Yllana, 20 años

De Madrid para el mundo. La compañía Yllana, dos décadas después, es una factoría del humor con su base de operaciones en el teatro Alfil. Repasamos una historia llena de trabajo… ¡y risas!

Después de la pertinente sesión de fotos, nos refugiamos junto a tres de los integrantes de Yllana en un bar de la calle Pez, a escasos metros del teatro Alfil, su teatro, para repasar estos 20 años que tanto han dado de sí. Basta que uno celebre un número redondo para darse cuenta de lo cargada que lleva la mochila. Yllana se formó en 1991, después de que el Club de amigos de la Unesco les propusiera crear un pequeño espectáculo de media hora para exhibirlo en su sede. Aquello fue el germen de ¡Muu!, la primera producción de la compañía. Pero, como siempre, hay una prehistoria. Habla Joseph O’Curneen: “tenemos que remontarnos a la universidad, que es donde nos conocimos. Formamos un grupo y entramos en el circuito nocturno y noctámbulo de Madrid, en los cabarets, en los cafés teatro. Merece que lo digamos: somos una compañía de Madrid que empezó pateándose la noche madrileña y que luego ha llegado a todo el mundo”. “Sí, porque la noche de Madrid, a finales de los ochenta, bullía”, tercia Fidel Fernández, a lo que Juan Ramos añade: “era espectacular, todos los días actuábamos en un sitio diferente, todos los días coincidíamos con Faemino y Cansado, con Pedro Reyes, con toda una generación de cómicos que han llegado a lo más alto, y vivíamos juntos de y en la noche, porque era la forma de vivir una ciudad.”

Los secretos del éxito
“Nosotros”, sigue O’Curneen, “poníamos en pie nuestros pequeños proyectos, pero sin grandes pretensiones, simplemente queríamos entretener, divertirnos con la comicidad, que era lo que teníamos en común a parte de la amistad. Teníamos el afán de hacer cosas y enseñarlas y el teatro era lo más cercano, se podía hacer en el Berlín Cabaret, en el Ya’sta, en el Zimbra, en el propio Alfil…” Cuando ya se veía venir que esto podía darles tanto trabajo como para subsistir, decidieron apostarlo todo y fue entonces cuando entró en escena una figura importantísimo dentro de la compañía: Marcos Ottone. Lo cuenta Fidel: “Desde que surgió lo de la Unesco, que sirvió para montar ¡Muu!, teníamos claro la importancia de saber vendernos y ahí yo destacaría la aparición de Marcos, que aparece como muy pocas veces aparece alguien en una compañía de teatro que empieza: oye, yo no quiero ser ni actor, ni director, quiero ser productor.” Desde entonces quedó fijada la estructura que todavía hoy pervive: Marcos es el manager, David Ottone es el director de las obras, y los otros tres son los actores. A ese modelo básico se le han ido añadiendo tareas, pero ese núcleo es fundamentalmente el cerebro y el corazón de Yllana. Y así han funcionado durante 20 años, cosechando éxitos. ¿El secreto? Según O’Curneen, se trata de saber convivir. Juan Ramos, por su parte, destaca la adaptabilidad: “en esos primeros años, teníamos una obra completa, sí, pero también teníamos 20 minutos para un cabaret, dos sketches para la televisión, otros dos para otro sitio… adaptabilidad absoluta. Nosotros hemos llegado a trabajar en marisquerías, como lo oyes, la gente comiendo nécoras y centollos y nosotros actuando entre las mesas, porque Marcos lo había vendido y teníamos que hacerlo, sin más, era la forma de llegar a fin de mes”. Fidel añade que también sabían aprovechar las oportunidades, “porque de la actuación en una carpa del festival de Tardor de Barcelona, te salían unos programas de No te rías que es peor.” ¿Vosotros salíais en No te rías que es peor?, pregunta este ‘joven’ periodista. “Sí”, responde Ramos, “y en el programa matutino para amas de casa de Pepe Navarro, ¡menudas locuras hemos llegado a hacer para comer!”

