Nada hacía presagiar que un actor como Edu Soto estuviera en el elenco de un montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Pero esto es sólo un prejuicio, quizás abonado por el tipo de trabajos en los que últimamente se ha visto al actor catalán. Muchos todavía le mentarán al Neng de Castefa, pero Soto cambia de registro como de calzoncillos y, tras estrenar en Barcelona su espectáculo unipersonal Exit-Salida o pasar por el televisivo Tu cara me suena enfundado en el traje de Sting, salta ahora al teatro clásico como protagonista de una comedia de figurón, es decir, con “un personaje desmedido en una faceta de su carácter (la vanidad), tan obsesionado y cegado por ella que, alejado de la realidad, vive aislado en un mundo aparte, acomodado en una realidad ficticia muy diferente de la que perciben los demás”, según lo explica Joaquín Hinojosa, autor de la versión que dirige Carles Alfaro.
El lindo Don Diego parte de un matrimonio forzado, como tantas comedias del Siglo de Oro. En este caso, Don Tello (Javivi) compromete a sus dos hijas, Doña Leonor (Natalia Hernández) y Doña Inés (Rebeca Valls) con Don Mendo (Cristóbal Suárez) y Don Diego (Edu Soto) respectivamente. Lo que pasa es que Leonor está enamorada de Diego y a Inés le gusta Don Juan (Raúl Prieto). Inés no soporta a Diego, por su vanidad, y le tiende una trampa, haciéndole creer que Beatriz (Vicenta N’Dongo), la novia de su sirviente Mosquito (Carlos Chamarro), es una condesa de gran alcurnia. Diego traga e intenta seducir a Beatriz, pero es sorprendido por Don Tello, que le reprocha la infidelidad. “El ingenio de Moreto se las arregla”, anota Hinojosa, “para hacer que el lindo, cegado por su obsesión, caiga en las trampas que le tiende Mosquito, el gracioso de la obra, factótum de la comedia y único personaje que, por ser ajeno a las convenciones, puede competir con Don Diego”.
Esta es la tercera vez que la Compañía Nacional de Teatro Clásico monta un texto de Agustín de Moreto, tras No puede ser… el guardar a una mujer (1987) y El desdén, con el desdén (1991). Escrita entre 1654 y 1662 recoge, como es habitual en su autor, materiales del teatro anterior, dotándolos de una completa revitalización, de tal forma que crea una obra diferente y original, acorde con la nueva sensibilidad de su público. Moreto fue uno de los autores más destacados de esa segunda generación de dramaturgos que comienza a escribir cuando Calderón ya ha producido sus grandes piezas y la fórmula de la comedia nueva lopesca se ha ido complicando en enredo y culteranismo. La construcción rigurosa de la arquitectura teatral y el gusto por la caricatura del figurón acompañaron a Moreto a lo largo de su carrera dramática y fueron, quizás, los únicos excesos que se permitió vivir.
Subido el 04 febrero 2013 por AVP
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