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“Hay que pensar en la muerte, sobre todo cuando eres joven, si no te conviertes en un imbécil”

Por Álvaro Vicente / @AlvaroMajer

 

Tras haber presenciado el inesperado suicidio de una joven en el metro, la vida de Miguel sufre un cambio radical. Una madre con ansiedad, inconsciente de su propia infelicidad, una recatada joven incapaz de seguir su verdadera pasión y un olvidadizo compañero de piso intentarán traer a Miguel de vuelta al mundo. Alfredo Noval, Pilar Matas, Ángel Savín, Elena Diego y Christián Cánovas dan vida a estos amos del mundo de Almudena Ramírez-Pantanella. Con Los amos del mundo, la obra que vuelve a presentar en la Sala Mirador, la joven dramaturga ganó el Premio Calderón de la Barca en 2015. Hoy, con apenas 30 años, ya ha escrito tres obras más, cada cual más ambiciosa formalmente, y prepara su primera película. Una nueva voz de nuestra dramaturgia para seguir de cerca, que esta temporada es una de las seleccionadas en el programa Escritos en la Escena del Centro Dramático Nacional.

 

Echemos la vista atrás unos años para saber quién eras cuando escribiste Los amos del mundo…

Estudié Comunicación y Cine y al acabar di muchos tumbos, fui guionista en varios canales de Canal+, trabajé en publicidad, me fui a Londres y allí empecé a ver mucho teatro. Entonces escribí una primera obra, Es lunes, que estrenamos en el Lara y la dirigí yo sin tener ni idea, no tenía vergüenza alguna. Hice mucha reescritura con los actores al montarla y eso me enseñó mucho, pero decidí que tenía que estudiar más y estuve como seis meses estudiando por mi cuenta, era súper disciplinada, me levantaba por las mañanas y me ponía. En mi familia le llamaban de coña el Máster Almudena Ramírez-Pantanella, me ponía asignaturas y todo. Y mientras estudiaba fui escribiendo Los amos del mundo. Me acuerdo que solo tenía 60 euros en mi cuenta y mi padre me decía: haz algo con tu vida, hija, por favor.

 

Y vaya si lo hiciste. Te diseñas un ‘automáster’ de 6 meses y con tu segundo texto ganas el Calderón de la Barca. Bien, ¿no?

Yo pensaba que con los 10.000 euros del premio iba a poder vivir ya para siempre, tanto que me independicé y todo. Gané el premio y lo que tenía clarísimo es que lo quería dirigir yo. Los siguientes dos años los pasé hablando con gente, pero todo eran dificultades cuando proponía dirigir yo. Me proponían que lo dirigiera otro, pero no, si me estampo, me estampo yo sola y así aprendo. Pero no era nada fácil conseguir 70.000 euros para producir en condiciones dignas.

Bueno, el dinero es un tema muy presente en la obra.

El dinero me parece un gran tema. Me obsesiona, no sé muy bien por qué. Ahora mismo el éxito se mide en relación al dinero y al trabajo siempre. Creo que es algo que no nos planteamos.

 

El dinero y también la muerte es otro tema central de Los amos del mundo.

Parece que la muerte está muy presente en la vida, y sí, pero hay dinámicas que la escamotean, que la esconden. Una vez escribí un texto para Microteatro sobre la muerte y fuimos a un tanatorio y nos dejaron un ataúd y nos lo enseñaron todo, y en realidad todo está hecho para esconder la muerte. O la mierda. Es como lo que decía Milán Kundera, eso de que los váteres están hechos para esconder la Venecia de mierda que forma cada ciudad.

Un vagabundo envuelto en poesía, Miguel, ese joven que renuncia al dinero, que vive con Kelo, un personaje fascinante, que también ha renunciado a su máscara social. Y luego los padres de Miguel, con los que pones en solfa el sagrado estamento de la familia burguesa… Y Esperanza, un personaje que ilumina una obra un tanto desesperanzadora…

Yo no creo que sea tan desesperanzadora. Para Miguel, la única manera de sobrevivir en una sociedad obsesionada por el dinero es dándole importancia a la comunidad, justo lo contrario de lo que el capitalismo promueve, porque el dinero abona el individualismo. Si piensas solo en la muerte quizás es desesperanzadora, pero si piensas en la muerte como lo que hace posible que dejes algo para otras generaciones… Por eso me gusta que sean jóvenes los protagonistas, me interesan los jóvenes.

 

 

Lo dices como si tú fueras una señora mayor.

La muerte es un tema muy de jóvenes, quizás yo ya no lo abordo como cuando tienes 25 años y te entran las crisis existenciales. Hay que pensar en la muerte, sobre todo cuando eres joven, si no te conviertes en un imbécil. Si no lo piensas no relativizas. Es lo único que te hace ser real. A parte de la muerte, ahora la fe es un tema que me interesa mucho también. Y el dinero también sigue ahí como tema.