La dimensión internacional
El hecho de dedicarse al humor gestual les ha permitido romper todas las barreras idiomáticas y llevar sus espectáculos por los cinco continentes. Tras ¡Muu! montaron Glub glub, en 1994, un espectáculo más blanco que, reconocen, les dio dinero porque viajó mucho, y les sigue dando (David Ottone está justo ahora preparando una versión para cruceros, lo cual es sólo un pequeño gran ejemplo de la larga vida que tienen los montajes de Yllana). Ya con ¡Muu! estuvieron en el Festival de Edimburgo, al que han vuelto en varias ocasiones más, y están muy orgullosos de su paso por Broadway con 666 (guardan la crítica del New York Times como oro en paño) y Pagagnini, que llegaron a coincidir al mismo tiempo en dos teatros neoyorkinos, un hito en la historia del teatro español. Como también lo es que hayan reído con Yllana en Japón, en Mozambique y en toda Europa.

Independencia por encima de todo
Lo que ganaban fuera, lo reinvertían siempre en seguir creciendo, con la independencia por bandera. Desde que empezaron a gestionar el teatro Alfil en 1996 (lo compraron diez años después), han impulsado y apoyado también la carrera de otros artistas y compañías como Sexpeare o Leo Bassi. “La independencia”, dice Juan Ramos, “nos permitió, por ejemplo, poder dar un paso al frente y programar en el Alfil un espectáculo tan controvertido como Me cago en dios y estar al lado de Leo (Bassi) cuando nos pusieron la bomba los de la ultraderecha. Podemos decir orgullosos que siempre hemos funcionado al margen de las instituciones, que luchamos por nuestra independencia día a día, que intentamos enseñar lo que sabemos, como artistas y como empresa y que hemos conseguido vivir de nuestras ideas y de nuestro trabajo.” Y ahí están, 20 años después. 666 se estrenó en 1996 y sigue en cartel cada martes, 14 años después, con el teatro lleno. Han producido 17 espectáculos y los ha visto más de un millón de personas en todo el mundo. Se enrolan con otros artistas como Ara Malikian o la compañía Imprebís. Dirigen grandes producciones como Avenue Q o Glorius. Promovieron un festival de teatro de humor y una escuela de gags. Y ahora acaban de abrir un local en la misma calle Pez, el 666 Coctail Bar, para seguir dando oportunidades a nuevos cómicos. ¡Y todo para hacernos reír! Buena gente estos Yllana.

P R O D U C C I O N E S P R O P I A S
El humor absurdo, irreverente y gamberro está en el adn de Yllana desde que, en 1991, estrenaron ¡Muu!, una parodia sobre la tauromaquia que se reía con actitudes tan férreamente unidas a la fiesta nacional como el machismo, la valentía o la fanfarronería. Para celebrar el vigésimo cumpleaños, han decidido recuperarla, pero hay un cambio sustancial: ahora también se meten en la piel del toro, los actores salen al ruedo y se enfrentan a su tragedia. Pero volvamos al pasado. Glub glub fue el segundo montaje, en 1994, una historia de marineros en alta mar sin tanta irreverencia, pensando en públicos más amplios. De hecho, es uno de los montajes de la compañía que más ha viajado. Fidel Fernández recuerda especialmente cuando lo llevaron a Maputo, en Mozambique, porque recuerda como al final de la función, en la batalla de calcetines, ellos tiraron los calcetines al público, lleno de niños, pero ninguno les fue devuelto. Reconocen también que es quizás el montaje que más les acerca a Tricicle. Durante años tuvieron que aguantar la comparación con los catalanes, concretamente hasta 666. Estrenada en 1996, es sin duda el montaje que más alegrías les ha dado. No en vano, sigue en cartel cada martes en el Alfil. “Ahí rompimos totalmente, nadie se esperaba algo así”, rememora Fidel. “Queríamos ver hasta qué punto la gente es capaz de reírse de ciertas cosas”, señala Juan Ramos. “Y con 666”, dice, con orgullo, O’Curneen, “hemos conseguido estrenar en el Off Broadway y mantenernos más de tres meses allí”. Dejando a un lado las coproducciones y los espectáculos familiares, el siguiente montaje puramente Yllana volvía a sorprender, porque era una obra de texto, una cumbre del teatro del absurdo, La cantante calva, de Eugène Ionesco. Luego vino la parodia de la ciencia ficción y las películas del espacio, Star Trip. Y, finalmente, recuperando la irreverencia y el sentido crítico de 666, hace dos años estrenaron Brokers, que al menos nos permite el gustazo de reírnos de los sinvergüenzas que han dejado el mundo así, con esta crisis económica y financiera sin precedentes.

