Luis Bermejo y Javier Gutiérrez protagonizan una obra de Juan Cavestany donde se habla de corrupción y de soledad a partir de la pelea que dos personas mantienen en las rebajas por un traje
La ciudadanía está cansada de esta crisis que no es otra cosa que una estafa de grandes dimensiones perpetrada desde arriba hacia abajo. Si hemos llegado a esta situación, la corrupción moral, política y económica del sistema tiene mucho que ver. Y precisamente, hablar de esa corrupción es el motivo principal por el que Juan Cavestany, Luis Bermejo y Javier Gutiérrez han unido sus talentos y han dado a luz El traje. “La corrupción está en el aire”, dice Cavestany, autor del texto y director del montaje. La corrupción política y económica que se ha apoderado de este país viene de una corrupción moral, son inseparables. Y esta obra coloca esto mismo en el marco de una situación, en principio, anecdótica. No es un retrato de la sociedad que aluda directamente a los políticos corruptos; son sólo dos personajes y una situación.”
El traje: un disfraz de presidiario
Cuando empieza la obra, el jefe de seguridad de unos grandes almacenes interroga a un hombre que, supuestamente, ha forcejeado hasta un extremo que no conocemos con una mujer por un traje, tras abrirse las puertas en el primer día de rebajas. Consumismo exacerbado, ansia, voracidad, fetichismo. Delirio. No es casualidad, además, que Javier Gutiérrez se acuerde del caso Gürtel protagonizando una obra titulada, precisamente, El traje. “El conflicto de la obra surje por el traje y no existe un título mejor. El espectador se dará cuenta por qué”. Sea como sea, el traje se ha convertido en ese atuendo que visten los tipos que entran y salen de los juzgados, y del Congreso, cuando vemos las noticias en los telediarios cada día. El traje es el nuevo disfraz de presidiario y quien lleva traje ha perdido ya toda la credibilidad y la respetabilidad que pudiera tener.
Dos seres vulnerables e incapacitados
La obra es teatro puro, entendiendo esto como un ejercicio teatral de dos actores, cada uno de ellos con un objetivo distinto, peleando por sobreponerse al contrario. “Son dos seres”, dice Bermejo, “muy vulnerables que se encuentran en un momento en el que ha sucedido algo insólito y esa dificultad a la que se enfrentan hace que afloren sus carencias emocionales”. Porque la obra no sólo habla de corrupción, habla también de soledad y de incomunicación, otros dos males muy contemporáneos. Eso sí, como advierte Cavestany, la obra tiene algo parecido a un final feliz, donde al menos los personajes encuentran una salida. ¿Es una tragedia, una comedia, o es esa cosa tan española, una tragicomedia? No importa. Lo que es, seguro, es una oportunidad para “enfrentar” a dos grandísimos actores sobre un escenario.
Teatro Galileo. Desde el 30 de octubre. Preestreno días 26 y 27 en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares
Subido el 21 octubre 2012 por AVP
Síguenos
Pincha en cada uno para verlo...
noviembre 17th, 2012 at 17:36
“El Traje” Teatro Galileo hasta el 25 de noviembre 2012
Autor y director: Juan Cavestany
Producciones El Zurdo y Carallada Show.
Reparto : Luis Bermejo y Javier Gutiérrez
Escenografía y vestuario : Mónica Boromello
Iluminación : Eduardo Vizuete
Diseño de sonido: Nick Powell
Producción Ejecutiva: Luis Crespo
Ayudante de dirección: Laura Galán
Los seres humanos, tal vez de una forma algo ingenua, esperamos encontrar alguna lógica en el comportamiento de los individuos con quienes interactuamos. Asimismo, casi sin excepción, todos consideramos que nos conducimos por la vida de una manera aceptablemente razonable.
Alguien podría considerar que esto es mucho suponer pero por otro lado sería difícil negar que esta presunción es una herramienta de trabajo indispensable para sobrevivir en sociedad sin morir en el intento. Esta confianza en la lógica de los demás es posiblemente el resultado del desarrollo evolutivo de nuestra especie que junto con otras herramientas como el lenguaje, la afectividad, etc. nos permiten y conminan a ser seres sociales, a buscar la compañía de los otros.
Pero, ¿qué ocurriría si las otras personas interactuasen con nosotros sin estar condicionadas por esa tendencia al comportamiento lógico?. Bueno, eso todos lo hemos vivido ¿No lo caen?: Es el mundo de las pesadillas.
No hay nada más angustioso que sumido en uno de esos malos sueños nos vemos, con gran frustración, incapaces de hacer entender un argumento evidente a alguien que en la vigilia nos hubiera entendido. Más estrés incluso provoca que esa persona, ajena a nuestras objeciones y razonamientos, nos intente convencer de un proyecto disparatado y absurdo.
En mi opinión el gran atractivo del texto de “El Traje” no es como dice su dossier que “pretende alertar, sobre cómo la voracidad del sistema nos convierte en depredadores y cómo el deseo de lo material pervierte la naturaleza humana más esencial”, más bien, “El Traje” es en mi opinión, muy interesante porque nos presentan un entorno donde el comportamiento lógico ha desaparecido y los espectadores tenemos la oportunidad de observar a los personajes que, como ratas de laboratorio, se agitan de un lado a otra de su jaulita incapaces de entenderse y de adaptarse a ese entorno de pesadilla. En este sentido encuentro que existe una evocación, no sé si intencionada o no, a “El Proceso” de Kafka, un texto en donde el ignorar por qué pasan las cosas es más frustrante aun que las propias cosas que ocurren.
Por lo tanto, el conflicto que se cuenta, el lugar, el tiempo, etc. es todo anecdótico, accesorio, lo realmente atractivo de la obra, es ver cómo reaccionan los personajes sin el bastón de la razón. Sin esta premisa, es muy posible que los espectadores que asistan a la representación se vayan a casa algo desconcertados si ponen sus expectativas en ver cómo se resuelve el nudo argumental. Creo que no es tan interesante lo que pasa sino cómo pasa.
El otro punto fuerte de la función es la interpretación solvente y acertadísima de Luis Bermejo y Javier Gutiérrez a la que es difícil poner un pero. Bermejo resulta inquietante desde el primer momento ya que a pesar de su pretendido afán resolutivo y su fingida empatía, somos ciertos de que detrás de su beatífica sonrisa se esconden unas intenciones que aunque no conseguimos vislumbrar se antojan llenas de perfidia. Gutiérrez, un hombre básicamente infeliz y agobiado por problemas económicos y familiares, muestra al principio un contrapunto de lucidez frente al absurdo del vigilante (Bermejo) pero su razón se va desvaneciendo a medida que avanza la obra y termina contagiado de la misma locura que hay en su entorno.
Como en esos documentales científicos en que nos muestran a una persona que por un problema cerebral es incapaz de entender distinguir un color, leer un párrafo o sentir afecto estos personajes son incapaces de entenderse, de empatizar por lo que el otro sólo puede ser visto como una amenaza o como una decepción.
A pesar que hay momentos que nos hacen reír –no sé si acertadamente, el trabajo lleva la etiqueta de “comedia negra”– la risa que provoca es esa risa nerviosa del que no sabe si reír o llorar. En definitiva es un mundo de pesadilla del que estamos deseando despertar.
Un trabajo muy recomendable y una dirección e interpretación que realmente merecen la atención del público.