 

¿Cómo son los textos que has ido escribiendo después de Los amos del mundo? ¿Notas evolución?

Claro. Mucha. Ahora Los amos del mundo me parece una obra muy primeriza. Después de esta escribí Regurgitar, y tras ella La gran máquina, que es la que he adaptado al cine con una productora de Ibiza con la que estamos trabajando para poder rodarla.

 

¿La vas a dirigir tú también?

Sí, estamos ahora en la última fase de aprobación del guión. La rodaremos en Ibiza. Después de La gran máquina vino Quirófano, que es la obra que terminaré en los Escritos en la Escena del CDN. Y estoy con otros proyectos, entre ellos la continuación de Los amos del mundo, que será con otros personajes, tres jóvenes influencers que sobreviven a un ataque terrorista y se quedan sin internet. Pero esto está muy verde todavía.

 

En Quirófano hablas de lo que llamas el microracismo…

Sí, sobre lo infraleve que decía Duchamp, que hay cosas que están en los márgenes de lo medible y redefinen los conceptos.

 

¿De dónde sacas las ideas?

Pues del arte, de la filosofía, que me interesa mucho, aunque no soy una experta, para nada, pero releo cosas y lo vuelco según lo entiendo yo. Por ejemplo, el Mito de Sísifo está muy presente en Los amos del mundo, o Kierkegaard, con su Tratado de la desesperación, en Regurgitar. Deleuze también está muy presente en Regurgitar, por los estudios que hace sobre los cuadros de Bacon. Eso me sirvió un montón para escribir la obra. Pero vamos, me inspira más la pintura que el teatro en general.

 

Has cumplido 30 años… ¿vives de esto?

Bueno, vivir… más bien malvivo. Hago otras cosas, escribo para publicidad, hago diálogos para televisión, todo muy esporádico. Casi acepto cualquier cosa mientras tenga que ver con escribir, pero sí, mi objetivo es vivir del teatro o del cine. La tele no me interesa tanto, al menos lo que he hecho hasta ahora.

 

Hay gente más mayor que tú que ni eso…

Sigue siendo muy difícil, sobre todo si quieres dirigir y sacar adelante tus montajes. Yo tengo mucha gente alrededor que está haciendo un gran esfuerzo para currar conmigo, porque si produjera como realmente se debe, igual no podríamos hacerlo. En realidad, no ha habido una apuesta real por la gente joven, salvo alguna excepción. Ganas un premio y tampoco es que se te abran las puertas. Yo lo tengo muy comprobado: nadie quiere apostar por una dirección joven.

 

¿Pero sí por una autoría joven?

Bueno, al principio, tras ganar el Calderón, me llegaron algunas opciones, buscándolas también, no es que llegaran solas, pero depende de cómo concibas la escritura. Para mí la escritura está en la dirección, no concibo la una sin la otra.

 

Te consideras un ente doble, para ti, digamos, es lo mismo.

Más allá de eso. En la propia dirección hay escritura. Lo he visto en Francia, que se pide al dramaturgo que esté ahí si son dos personas distintas, porque cuando diriges estás escribiendo también. Los silencios son escritura, cómo se relaciona un cuerpo con el espacio es escritura. Luego habrá elecciones puramente formales, pero para mí dirigir es escribir.

 

¿Con qué referentes trabajas?

Ahora estoy súper obsesionada con Koltés. Pinter me encanta, desde siempre, me encanta cómo trabaja el lenguaje. Eso que dice de que el lenguaje es un arma me gusta mucho, porque ahora se dan muchos abusos, sobre todo en los medios de comunicación, y nos creemos cualquier cosa. Nos manipulan a través del lenguaje y ahí el teatro tiene una función muy importante para la sociedad, para crear un pensamiento crítico y entender cuándo te están diciendo la verdad y cuándo no.

 

¿Pero no crees que hay mucho discurso sobre el lenguaje que se queda en eso, en discurso, que no se ve tanto en los resultados?

La mayor manera de estar preocupado por el lenguaje es la precisión, y la precisión no es algo que se encuentre fácilmente en los textos teatrales. Tampoco en la dirección. Ya solo la precisión es una manera de preocuparse por el lenguaje como arma, porque tú al final, teniendo esa precisión, estás definiendo unos personajes y definiendo cómo actúan en una situación. El teatro es útil porque cuando vas a ver una obra, en principio, no hay ideología, como cuando ves una noticia real, y tú puedes ver entonces mejor esos mecanismos de manipulación que el dramaturgo utiliza y aplicarlos luego a la vida cuando intentan manipularte.

 

 

LOS AMOS DEL MUNDO

Sala Mirador. Del 14 al 30 de septiembre

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