Crítica de The perfect american, de Philip Glass, estrenada en el Teatro Real

Philip Glass, además de su preparación académica en Baltimore y Nueva York, perfeccionada en París con Nadia Boulanger, trabajó con Ravi Shankar, el más conocido representante de la música hindú.

opera sobre disney

De Shankar aprendió una noción distinta del ritmo, basada en la sucesión de pequeñas unidades, un nuevo lenguaje musical que le llevaría al minimalismo. En esta coproducción del Teatro Real con la English National Opera su música, ya en la madurez de su estilo, sigue conservando su carácter tonal con momentos de color, que reflejan el mundo de los personajes de Disney, y un ritmo rico en percusión, fácil y agradable al oído. Sin duda se trata de una música dulce que toma distancia de la dura descripción que hace Peter Stephan Jungk del protagonista de la novela, presentándolo como racista, anticomunista, misógino, mezquino y megalómano, pero también el libreto de Rudy Wurlitzer ya había propuesto una visión mucho más edulcorada y complaciente. El maestro Dennis Russell Davies, que es un especialista del lenguaje musical de Glass, ha sabido mantener la tensión en la orquesta que le ha respondido con entusiasmo y competencia. Y mientras un atractivo sonido sale del foso, en la escena asistimos a un fascinante juego de pantallas y proyecciones -obtenido por medio de una máquina giratoria con cuatro brazos suspendida en el techo- sobre cortinas que bajan, suben y se desplazan para favorecer el cambio de las escenas. El montaje de Phelim McDermott, que con su espectacular escenografía nos recuerda a Robert Lepage, sin utilizar ninguno de los personajes de Disney deja intuir su mundo y sus creaciones a través de muchos detalles. Ha creado un espacio onírico, plagado de símbolos -valga como ejemplo el de la lechuza- muy adecuado para presentar los últimos meses de vida del protagonista que, ya en cama enfermo de cáncer, recuerda su feliz infancia en Marceline y momentos significativos de su vida. El elenco y el coro cumplen las demandas de la partitura. Muy apreciable el trabajo de Christopher Purves siempre en escena por ser el protagonista, de David Pittsinger como Roy Disney y de Donald Kaasch en el papel de Dantine, un dibujante despedido por haber organizado un sindicato, y representante de los innumerables trabajadores sin nombre de la factoría Disney. El público, en el que abundaban los jóvenes, aplaudió repetidamente y con entusiasmo.

Magda Ruggeri

Subido el 05 febrero 2013 por AVP

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