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A la orilla de las preguntas: en clase con Juan Mayorga

Esta semana se cierra la cuarta edición del Máster en Creación Teatral de la Universidad Carlos III. Este Máster, dirigido por Juan Mayorga, cuenta en su nómina de profesores con artistas de reconocido prestigio internacional como Marco Antonio de la Parra, Andrés Lima, Sol Picó, José Luis García Barrientos, Ana Zamora, Helena Pimienta, Pablo Messiez, Enzo Cormann o Juan Gómez Cornejo. El Máster fomenta la interdisciplinariedad y las asignaturas abarcan campos como la dramaturgia, la interpretación y dirección, el diseño de iluminación o el manejo de títeres. De algún modo, la intención es formar a los alumnos en todo el sistema teatral. En Godot nos adentramos en dos sesiones de su asignatura central, ‘Taller de Forma del Espectáculo’, para escuchar los discursos que allí se generan.

 

Por Juan Vinuesa / @bonicodecara

Fotos: Javier Mantrana

 

¿Qué encontramos dentro de estas aulas? En primer lugar, una enriquecedora mezcla de voces, ya que los alumnos proceden de distintas partes del mundo y de diferentes profesiones: actores, directores, licenciados en Derecho o Psicología, profesores, pedagogos, periodistas… algunos llegados a España con el principal y único objetivo de cursar estos estudios. Y luego las preguntas, siempre las preguntas. La investigación de este seminario, impartido por el propio Juan Mayorga, tiene mucho que ver con incitar a cada alumno a buscar su propia poética pero, sobre todo, con tomar como eje una búsqueda de respuestas que genere material dramático vivo. Agitado y carente de certidumbres. Y no sólo a partir de lo textual, ya que lo interdisciplinar también está muy presente en los proyectos: el texto es la semilla para dar el salto a otras formas de contar la historia: danza, teatro de objetos, performance… Cada uno de los alumnos creará un proyecto final, un texto teatral que, en muchas de las ocasiones, cerrará el año con un plan de producción. Según cuenta Sonsoles Herreros, directora del Aula de las Artes y coordinadora del Máster, las clases de ‘Taller de Forma del Espectáculo’ están basadas en “un trabajo individual, comprometido, y ambicioso en continuo diálogo con el resto de profesores y compañeros”. A su vez, la dramaturga Diana Luque, coordinadora académica del Máster, expone que Mayorga “concibe a cada uno de los alumnos y alumnas como el líder potencial de un hecho teatral”, al tiempo que apunta que el autor, que acaba de estrenar su última obra, Intensamente azules, trabaja “a partir del concepto de la elipse, y anima a que los proyectos se sostengan sobre dos focos dispares que, sin embargo, tienen varios puntos en común. Se trata, en suma, de promover un pensamiento complejo, de evitar los clichés y los lugares comunes”.

 

Entre charlas, preguntas y sinergias entre los estudiantes y sus proyectos, Mayorga habla sobre diferentes aspectos de la teoría y la literatura dramática: la manera de construir espacios a través de la pintura verbal, los apartes del Siglo de Oro, la importancia de que la palabra sea agónica en el teatro, la necesidad de encontrar lo extraordinario en lo ordinario… son sólo algunos ejemplos de los discursos que Mayorga propone en este espacio de trabajo. Ejemplos que, en la mayoría de las ocasiones, relacionan el teatro y la filosofía, las dos disciplinas, junto a las matemáticas, por las que el autor y director se pasea con soltura. “Un matemático es alguien que reconoce la afinidad entre formas y la filosofía es el asombro radical, la interrogación sobre uno mismo”, declaró en una reciente entrevista. Una práctica habitual en sus clases es exponer pensamientos que se complementan o que, incluso, se contradicen, en busca siempre de la lucha contra los dogmas o las verdades absolutas: “Schopenhauer entendió el honor en el teatro calderoniano como una convención imaginaria que sirve para presentar una caricaturización de la vida”, “Hegel dice que el honor en el teatro de Calderón es lo vulnerable por excelencia”, “Benjamin cree que lo que está en juego no es una vulnerabilidad abstracta, sino física”… Benjamin, siempre alrededor de Walter Benjamin, un autor al que Mayorga ha dedicado gran parte de su vida.

 

 

Al principio del curso, Mayorga propone alguna noción filosófica o una exposición de arte como posible detonador de proyectos, pero también insiste en la idea de que, en cualquier asunto o “accidente”, se puede encontrar una inspiración; no sólo hay que recurrir a la filosofía. El autor y director lanza nombres de películas, canciones, poemas… y deja el mayor espacio de la clase a los alumnos para que debatan sobre qué les sugieren los temas tratados esa mañana. “El bagaje diverso en experiencias vivenciales, culturales y profesionales se ve reflejado en cada sesión del Máster: los referentes teatrales son numerosos, es difícil salir de alguna sesión sin cuatro o cinco nombres de creadores sobre los que indagar, o alguna obra o película que leer o ver”, confiesa Luque. De alguna manera, el taller busca formar a creadores autónomos, con conocimiento sobre todas las herramientas teatrales para, después, profundizar en las que más les interese. Creadores autónomos pero, jamás, centrados en la individualidad: “hay una entrega generosa de opiniones al compañero o compañera que desencadena múltiples aportaciones. De tal manera que las recomendaciones de unos son aprovechadas por todos haciendo del encuentro algo muy estimulante. En cuanto las obras empiezan a tener una forma, y una escena puede ser ya objeto de presentación, el autor o autora pide a los compañeros que la lean para poder distanciarse y verla desde fuera”, cuenta Sonsoles Herreros.

