que el teatro es de las profesiones donde la mujer tiene protagonismo y nombre propio, está claro, pero si te vas a ver cifras de dramaturgas y directoras en porcentaje de programación, ya sabes, somos la cuarta parte. Nos quedan cositas por conquistar. Y por eso el final de la obra es abierto, el final es lo que estamos haciendo ahora.

 

Bueno, es que la obra plantea un puente temporal que llega hasta hoy, un cuádruple salto que empieza con Beatriz Galindo y va hasta Isabel Oyarzabal, México 60 y hoy.

Eso espero, he jugado tanto con los tiempos que espero que el tiempo se rompa, y que se viva todo el rato en el presente.

 

El director es un hombre en este universo tan femenino. ¿Hasta qué punto has estado tú involucrada en el montaje?

Muy poquito, estuve en la primera lectura, vi las propuestas de escenografía, de vestuario, de audiovisuales, conocí a las actrices, que no las conocía, y he vuelto durante las vacaciones de Navidad. He estado un poco al margen, sí, así que estoy deseando verla, tengo mucha curiosidad. Las actrices, lo poco que he visto, son estupendas, tienen una fuerza todas tremenda, tienen una energía de conjunto muy bonita. Y con el director, bueno, no nos conocíamos tampoco, el tiene sus apreciaciones y sus puntos de vista y yo voy haciendo mi ejercicio de contención (risas) y de aplauso también, seguro.

 

Sea como sea, creo que es una obra muy importante, porque solo por la cantidad de mujeres que nombras en ella, mujeres importantes del siglo XX en diversos campos, ya debería ser de obligada lectura…

Uy, pues no son ni la cuarta parte, hay muchísimas más. Lo pasé muy mal con la selección de personajes, por eso recurrí a los coros en un momento determinado, porque caber todas no caben en 5 actrices, pero tampoco puedes darle nombre propio a las 5 porque te dejas fuera un montón. ¿Cómo eliges entre Maruja Mallo y María Teresa León? ¿O entre Concha Méndez y Josefina de la Torre? No puedes. Por eso me quedé con Oyarzabal y Concha y ellas por sí mismas ya tienen un carácter y una trayectoria muy importantes, y luego los coros para todas las demás, aunque las 14 principales en las que me he basado están o en episodios o en referencia directa o en texto indirecto, réplicas de ellas tomadas de otros contextos, o sus cuentos, o sus versos… está ahí mezclado todo con los diálogos.

 

Se abre una ventana de conocimiento, la obra pone sobre la mesa sus nombres y una pincelada de sus existencias, para quien no las conociera, pero invita a descubrir lo que fueron, lo que hicieron. Con ganas y con voluntad, tenemos ahí un vasto campo de conocimiento y de aprendizaje para explorar.

Nos dan ejemplos de vida, por lo que hicieron ellas en vida y por lo que no dejaron de hacer después en el exilio, porque todas ellas siguieron creando, por eso me entraba muy bien lo de la película en el 60 de Concha Méndez, porque si hubiera podido seguramente la habría hecho, y luego son ejemplo de lo que este país puede hacer cuando se ponen algunas voluntades críticas a funcionar, porque toda la generación del 27 es fruto del Ministerio de Bellas Artes que se crea en 1907 y la Junta de Ampliación de Estudios, toda esa generación de gente que va fuera a estudiar, que tiene la oportunidad de profundizar en sus estudios y desarrollar una carrera artística, que antes no la había tenido este país, fíjate los frutos que dio, son 20 años de asombro completo de lo que nuestros jóvenes están haciendo. Y creo que también tenemos ahí algo sobre lo que reflexionar: con un poquitín de ayuda, se puede llegar muy lejos y crear cosas que van a alimentar generaciones y generaciones venideras.

 

Mientras no se cruce una guerra civil por medio, claro…

Ellas son ejemplo enorme de constancia antes y después, y Victoria Kent acaba en la ONU, Clara Campoamor termina en Suiza, Maruja Mallo al lado de Andy Warhol y Ernestina y Concha Méndez escribiendo en México. Esa fuerza de voluntad es todo un ejemplo para nuestros jóvenes, que parece que solo hay futbolistas.

 

Chupi Lorente, Ana Cerdeiriña, Carmen Gutiérrez, Eva Higueras y Gloria Vega

 

BEATRIZ GALINDO EN ESTOCOLMO

Teatro María Guerrero. Del 19 de enero al 18 de febrero

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