Willy Decker, uno de los más conocidos directores escénicos de ópera, dirige esta nueva producción en el Teatro Real, procedente de la Ópera de Fráncfort.
De las treinta óperas de Massenet quedan hoy en repertorio Manon y Werther, estrenada esta última en la Hofoper de Viena el 15 de febrero de 1892 con éxito extraordinario. Tiene en efecto páginas de estupenda ambientación lírico-dramática y de sólida construcción musical con una instrumentación refinada. La crítica la exaltó como la mejor ópera de su autor por las partes armónicas y melódicas que describen perfectamente los caracteres de los protagonistas. Es pues un orquestador delicado y refinado y un maravilloso melodista, como muestran en especial los preludios. El libreto de Edouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann supera la dificultad de crear los diálogos basándose en la novela epistolar Die Leiden des jungen Werthers (1774) de Goethe. Willy Decker, uno de los más conocidos directores escénicos de ópera, dirige esta nueva producción en el Teatro Real, procedente de la Ópera de Fráncfort. Esta vez escoge una escenografía demasiado minimalista en el primer acto. El espacio, formado por planos inclinados, diagonales, está dividido por una pared corredera, en dos partes: una interior con algunas sillas y una exterior, totalmente vacía, y que por medio de la luminotecnia sugiere el paso del verano al invierno, destacando al final una romántica escena bajo una nevada. Preside el espacio doméstico el retrato de la madre, símbolo de la autoridad y causa primaria de la tragedia. En efecto es la promesa de casarse con Albert, hecha a su madre en el lecho de muerte, lo que separa a Carlota de Werther. En la segunda parte el escenario se enriquece de pequeños detalles muy sugerentes; valga como único ejemplo la larguísima mesa sin comensales en cuyos extremos se sientan los esposos, claro signo de distancia e incomunicación entre ellos. En ocasiones aparecen unas formas volumétricas que esbozan la iglesia y casas del pueblo, todo en un tono azul grisáceo como el vestuario de la protagonista y de los figurantes, que forman a veces una sugestiva coreografía. Solo Werther se presenta en el primer acto con un capote amarillo que casi se confunde con el color desértico del terreno en el exterior. El director transforma a Johann y Schmidt, los amigos del padre de Carlota, en funéreas marionetas que a menudo mueven la pared corredera y a veces presagian el desarrollo de la acción.
El maestro Emmanuel Villaume dirigió apasionadamente la orquesta que logró una ejecución alternativamente dulce y poderosa. Supo subrayar los dos temas que recorren toda la ópera: uno trágico, otro sereno y el cromatismo típico de Massenet, destacando el intenso pasaje orquestal de “La noche de Navidad”. De gran eficacia también el reparto canoro. José Bros, vocalmente poderoso, nos regaló un Werther muy digno, arrancando los aplausos del público en el tercer acto con la famosa romanza «Pourquoi me réveiller…». Sophie Koch bordó el personaje de Carlota con romántica gracia, debatiéndose entre el deber de mantener la promesa hecha a su madre y el deseo de entregarse al amor. Sus emociones brotan vivas leyendo y releyendo las cartas de Werther. Su cálida y modulada voz de mezzo sobresalió en el tercer acto en «Va, laisse couler mes larmes…». Graciosa y coqueta la soprano, Auxiliadora Toledano resolvió con holgura su papel como Sophie. Correcto el resto del reparto donde destacó el barítono Ángel Ódena. En conjunto una redonda función que llevó a un final muy intenso y muy aplaudido.
Magda Ruggeri
Subido el 31 marzo 2011 por AVP
You must be logged in to post a comment.
Síguenos
Pincha en cada uno para verlo...