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4ª Temporada de ‘Nada que perder’ en Cuarta Pared

 

Después de su gira nacional e internacional, Nada que perder estrena su cuarta temporada. Con 130 funciones y más de 15.000 espectadores que ya la han disfrutado el montaje vuelve a Cuarta Pared, la sala en la que se gestó, habiendo obtenido en fechas recientes dos nuevos galardones:

 

-Mención Especial del Público en el Festival Don Quijote. Noviembre 2017 (París).

-Segundo Premio a Mejor Espectáculo y Premio a Mejor Actriz para Marina Herranz en el XX Certamen Nacional Garnacha de Haro, La Rioja. Diciembre 2017.

 

 

Teatro de serie negra

Nada que perder es un espectáculo de serie negra. Un asesinato es el punto de partida de esta obra que se estructura en ocho interrogatorios sucesivos. Interrogatorios no sólo entre policías y sospechosos, sino también entre abogados y empresarios, psiquiatras y pacientes, jefes y empleados, padres e hijos… A través de los interrogatorios iremos descubriendo que el pasado siempre vuelve y que es peligroso llevar a alguien hasta un extremo en que ya no tiene nada que perder.

 

Pero en esta obra, como en todas las buenas historias de serie negra, no se habla sólo de un asesinato  sino  también de códigos de conducta y valores,  o mejor dicho de su ausencia, porque, en definitiva, nos estamos introduciendo en las corrientes subterráneas y en las cloacas de una sociedad en crisis, una crisis que no es sólo económica.

 

 

En palabras del director, Javier Yagüe

Nada que perder se  preparó durante año y medio  pero se gestó durante mucho más tiempo. Es fruto de una reflexión que arranca en el 2008 sobre qué teatro debíamos hacer en una situación tan nueva y cambiante, cuando todas las coordenadas que nos servían de referencia empezaban a tambalearse.

El proyecto empezó a escribirse y durante mucho tiempo hubo un proceso de cocción a fuego lento. Un proceso que intentaba ir descartando lo efímero, lo anecdótico, lo superfluo para llegar a lo trascendente. Aquello que permanece, que nos remite a la esencia de lo humano: conductas, deseos, pulsiones… presentes en el teatro que admiramos.

Decantación, destilación, filtración. Son palabras que definen una labor que intenta recoger  unas gotas de elixir con un alto grado de concentración y densidad. Todos nuestros procesos son así, una muestra de respeto y generosidad. El respeto y la generosidad que merecen  el dinero y el tiempo que luego un espectador dedicará a nuestro trabajo.
Nada que perder es difícil de definir con una etiqueta. Es un thriller que habla de conflictos generacionales, corrupción, poder, valores emergentes y valores decadentes, de silencios cómplices, de solidaridad, de lo nuevo y lo viejo y, sobre todo, habla de los represaliados, de aquellos que alguna vez osaron levantar la voz y luego han sido olvidados y apartados. Incómodos y molestos para todos…”

 

 

Un retrato de la sociedad contemporánea

Los hermanos Quique y Yeray Bazo, Juanma Romero y Javier G. Yagüe afrontan en esta obra el reto de escribir ocho obras en una. Componen un puzle con ocho escenas y un epílogo en donde no hay personajes que repitan. Esto permite, como si de un gran fresco se tratase, recorrer de arriba a abajo diferentes capas de la sociedad: desde los poderosos a los  oprimidos, desde los influyentes a los represaliados. Cada escena  introduce la siguiente y es el espectador, como ocurre en las mejores  novelas de intriga, quien ha de componer la trama y anticiparse a la resolución con sus hipótesis. Pero pensar que  esta obra se define con la palabra thriller es quedarse corto. “Esta obra es una obra  llena de preguntas,  preguntas lanzadas como un golpe seco en la nuca, preguntas que nos han visitado en mitad de la noche, como un cuchillo inesperado”, dicen los autores. Preguntas que vinculan esta obra con la filosofía, con el afán de saber, de encontrar respuestas.

 

Nada que perder es una obra para los que aún se preguntan cosas. Para los que no han tirado la toalla, para los que no miran para otro lado, para los que no cierran los ojos, para los que insisten en preguntar y repreguntar, para los que quieren saber.

 

 

Ocho obras en una

Escena 1. Un hombre busca  a su hijo. ¿De quién es la culpa de que vaya a dormir en un calabozo por haber provocado un incendio durante la huelga de basuras?

Escena2. Un policía investiga qué es lo que ha destruido el incendio. ¿Es una casualidad que en ese despacho estuviesen archivados un buen número de contratos municipales?

Escena 3. Alguien va a retirar una denuncia. ¿Quién o quiénes son los interesados en que eso ocurra?

Escena 4. Un abogado prepara la defensa de una empresaria. ¿Será capaz de domar a este testigo impredecible?

Así hasta llegar a ocho. Así hasta llegar a un cuerpo despedazado. Como en las novelas de intriga, no podemos desvelar quién es el asesino. Como en las novelas de intriga, no es quién pensábamos.

 

 

Explorando los límites de la teatralidad

Al igual que ha hecho en su trayectoria anterior la Compañía Cuarta Pared sigue explorando los límites del teatro y la esencia de la teatralidad. Parte de códigos muy definidos y géneros acotados  para explorarlos, atravesarlos y subvertirlos. Integra lo que parece imposible de amalgamar. ¿Es posible hacer un teatro de ideas a partir del thriller?  La  Compañía Cuarta Pared demuestra que sí. Al igual que en Las Manos y la Trilogía de la juventud exploró los límites del teatro épico incorporando la vivencia y la emoción; al igual que en Rebeldías posibles y  la Trilogía inesperada descubrió como integrar las fábulas y el teatro social  de agitación; ahora demuestra que es posible integrar serie negra y mayéutica, esa técnica de conocimiento a través del cuestionario que utiliza la filosofía.

 

 

NADA QUE PERDER

Sala Cuarta Pared.

Del 11 al 27 de enero.

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