C O P R O D U C C I O N E S   Y   D I S T R I B U C I O N
Una de las características más positivas de Yllana está en haber sabido asociarse con otros creadores para llevar a la práctica aquello de que la unión hace la fuerza. Bien apadrinando, como sucediera en el caso de la compañía Sexpeare, que se estrenó en el Alfil en 1999 con Hipo; bien coproduciendo, donde el caso más notorio es la entente cordiale que mantienen desde hace años con los valencianos L’Om-Imprebis. El gran éxito de esta compañía pionera y experta en la improvisación teatral se debe en gran parte a sus temporadas en el teatro Alfil (la última finalizada hace nada), pero también a los montajes que han fraguado juntos: Los mejores sketches de Monty Python, por un lado, y MusiCall, un nuevo formato en el que el musical y la improvisación se daban la mano. En el terreno musical han producido junto a Ara Malikian Pagagnini y junto a Bulbul Sensormen, aunque el primer espectáculo de estas características fue Rock & Clown, estrenado en 2000. Además de todo eso, colaboran en la distribución de obras de Elliot o Leo Bassi.

F A M I L I A R E S
Desde el principio, Yllana ha pensado en todos los públicos, en los espectadores jóvenes (la edad da igual), gamberros, con ganas de reírse hasta de su sombra, pero también en los más pequeños de la casa, creando para ellos montajes imaginativos, diferentes, lejanos del típico y tópico Pulgarcito o la ñoñería de Disney. Aunque, algunos trucos made in Disney han incorporado, como colar músicas que enganchan emotivamente a los padres, mientras los niños disfrutan de los animales en Zoo, de las pruebas deportivas más disparatadas en Olimplaff o de los misterios terroríficamente divertidos de Buuu! “Yllana siempre hace infantiles para adultos”, dice Juan Ramos, “intentamos entretener a los padres, sin olvidar a los pequeños. Estamos siempre rozando el límite de lo que un padre puede aceptar para su hijo, se nos da bien el filo de la navaja. El padre muerto de risa, que no sabe si taparle los ojos al crío o no: ¿dónde está el límite?”.

Sensormen Teatros del Canal. Del 4 al 24 de abril

Lo último de Yllana se llama Sensormen. Se trata de uno de esos espectáculos en los que se asocian a otro artista para crear algo nuevo y sorprendente. Lo han hecho con Ara Malikian y con la música clásica en Pagagnini. Ahora el compañero creativo es Bulbul y la excusa la música electrónica. Bulbul fue miembro fundador de grupos como The Refrescos, Def con Dos y Los Petersellers, aunque en los últimos diez años se ha revelado como productor y creador de espectáculos que mezclan tecnología y música electrónica, siendo uno de los pioneros a nivel mundial en lo que a tocar house en vivo se refiere. “Nos pareció buena idea”, cuenta Juan Ramos, director del montaje junto a David Ottone, “enseñarle a la gente cómo se compone y cómo se interpreta este tipo de música”. “Todo está basado en una tecnología de sensores que puedes programar para registrar los sonidos que emite cualquier objeto”, explica Joseph O’Curneen. “Con ese pretexto se componen números cómicos con juegos de láser. Son números muy visuales.” Sensormen es uno de los estrenos de Yllana para el año de su vigésimo aniversario. No será el único. Han revisado su primer montaje, ¡Muu!, en torno al mundo taurino, que, junto a un nuevo espectáculo de variedades que están cocinando, se verá durante la temporada que viene.

Álvaro Vicente

Subido el 06 abril 2011 por Godot

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