 

Uno de los aspectos más interesantes del Máster es la manera de entender el teatro como un sistema en el que todo se relaciona, de animar a los alumnos a adentrarse en terrenos que no dominan. Así, participantes recuerdan las enseñanzas de otros profesores: “al escribir el texto, me he encontrado bloqueada y he intentado hacer lo que nos dijo Pablo Remón: conocer al personaje poniéndole a hablar”, recuerda una alumna en clase. Los problemas siempre son una interesante fuente de diálogo y asuntos como la dicotomía autor/productor generaron también un interesante debate en una de las sesiones a las que acudimos. Una alumna verbalizó su miedo a “escribir demasiados personajes” en un texto que ella misma producirá. “No sé si voy a poder contar con un reparto tan amplio”, expuso. Varios asistentes suscriben este temor, para el que Mayorga propuso una interesante reflexión: “el director trabaja para el público, el autor trabaja para la historia. El autor es omnipotente, el director está limitado y ha de convertir cada límite en una ocasión poética”, al mismo tiempo que pone un claro ejemplo: “si visualizamos una clase de pintura con 60 alumnos, debemos escribirla, ya veremos cómo solucionarlo”. En la clase se citan casos de cómo la imaginación ha solucionado verdaderos problemas de producción: “yo vi una obra en la que el mar se hacía con un plástico que no costaría más de diez euros y era bellísimo”, comparte un alumno. Durante estas dos sesiones se escucharon inquietudes muy concretas y movilizadoras: “me gustaría contarle mi texto a un bailarín y que, a partir de ellas, él lo lleve al cuerpo para ver qué le produce”, “tengo dudas sobre cómo representar el sexo en escena sin el filtro del cine y la televisión”, “en mi historia, una mujer ha perdido a un hijo y me planteo si es posible aprender de nuevo a ser madre” o “quiero investigar por qué en esta sociedad, en lugar de aprender a controlar los instintos, los reprimimos”. Frases, ideas, que son la semilla germinal de lo que, en forma de montaje o de lectura dramatizada, estará en el último tramo del año: la presentación a público de la historia.

 

Pero, ¿son las muestras el final de un proyecto? Según Herreros “las presentaciones son un paso más en el proceso de creación. No se conciben como un proyecto final, sino que forman parte de un proceso. Hay trabajos que requieren más tiempo que el de la duración del año académico. Si se les pide que trabajen de manera comprometida, pero no se les exigen producto-espectáculo-obra cerrada” y concluye que, la exhibición en el Auditorio de Leganés de la Carlos III durante el mes de junio, “es otro momento más para la confrontación, para el diálogo y para compartirlo con el resto de personas”. Mayorga, durante las clases, insiste en que el trabajo junto a la respiración del público podrá ser un elemento final en el proceso didáctico, pero quizá inicial en el desarrollo de la producción. El autor, que fue elegido el pasado mes de abril para ocupar la silla M de la Real Academia Española, habla sobre la importancia de pensar en los espectadores no como un elemento crítico, sino como alguien a quien se va a contar una historia, y lanza una idea sobre el cierre de un texto: “una obra no está terminada hasta que no hemos sido capaces de eliminar la escena que, en un principio, creíamos más brillante”.

 

 

El Máster ha propiciado que algunos de los proyectos allí generados hayan tenido recorrido por los escenarios nacionales y en festivales internacionales: La batalla, escrita y dirigida por Aranza Coello, ganó el Premio Especial José María Rodero del XVIII Certamen Nacional para Directoras de Escena Ciudad de Torrejón; (Des)de los escombros, escrita y dirigida por María Prado, ha sido publicada recientemente por Ediciones Antígona tras una gira nacional; varios proyectos cuentan con una interesante trayectoria de funciones: Frágilxs, de Isabel Serrano, Del polvo de las esquinas, escrita y dirigida por Laura Derpic, La perra chola, de Álex Álvarez, Par(t)ida, de Luis Quinteros (galardonada además con el Premio Provincial de Teatro a la Mejor Dramaturgia 2018 en Argentina), El encuentro, escrita, dirigida e interpretada por Montse Simón, La gotera, de Ascen Caballero, La escena número 12, de José Gómez-Friha, El arroz de los jueves/ L’arròs dels dijous de Albert Bellés i Chorva, Lost, de Lobke Sprenkeling… o dos de esta edición: En proceso, escrita, dirigida e interpretada por Juan Dávila, en los Teatros Luchana; y Be Happy, escrita y dirigida por Víctor Barahona, en el C.C. Paco Rabal de Madrid… por citar algunos.

 

Estos son sólo algunos de los ejemplos de los montajes teatrales que surgieron en las aulas del Campus de Puerta de Toledo desde muy diversas semillas. Este año, los proyectos germinaron a raíz de ideas tan dispares como la investigación de la figura del Minotauro de Dürrenmatt o de una cuestión tan atractiva como aterradora: ¿qué pasaría si olvidamos nuestros recuerdos?  Mayorga insiste en la importancia de escuchar el mundo y los estímulos que éste nos lanza. No hay más que ver los elementos que han inspirado obras del propio Mayorga: un paseo por una ciudad desconocida como Varsovia (El cartógrafo), vivir durante una semana usando unas gafas de natación graduadas debido a la rotura de las convencionales (Intensamente azules), un salto poético a toda su experiencia como profesor de instituto (El chico de la última fila). Precisamente, una de las sesiones a las que acudimos, se cerró con Mayorga abriendo una libreta y leyendo frases que apuntó paseando por la calle. Frases enigmáticas, de construcción y sentido extraño, pero que activan la imaginación y dejan abierto el misterio. La clase se despide con la sentencia de una señora en el Parque del Retiro: “este niño se parece cada vez más a su padre, y yo a su padre lo aguanté 34 años”.

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