La primera nueva producción de Paolo Pinamonti al frente del Teatro de la Zarzuela tiene un interés especial también desde el punto de vista literario, porque los libretos constituyen una muestra de la vivacidad del lenguaje de un género que ha tenido su auge en la primera década del siglo XX. Los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero son sin duda los mejores representantes del costumbrismo andaluz y en efecto La Reina Mora se basa sobre todo en el color local, excediendo en un superficial sentimentalismo.
Es bien conocido que Carlos Arniches empezó su carrera literaria escribiendo libretos de zarzuela, derivados del sainete madrileño de D. Ramón de la Cruz. En Alma de Dios, escrita en colaboración con Enrique García Álvarez, una pequeña intriga sentimental, que el director ambienta en los años 50-60, sirve de eje a los cuadros de costumbre del Madrid popular y castizo. Aquí también es notable el lenguaje que no se limita a imitar el habla madrileña, sino que crea expresiones que luego han pasado al pueblo.
El director Jesús Castejón, que es también magnífico actor y cantante, hace un gran trabajo combinando el color y la gracia del chascarrillo con la nota sentimental. Además se sirve de la bella escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda que en la primera transforma hábilmente el fondo en la habitación de la Reina mora o en diferentes calabozos en otros momentos. Perfecta su dirección de actores que le responden con competencia. Imposible mencionar el entero reparto aunque todos merezcan nuestro más encendido elogio. Recordamos tan sólo a Miguel Caiceo, Charo Reina, Juan Manuel Cifuentes y Cristina Marcos por tener los papeles más importantes. El vistoso vestuario de Jesús Ruiz y la acertada coreografía de Nuria Castejón son la guinda del espectáculo visual.
El director musical José María Moreno dirige con brío la música de José Serrano, que ha heredado la gracia de Bretón y Chapí, y la orquesta le sigue con entusiasmo. Los cantantes resuelven airosamente las demandas de unas zarzuelas que tienen pocas partes musicales. Destacan en la primera la “Canción del Niño de los pájaros”, interpretada por la soprano Ruth González, y el dúo de Coral y Esteban, brillantemente cantado por la notable mezzo Cristina Faus y el excelente barítono César San Martín; en la segunda, la “Canción húngara” en la que lució su potente voz el tenor Alejandro Roy llevándose la más entusiasta ovación de los espectadores. Muy aplaudidas también la escena de los gitanos y la final. Una gran noche de celebración del género chico que encantó al público asistente.
Magda Ruggeri
Subido el 07 febrero 2013 por AVP
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